viernes, 4 de noviembre de 2011

Los milagros verdaderos

Hace poco, al abrir el periódico o ver los telediarios, podíamos ver una noticia que por lo menos a mí consiguió arrancarme una sensación agradable e incluso de alegría. Y eso en estos tiempos donde todo está patas arriba, con países que se hunden, mercados que se derrumban, familias desahuciadas, niños secuestrados o asesinados, imbéciles que ríen de la justicia, maltratos de todo tipo y un sinfín de calamidades, ocurre sólo en excepcionales ocasiones. Se trataba del éxito de una operación intrauterina a un feto que padecía de "espina bífida" en un hospital de Barcelona. Esta malformación ocasiona a los pacientes un sinfín de síntomas que hacen de la vida un auténtico sufrimiento (algunos no pueden ni caminar, carecen de control de esfínteres, etc).

Por esto, porque a estos pequeños que puedan nacer con esta terrible tara se les abre una puerta a la esperanza, uno se siente agradecido a los progresos que constantemente se hacen en la ciencia y la medicina -pese a las reticencias de las nauseabundas voces ultraconservadoras- para facilitarnos las cosas a los que podamos tener la mala fortuna de padecer según qué mal con el que esta vida tan bromista nos esté aguardando.
Pero es curioso -y descorazonador- el poco reconocimiento que tienen esas personas que hacen lo imposible por sanar nuestros frágiles cuerpos. Apenas se ven agradecimientos a esos médicos, científicos e investigadores que gracias a su enorme talento son capaces de devolver la vida o hacer de ésta algo un poco más digno. Pocas veces se enaltece el trabajo -vale, a muchos se les dan premios, pero no sirven para nada- por ejemplo de un cirujano y su equipo que durante 3 ó 4 horas han tenido la vida de un ser humano en sus manos, con la terrible presión de saber que una persona puede morir si tiene el más mínimo desliz. Una vida, con todo lo que ello implica y pocas veces pensamos lo importante que es eso cuando no se trata de la nuestra. Y los médicos son capaces de devolverla si la medicina actual se lo permite. Y no, no están lo suficientemente reconocidos. Vamos al hospital, nos operan o nos curan una grave enfermedad y nos vamos a casa muy alegres por poder seguir viviendo tan tranquilos, sin pararnos a pensar en el milagro que cierto profesional ha obrado en nosotros (pero esto es lo normal, el ser humano es desagradecido por naturaleza). Un tipo que no hemos visto en nuestra vida, que nunca hemos intercambiado una palabra con él (o ella) y que quizás nunca nos lo hubiéramos cruzado, nos evita la muerte o nos permite una existencia más agradable. Esto, de verdad, es impagable. Un auténtico milagro que es imposible de agradecer en su justa medida.

Y lo que de verdad me indigna de este tema, son las complicaciones y obstáculos que han de superar estos profesionales para poder dar con la cura a una determinada enfermedad o poder ejercer su trabajo, que al fin y al cabo, tiene como fin último algo tan capital como salvar una vida. Y en cambio hay otros colectivos cuyo único mérito es, por ejemplo, jugar con una pelota o conducir un coche más rápido que los demás, y sólo por esto son multimillonarios, enaltecidos, endiosados por unas masas enfervorecidas como si de deidades se tratara. ¿No es para pensar un poco en el porqué de esto? Carece de toda lógica humana el hecho de que unos individuos que sólo hacen deporte-espectáculo ganen millones de euros y los que trabajan para mejorar nuestra existencia tengan sueldos, por decirlo así, normalitos -no digo que vivan en la indigencia, pero sus retribuciones no son ni por asomo proporcionales al servicio que prestan-.

Porque, ¿qué hace un futbolista? Sí, entretiene e incluso hace feliz a mucha gente, vale, pero no es mérito ese, tan simple, tan pueril, como para tener un bolsillo hasta los topes de dinero fácil. Y vale, también es un negocio enorme el que se sustenta gracias a esos peloteros, con miles de euros en publicidad, fichajes, imagen y otras tonterías que a las personas "terrenales" no nos importa lo más mínimo. ¿De verdad a nadie le cabrea todo esto? A mí sí. Y mucho. No me vale escuchar o leer, como leía hace poco a un eminente escritor de este país, que Ronaldo o Messi tienen un enorme mercado detrás. No, porque lo que hacen, su mérito, no es para ser tener unos sueldos con los que se puede sacar de la pobreza a medio país (es un decir).

La medicina, la ciencia, la investigación son dedicaciones muy sacrificadas, esclavizan mucho más de lo que la gente piensa, y estos obradores de verdaderos milagros, en muchas ocasiones se ven con trabas en su empeño, en forma de recortes, falta de subvenciones, de fondos, y más en un país tan asquerosamente atrasado como es España. Y los otros, los del balón y el coche acomodados con sus publicistas y patrocinadores pegados a su culo pagándoles millones por lucir careto y cuerpo en sus anuncios.
¿No es para indignarse?

Votos de pacotilla


Se acercan las elecciones. Ahora toca escuchar a los maleantes políticos de ahora y del futuro exponer sus estériles propuestas para intentar reflotar un país que casi no tiene arreglo (y no sólo económicamente, si fuera sólo eso el problema sería mucho menor). El problema viene de muy atrás, de hace años (¿siglos?), España dejó de lado el camino de la sensatez y el progreso y ahora cuatro imbéciles de corbata y verborrea fácil no nos van a sacar del vertedero, eso debería saberlo todo el mundo.

Pero ahora hay que votar. Ese gesto básico de la democracia que en el fondo es una patomima -no por culpa del que vota, sino porque uno vota unas propuestas que luego no se cumplen nunca- pero que es preferible a lo que tendríamos si este simple acto nos estuviese vedado. Sí, votar es un gran gesto pero sirve de poco. Hace un tiempo, escuché en la tele a un chaval muy cabal y aparentemente inteligente que decía que había un precepto anarquista que rezaba algo así como que "si votar sirviera de algo, no nos dejarían". Creo que es una verdad como un castillo. Los políticos, votemos lo que votemos, van a ostentar sus puestos de privilegios, unos un poco más arriba o unos un poco menos, pero todos ahí, en la cúspide del poder y viviendo de sus privilegios casi ilimitados.

Pero dejemos de lado si la papeleta sirve o no sirve para algo. Centrémonos en el hecho en sí. En el porqué del voto. Me llama poderosamente la atención el motivo de muchísima gente para votar a tal o cual partido. Porque existe gente, aunque parezca una broma, que desde sus más tiernos dieciocho añitos vota única y exclusivamente al partido que papá y mamá le dijeron, a ese que nunca dejará de votar toda la familia por muy lamentable que sea el partido beneficiado. Y vale, un chaval en las puertas de la edad adulta, probablemente poco avezado en cómo le va a un país y con escasos ideales políticos, puede que su primera vez vote al partido que ha mamado, y la segunda hasta es admisible. Pero cuando su vagaje en la vida ya es más amplio, y sigue introduciendo el papelito en la urna con las instrucciones de papi y mami, ya es más preocupante. Si vota con convicciones reales es totalmente lícito e irreprochable, pero cuando lo hace mecánicamente, sin pararse a pensar lo que vota, es un acto de irresponsabilidad absoluta.

Otro aspecto lamentable en las elecciones es el voto por obstinación. Esto es, votar a "tu" partido. Y si "tu" partido de toda la vida es una mierda, da igual, se sigue votando hasta el fin de los días. Este voto es todavía más estúpido e irresponsable que el voto heredado que explicaba antes. Imaginemos, por un momento, que el denostado Zapatero vuelve a presentarse a las elecciones. Pues puedo afirmar a ciencia cierta que los acólitos del PSOE, los más acérrimos y descerebrados, volverían a votar a tan magno inútil. En el otro lado ocurre igual, esa figura atroz y maquiavélica que es Aznar (Ánsar para los amigos) tiene toda una legión de fieles que dan los vientos por su retorno.
Los que volverían a votar a estos dos lamentos con resección encefálica, argüirían que votan a tal o cual porque son de izquierdas o de derechas. No, mire usted, usted es imbécil. Porque si el líder del partido al que votas es un despojo político -que suele ir asociado con ser igualmente un despojo de persona-, tú no eres ni de izquierdas ni de derechas, eres o sociata o pepero.

Lo que va a ocurrir en las próximas elecciones va a ser un ejemplo claro de lo que digo. Rajoy va a obtener mayoría absoluta siendo un patán, un fraile político cuyo programa es nulo. Ojo, no digo esto porque Rajoy sea de derechas (ejem, quería decir de centro), eso me trae sin cuidado. Si una persona de derechas, con conciencia de lo que vota, no es consciente de la inagotable incapacidad de este hombre, es que no tiene una capacidad analítica mínima. Pero el problema de Rajoy no es solo él en sí mismo -dejando a un lado su contrastada inutilidad-, a mí me cae bien y lo veo un tío moderado y alejado de extremismos, sino los que lo rodean, que son gente radical, visceral y abyecta; no hay más que escuchar las barbaridades que escupe el señor Pons, a la señora Mato (sí, esa pija -pijísima- que dice que los niños andaluces son analfabetos) o a ese robot que es Cospedal. Una colección de monstruos muy completa. Es lo que vamos a tener. Es más, el único que se ha manifestado abiertamente alegrándose del fin de la actividad armada de ETA ha sido Rajoy, desmarcándose de las miradas hacia otro lado de sus "subordinados".
Pero igual digo del candidato socialista, ojo. Rubalcaba viene de hacer una política nefasta junto a ZP, y pese a parecer un tipo inteligente e íntegro, si no consiguió enderezar la situación cuando estaba en las altas esferas socialistas ahora no va a ser cuando lo consiga. A su antecesor, el de la ceja, le pasaba algo parecido a lo que le va a pasar a Rajoy, estaba rodeado de gente incapaz. Y si en el caso del partido de la gaviota los satélites son totalmente abstrusos, los de Zapatero eran analfabetos integrales, como José Blanco, un individuo cuyo semblante de bobo es reflejo de su limitadísima competencia, o Leire Pajín, a todas luces una persona que no debería ostentar un cargo tan importante como el de ministra. De los de Rubalcaba, como se sabe nada ni se sabrá, no opino.

Esto es lo que hay. Muchos votarán al partido de sus papás, otros al de su "bando ideológico" aunque su líder sea un bacín, y unos pocos lo harán con cabeza, atendiendo a su convicción política pero también a la razón. Porque, aunque un voto sirva de poco, es un derecho por el que aún hoy se lucha y se muere en muchos países. Así pues, votemos con conciencia.

viernes, 28 de octubre de 2011

Vida de lidia

Hay vidas desgraciadas. Siempre las ha habido y siempre las habrá. Y no precisamente debido a la criminal crisis que sufrimos, que también. Vidas cuya existencia no valen un ardite. Y normalmente estas existencias errantes pertenecen a personas nobles, de gran espíritu y de sentimientos altivos. Jamás comprenderé el porqué, pero es así.
Y al ver cómo hay gente cuya vida va dando tumbos, sin conseguir ni siquiera una migaja de fortuna por muchos años que pasen y esfuerzos -a veces sobrehumanos- que hagan, sin obtener de su tránsito vital poco más que miserias y ruindad, no puedo evitar pensar en la comparación, quizás un poco exagerada o rebuscada, lo sé, con lo que le ocurre a un toro en la plaza donde va a morir.
Porque nada más salir al ruedo, ya lleva el condenado una divisa clavada, para ir abriendo boca. Los primeros compases de la faena -de la vida- son unos capotazos para mermar la vitalidad que exulta. Poco a poco su fuerza se va apagando, pero aún tiene arrestos para proferir embites Y así, para reducir la energía que pueda tener para seguir embistiendo -viviendo-, es picado con una lanza de gruesa punta, no una, ni dos, ni tres veces, sino en repetidas ocasiones. El animal ya empieza a sangrar, a verter su fluido vital a borbotones. Se continúa con unos muletazos reduciendo aún más las capacidades del noble animal. Uno por aquí, otro por allí, todo un espectáculo.
Le siguen las banderillas. Auténticos arpones, incrustados a pares en el ser del astado. Sus heridas ya son lacerantes, y a cada movimiento, se van abriendo más y más, al seguir clavadas en su espalda hasta 6 puyas. Un movimiento, otro y otro, y la sangre escapando sin remisión. La llama, al principio tan ardiente, se consume poco a poco. Por último, una estocada, limpia, certera, directa. El toro cae, aterida su alma, destrozado su cuerpo, sin saber porqué.
Y cuando ya ha caído, cuando ya es imposible recuperar su imponente fuerza primigenia, cuando ha sido humillado, cuando ha mordido el polvo, con el corazón cercenado por el acero, llega, irremediablemene, la puntilla.
Sí, siempre hay una puntilla. Cuando no crees que la situación puede ser peor, cuando en la oscuridad no caben más sombras, cuando no tienes más sangre que ofrecer, la puntilla penetra en tu ser hasta conseguir arrancarte el último estertor, hasta que no puedas levantarte por más asideros que te presten.
Sí, todo puede ir a peor. Siempre.

martes, 18 de octubre de 2011

Tontos a domicilio

Vecinos, esos seres que cuanto más lejos los tengamos mucho mejor. La mayoría son molestos, chismosos y maleducados. Sujetos con los que estamos obligados a cruzarnos casi a diario e incluso compartir espacios tan recucidos como un ascensor y tener que recurrir a comentar el tiempo para que el silencio del trayecto no se haga más incómodo. No nos gusta cruzarnos con el vecino, eso es innegable. Y si son vecinos de los de toda la vida, esto es, de los cotillas y fisgones, pues peor que peor.

Las
marujas -aunque no sean el objeto de esta entrada, como luego veremos- son el ejemplo más clásico de vecinos inmundos. Estas criaturas, de lengua bífida y finísimo aparato auditivo, viven por y para saber de las mierdas de sus vecinos, y si es necesario pegar la oreja a la pared, la pegan. Estas destripavidas, con su infecta condición, se reúnen luego en sus corrillos de radio macuto para pasarse de unas otras las novedades más morbosas de las que se han echo eco a través de las paredes o de los patios de forma sibilina y rastrera. Son las pústulas del vecindario, cuya vida es tan anodina y falta de interés que tienen que buscar sustento en las cotidianidades de sus alrededores. Y si algún día no tienen la boca infestada de excrementos, se los inventan y salen del paso en el mencionado corrillo de liendres que conforman.

Pero como de estos esperpentos no hay que preocuparse -cuando sí hay que preocuparse es cuando nos critica alguien más inteligente que nosotros, y por supuesto no es el caso- vamos con los que de verdad te pueden joder la existencia. Porque si vives en una ciudad universitaria, probablemete sepas que estoy hablando de los estudiantes. Esos jóvenes que se suponen están haciendo una carrera y que si tienes la suerte en contra te van a joder noche tras noches sin importarles lo más mínimo tus intentos infructuosos de descanso.
El caso es que como estos chiquillos son cada vez más estúpidos, ya no hay año en el que tengas la cantinela pegada a tu cama religiosamente a la hora de dormir.

Sí, la inmensa mayoría de estos futuros médicos, abogados, arquitectos -o parados, que es lo más probable- no tienen una educación ni respeto mínimos. Con sus botellones, charlas, por supuesto a voces, músicas, golpes e incluso peleas a altas horas de la noche hacen que uno esté en su cama con cara de tonto y acordándose de la putísima madre que los parió por haberlos echado al mundo. Y guárdate de llamarles la atención o avisar a la policía... ¿A quién se le ocurre poner música -o lo que mierda sea eso- a la una o dos de madrugada, sin pensar en el por culo que puede darle a la gente vive a su alrededor?


Siendo este el cuarto año consecutivo -repito, cuarto año consecutivo- que sufro a estos maleantes disfrazados de estudiosos puedo afirmar que su falta de adaptación a vivir en sociedad es infinita. Son fiel reflejo de una sociedad que no camina en la buena dirección, porque si estos payasos descafeinados son el futuro de un país, apañados vamos. Si con 20 ó 25 años no saben lo que es el respeto, la educación y el saber estar, no lo van a saber nunca. Si con más de 20 años eres un desecho de persona ya lo vas a ser toda tu vida. Y desgraciadamente es lo que hay. Porque el ejemplo que ponía de mis 4 años viviendo rodeado de escoria en descomposición, no han sido con los mismos fulanos -y fulanas-. Cada año académico han ido cambiando y la cosa ha seguido igual. ¿Ni uno normal, que se diga que a partir de ciertas horas es mejor bajar el volumen de la voz, de escuchar música -repugnante- en sus cascos y dejar los botelloncitos para los rediles habilitados al efecto?


Porque los mastuerzos estos al fin y al cabo lo que perpetran es una invasión de tu intimidad. A uno no le apetece estar en su casa, estudiando, leyendo o haciendo lo que le salga de las narices y estar escuchando mamarrachadas de los tontos de turno. Ni mamarrachadas, ni música de una calidad ínfima, ni cómo hechan el polvo del día.
Y pensar que estos escombros poseerán un título universitario es, de verdad, para echarse a llorar...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Patanes del lenguaje, maestros de la mentira

Mentiría si dijera que me sorprendí al ver la noticia. Hace ya unas semanas de aquello, pero no me resisto a hablar sobre ello, porque la cosa tiene guasa. El titular de prensa rezaba así: "Esperanza Aguirre envía una carta a 21.000 profesores con faltas de ortografía". Recordemos que esta mujer, muy amiga de "lo privado", es presidenta de la Comunidad Autónoma más importante de España, y una de las cabezas visibles de uno de los dos partidos mayoritarios del país, y que próximamente regentará la Presidencia del Gobierno.
Viendo la misiva, se puede observar cómo esta poetisa prescinde la tilde en adverbios como "más", o en otros casos como "está" cuando actúa como verbo. Lamentable que una política, que es un alto cargo, una presidenta, cometa fallos tan garrafales como estos. Incluso pone mayúsculas a palabras que no deben llevarlas, en un alarde de ignorancia gramatical indigno de alguien al frente de una ciudadanía que ha puesto su confianza en ella -no sé en qué se basarían, la verdad-.

Cabe recordar que esta señora, al ser preguntada por Saramago, contestó que no conocía a ninguna Sara Mago, poniendo de manifiesto sus "enormes" conocimientos culturales y literarios. Pero desafortunadamente, esta política de bajo calado y alta alcurnia, no es la única cuyos conocimientos básicos son escasos.

La mayoría de los dirigentes y mandamases que están al frente de nuestro país -y esto habla muy mal de los que votamos- son poco menos que escolares gramaticales (y digo la mayoría, no se me vayan a enfadar los fans de la señora Aguirre, que son muchos, muchísimos). Tan sólo con fijarse un poco en sus discursos, podemos advertir lo vacíos que están de vocabulario, de manejo del lenguaje y de capacidades lingüísticas. Claro, la mayoría de las personas a veces cometemos faltas, eso es casi inevitable, pero a los políticos estos fallos no se les puede perdonar. Es como si un dentista no supiera esterilizar o un carnicero afilar un cuchillo. No, no dan ejemplo de civismo cultural cuando salen a escena.


Pero es normal, hoy día, cualquiera con un poco de ambición, ansia de poder y claro, falta de escrúpulos puede ser político a nivel nacional -y europeo- (los que verdaderamente valen la pena nunca llegan a nada, y así nos va). La política es un buen negocio para vivir, y vivir bien. Teniendo unos conocimientos básicos de legislación y un poco de derecho, lo mínimo, podemos ascender -trepar- plácidamente hasta un puesto donde podamos vivir a cuerpo de rey diciendo tan sólo mentiras y ambigüedades. Adornando nuestras peroratas con cuatro palabros de corte jurídico que el pueblo llano no entienda, ya tenemos parte del camino listo. El que pueda, que lo haga, y el que sea honrado, que se despida del chollo.

Como hemos visto, no necesitas ni cultura.
Da igual no saber escribir, ni hablar -recordemos: las "miembras" de Bibiana Aído-, ni siquiera tener educación -recordemos: el dedo de Aznar a los universitarios-, sólo reuniendo los requisitos, muy básicos, y siendo idiota, mentiroso, calculador, ambicioso e incluso teniendo mala imagen (¿hay algún político que no de pena verlo?), tienes el futuro solucionado en un puesto de privilegio donde lo único exigible es saber mentir hasta cuando duermes y ser un inoperante absoluto. Y no hace falta más, ni siquiera saber acentuar "más".

martes, 20 de septiembre de 2011

'La voz dormida', evocando el olvido


Puede que los lectores asiduos, todos o casi todos, le tengamos un cariño especial a ciertos libros. No es que nos hayan gustado mucho más que otros, o que consideremos que su prosa es excepcional, o que su historia sea compleja hasta decir basta. Me refiero a esos libros, que de repente aparecen en nuestras vidas, que no esperábamos de ellos más que un agradable y enriquecedor entretenimiento, y se convierten en un recuerdo indeleble de nuestra memoria, de nuestro yo lector, y por ende, de nuestra vida. El libro que ahora traigo a colación, merece estar entre ese grupo de elegidos, por muchos motivos, pero no adelantemos acontecimientos.

Este no
es un libro al uso. Es un trozo de memoria, un pedazo de sufrimiento de un pueblo que nunca debió vivir un drama como aquel. Una tierra desangrada por una guerra sin sentido, que años después seguía bajo el yugo de los opresores. Y esta obra habla de precisamente sobre eso, sobre unos años atroces condenados a permanecer en carne viva hasta que la memoria decida extirparlos, que los odios y rencores sean enterrados bajo la comprensión de por qué pasó aquello, me refiero, a la Guerra Civil Española. Esto es 'La voz dormida', un manifiesto para no olvidar los sufrimientos y despojar los odios.


Dulce Chacón -muerta prematuramente por un cáncer fulminante de páncreas- traza en sus páginas un relato ameno, simplista, estructurado en cortos capítulos, con un lenguaje sencillo pero sin concesiones. Las vidas de una mujeres encarceladas por el Régimen es el marco en el que la autora nos golpea con la pérdida de la libertad, con las humillaciones y torturas, con la sin razón del odio al que no piensa igual, pero también nos regala esos momentos -pocos- que el ser humano es capaz de encontrar en las situaciones más penosas, y podemos vislumbrar esperanzas, arrebatos de ternura, pequeñas alegrías e ilusiones, ardientes amores y sobre todo anhelo de libertad.
Son sus personajes y sus pensamientos -sus sentimientos- los que consiguen que 'La voz dormida' toque nuestro ser más sensible. Imposible no estar allí con ellas, vivir lo que viven, sufrir lo que sufren. La narración no se acota a los muros de la prisión, igualmente vemos a través de los ojos de los que sufren tanto como ellas, los que se quedan fuera, sus seres queridos que viven el dolor de la pérdida y el miedo. El miedo a decir una simple palabra o hacer un gesto y ser enviados a un interrogatorio, donde las torturas y humillaciones eran el medio para hacer confesar. Sí, el miedo también forma parte de la historia -de nuestra Historia-.
Y no es necesario una descripción explícita de las infames torturas. Sólo con una somera alusión, Chacón, y esto es muy difícil de conseguir, consigue sobrecogernos, atenazarnos el corazón al imaginarnos -y no leerlo- lo que le pudo pasar a "esa que ya está muerta". O el uso de garbanzos para hacer hablar, la autora lo alude de soslayo, sin detalles, y aún así, sentimos un escalofrío. No entra en el estilo de otras novelas que también relatan el horror con una crudeza extrema, como esa demoledora y atroz barbarie relatada con todo lujo de detalles de 'Las benévolas'.

He leído en muchos sitios que es un libro imprescindible. Y lo es. Es un retrato necesario de lo que se vivió en la época más vergonzosa de España, un fragmento de dolor que impregna unas páginas que van más allá de lo narrativo, que ni mucho menos pretende abrir heridas, al contrario, sus líneas son un canto a la paz, pero también al recuerdo. Se dice muchas veces aquello de "hay que olvidar", y claro que hay que olvidar, pero los rencores, los odios por ideologías ridículas, las venganzas, pero jamás debemos olvidar la voces de aquellos que gritaron por un trozo de libertad, por las muertes de sus familias, por las injusticias, voces que quizás hoy, más de sesenta años después, siguen dormidas...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Equinocio


Ya ha llegado el otoño. Y con él el fin del calor, del sol abrasador y de los molestos sudores de los que uno no puede huir. Afortunadamente la hoja ya ha empezado a caer, el sol se acuesta antes y el frescor de la mañana huele a humedad, a tierra mojada.
Es el otoño una estación especial, el cambio de color en el paisaje, el tapiz de hojarasca en el suelo, la anciana que asa castañas en la calle, las primeras lluvias...


Es la caída de la hoja el signo inequívoco de que hay un cambio, un viraje hacia lo bucólico, el verano se aleja y da paso a la estación más poética del año. El paisaje que pinta el otoño, con sus tonos ocres, amarillos, rojizos en los maravillosos bosques de hoja caduca, es una invitación a la melancolía y la evocación. Son trazos de colores atemperados por los rayos de sol que bañan la cobertura cobriza con la que se abriga la tierra.


Y sin saber por qué -misterios de la vida-, los meses de octubre y noviembre producen en mí extrañas reminiscencias del pasado, no sé de dónde vienen, ni por qué están en el fondo de mi subconsciente, pero son agradables, líricas e incluso nostálgicas. Puede que sea la conjunción de elementos cromáticos, junto a los olores del alba, sensaciones en nuestra piel o el crujir de esos trozos de naturaleza que acaban bajo nuestros pies.
No acierto a adivinar el motivo de esas sensaciones, pero son un regalo, que cada año, nos brinda la que es sin duda, la época más bella del año.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Una moneda al aire


Una moneda con dos caras. Puede que nuestro paso por el mundo se resuma en algo tan simple, y a la vez tan complejo como eso. Quizás es reducir demasiado una vida entera, pero creo que la definición es fiel a la realidad, y si no fiel, aproximada. Sobre todo para los que tenemos la convicción de que el motor del mundo -y por tanto de todos los que en él vivimos- es el azar, o lo que muchas veces nos obstinamos en llamar erróneamente "suerte". La idea más extendida que se tiene sobre este pensamiento, se apoya en algo tan fantasioso como el destino, y diríase que el 80 ó 90 por ciento de las personas creen a ciegas en que los avatares que suceden en nuestras existencias están escritas en un éter imaginario, un archivo celestial o vaya usted a saber.

Los que no creemos en brujas ni fantasías, y nos apoyamos en la lógica natural de las cosas, aceptar que nuestras dichas y desdichas, las alegrías y las desilusiones, los reveses y las caricias, están preescritas, son preestablecidas, es algo impensable. Opino, y comprendo que pocos compartirán esta opinión, que el camino existencial se rige por azar, casualidades que determinan que un día cruces la calle en mal momento, que escribas los números afortunados en la lotería o veas esa oferta de trabajo que tanto deseabas. Hasta nuestra propia existenta, tal y como somos ahora, al ser humano me refiero, es producto de esto que digo. Ya lo decía Darwin en su teoría sobre el origen de las especies, y que constituyó el golpe mortal a los pensamientos sobre un mundo prefabricado por fuerzas divinas (mortal a muy largo plazo, porque un siglo y medio después aún hay millones -millones, repito- de personas ancladas en el mundo de generación espontánea). Porque decía Darwin, un poco a grosso modo, que las especies evolucionan unas de otras, no aparecen de la nada. ¿Y cuál es el motivo de esas evoluciones, de esos cambios? Por todos es sabido que las mutaciones, alteraciones accidentales en el ADN que si son positivas prevalecen y si son negativas normalmente se eliminan. Estos cambios genéticos no atienden a otra cosa que no sea casual, y por tanto, como decía antes, determinan el mundo. No hay más.

Si nos detenemos un poco, por ejemplo, en el amor (de pareja), ¿no es éste fruto del azar? O mejor dicho, su encuentro. Si obviamos el "amor" de "este mismo porque no hay otro", y nos centramos en el de verdad, que ya sí es más escaso, ¿de qué depende su hallazgo? Pues de cruzarnos con esa persona, en ese instante y en ese lugar. ¿No es esto casual? Si hubiéramos ido a otro sitio, si no hubiésemos mirado en esa dirección, si nos hubiéramos encontrado en el camino a un amigo y cambiado de planes, ese encuentro no se hubiera producido. ¿Destino?
Incluso si atendemos a lo más importante que podemos poseer -aunque sólo seamos conscientes de ello cuando nos falta-, que es la salud, también mira a razones azarosas. Ese contagio por estar en el sitio inadecuado y con la persona infecciosa, el cáncer que es como una macabra lotería, el choque fortuito con el coche que puede dejarnos secuelas de por vida, igualmente todo esto está supeditado a la casualidad.

Evidentemente podemos influir en cierta manera en que ese azar nos favorezca, con los consabidos esfuerzos, búsquedas de fortuna, "fe" y similares, pero esto no es ni mucho menos determinante en la obtención o pérdida de nuestros anhelos y deseos, y si no preguntemos a esos desdichados, puede que con una familia detrás, que por más que hacen, buscan e incluso rezan no pueden seguir adelante, golpeados por algo que escapa a sus posibilidades de influir en ello.

Volviendo a lo que decía en la frase que abría el artículo, esa moneda que es la vida, puede ser que estemos continuamente lanzándola, y que unas veces salga cara y otras cruz, esto es lo más habitual. Pero tembién se dan casos extremos, y en absoluto parecidos. Hay a quien la eternidad le concede caras infinitas, otorgándole una vida plena, sin fisuras (salvo las establecidas por los preceptos obligatorios de la existencia, esto es, muertes, enfermedades, etc). Y hay quien continuamente ve una cruz, una cruz que se resiste a virar y por más veces que lancemos la inmutable moneda siempre se obtiene el mismo resultado. Con esto, también hay que aprender a vivir...

jueves, 28 de julio de 2011

Sobre la venganza, el olvido y el perdón


Tres vertientes que aparentemente forman parte de un mismo tríptico, contrapuestas pero a la vez entrelazadas entre sí. Una puede derivar de la otra y la otra de aquella. A veces no se distingue entre las tres, se confunden cuando en realidad son conceptos totalmente dispares, que sin duda no deben ser parte de un todo. Las diferencias son evidentes, pero en infinidad de ocasiones no somos conscientes de ello. Si tienen algo en común, se podría decir que es su origen, el tronco del que se ramifican, esto es, comparten un mismo punto de partida, pero luego divergen y terminan por tener pocas similitudes.
La evolución común del proceso podría ser el que sigue: nos hacen un daño -a nosotros o a alguien querido-, no podemos perdonar, no olvidamos e intentamos vengarnos. Simple. Y cuando digo vengarnos, no estoy diciendo que se mate a gente por venganza, como pasa en la ficción -y muchas veces en la realidad-, pero sí intentar provocar algún perjuicio a esa persona, pasar de ser víctima a verdugo.
Es comprensible, el dolor nos hace hacer -y sobre todo pensar- cosas demenciales, irracionales a veces, y hay que estar en la piel del otro para intentar comprender ese movimiento de cuasilocura.
Parece ser que la venganza es un sentimiento inherente del ser humano -otro de tantos, tan irrefrenables como primitivos-, que no tiene ningún beneficio para uno más allá de una supuesta satisfacción por el castigo impuesto al "enemigo". Pero hablar del objeto de la venganza cuando no se tiene ese deseo insaciable no tiene sentido. No podemos entender qué lleva a intentar devolver el golpe encajado si no lo hemos recibido. Pese a lo reprobable que pueda ser, o lo irracional de su objetivo, este sentimiento ha servido a un buen puñado de obras artísticas para construir historias atrayentes, hipnóticas e inolvidables. Podemos citar grandes películas como 'Kill Bill' o 'Old Boy', libros como el magistral 'El conde de Montecristo' o videojuegos como la excepcional saga 'God of War'. En todas ellas la venganza es el hilo conductor para contar una historia brutal, implacable, pero que consigue que nos fascinemos y deseemos que sus protagonistas lleven a cabo su labor -una labor a todas luces reprobable, violenta, abyecta y puede que sin lógica-. Y nos gusta, sentimos placer al ver culminada la venganza sobre aquellos que merecían un castigo. ¿Por qué nos gusta?

Ahora bien, el perdón es cosa distinta, casi antagónica. Decía el personaje encarnado por Liam Neeson en 'La lista de Schindler' (pronto haré un artículo sobre esta proeza cinematográfica), en uno de sus más recordados diálogos, que el "perdón es poder". Y así es, el poder de dejar de lado el castigo, ignorar esa venganza que crece en el interior, es un verdadero acto de poder. Y es muy poco el perdón que se deja ver hoy en el mundo. No es que sigamos el estúpido precepto ese de "poner la otra mejilla", pero deberíamos pensar en dejar pasar muchas cosas, esas cosas que retenemos -puede que inconscientemente-, y no tener en cuenta muchas ofensas, perjuicios o calumnias. Es algo inútil.

Y nos queda el olvido. Puede que este sea el más alejado de los tres, el que está menos imbricado en ese triángulo. ¿Y por qué? Sencillamente porque olvidar no depende de uno mismo. Podemos perdonar, sí, pero ¿podemos decir que vamos a olvidar? ¿cómo sabemos que nuestra memoria va a eliminar esto o lo otro? No, el olvido no es algo voluntario, no podemos manejarlo. El problema es que cuando dices que "no has olvidado", esto se toma a mal, se malentiende porque se achaca a "no olvidar" un sentimiento de rencor, incluso de venganza y ausencia de perdón. Nada más alejado de la realidad, si no perdonamos no es porque sigamos guardando rencor u odio, o esas ganas de venganza, es porque sencillamente el manejo de la memoria no es un acto voluntario, no es mandar los recuerdos a la papelera de reciclaje con sólo un click. Por ello, el "no olvidar" no se debe tomar como una declaración de resentimiento, aversión e incluso desprecio.
Sólo nos queda decir aquello de: "perdona por no olvidar".

miércoles, 6 de julio de 2011

'Mejor que el silencio', más allá de la música


"Todo lo que siento es amor por quienes me aman,
quien me reclama y aclama haciendo brillar mi llama.

Siento el drama nacer, cada mañana en mi regazo,

pero encuentro placer en la sonrisa y el abrazo"

No es la primera vez que traigo a Nach al blog, ya coloqué una fantástica canción de su anterior album, 'Un día en suburbia'. Porque fue este un grandísimo disco de rap, impregnado de un sentimiento y una rabia incomparables. Sin duda es uno de mis discos de cabecera, con esa larguísima oda final dividida en dos partes capaz de hacernos flotar sobre sus estrofas. Un disco que era absolutamente genial, y que tenía momentos casi insuperables, o eso creía yo. Afortunadamente, me equivoqué.

Porque aquí tenemos 'Mejor que el silencio', obra que no me tiembla el pulso al colocarlo entre los diez mejores discos que he escuchado en mi vida, y debo decir que musicalmente no es parca. Y creo que por más que diga en este artículo, por más que lo alabe, por más que ponga de manifiesto la belleza de los versos que pueblan cada canción, no voy a hacerle justicia. Podría decir que este albun de Nach está por encima del bien y del mal, una compilación de poesías que trasciende el estilo que las ve nacer, que traspasan las meras etiquetas y alcanzan la excelencia a través de un camino lleno de magistrales rimas.
Dicen que la música es arte, igual que el cine o la pintura. Esto siempre habría que matizarlo; no toda la música ni todo cine es arte, porque el que diga que una película de Michael Bay o un disco de Carlos Baute es arte demuestra muy poco aprecio por lo verdaderamente artístico. Igualmente son muy pocas veces las que podemos usar el manido -y desvirtuado- adjetivo de "obra maestra". Aquí, ante una colosal obra de arte, no se puede usar otro término.

Sí, para gustos los colores, pero hay cosas incontestables, que no admiten lugar a duda (¿alguien puede decir que 'Casablanca' no es una cima del séptimo arte?, por ejemplo). Este disco de Nach es capaz de hacernos sentir, pensar, divagar, soñar, incluso padecer, al zambullirnos en esa marea de libérrima protesta que subyace entre la complejidad de sus composiciones. Sus letras flotan sobre el recuerdo de aquellos que murieron por la justicia y la libertad, sobre qué será del futuro en nuestra soledad, sobre la bondad y la maldad del ser humano, sobre la bella amante que puede ser la música, sobre qué haríamos si tuviéramos que elegir entre matar o que nos maten...
No es un disco de hip-hop al uso. En sus composiciones hay un halo de amor -y esto puede ser chocante en el estilo-, de paz y de respeto por la vida, por aquellos desfavorecidos, adornados por las notas de piano con las que Nach suele engalanar sus canciones como si de un suave cuento se tratara. Por poner un ejemplo, la preciosa canción 'Ellas', en colaboración con el gran Ismael Serrano, simplemente se ubica en tus recuerdos para no poder dejar de pensar en tan hermosas palabras, dibujando un preciocista recorrido por aquellas sensaciones que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas, esto es, la esperanza, la soledad, la pasión, etc.

Son tantos los versos capaces de hacernos sentir lo que narran, con una cadencia que poco a poco nos van hipnotizando, atrapando entre sus esquinas, instalándose en nuestra memoria. Y si tuviera la difícil tarea de elegir dos cortes -uno sería imposible, y dos casi también-, permitidme seleccionar dos que considero más que sobresalientes, por su sensibilidad, por su luz, por su compromiso:
La primera, 'Humano ser': muchas veces he hablado en este blog sobre la maldad humana, sobre las torturas que somos capacer de infligir a nuestros semejantes. Esta canción habla sobre eso, pero igualmente sobre la bondad, de esa dualidad de nuestro ser, que nos hace ser capaces de lo peor y de lo mejor, de amar y matar. Valga como ejemplo:

Los besos que se dieron, los muros que distanciaron,
los lazos que unieron, disparos que retumbaron,
los golpes que hirieron, inventos que deslumbraron,
Las luces y sombras que nombran al ser humano.
Los genios que inspiraron, abrazos que liberaron.
las guerras que asolaron, la sangre que derramaron,
los héroes que brillaron, villanos que torturaron,
las luces y sombras que nombran al ser humano.

[...] pintaste el olvido en guetos de Asia y África,
mientras entonabas sonetos repletos de frases mágicas.

Sin palabras, ¿verdad?


La otra canción, que repito, las incluiría todas -casi todas, porque bien es cierto que hay un par de ellas que sobran- , es 'El idioma de los dioses'. La canción que cierra el disco es un tributo a la música, a esa amante que "da sentido a mi existencia". Con unos primeros dos minutos absolutamente inolvidables, que más parecen una carta de amor que una canción, es la mayor declaración de admiración por este arte que sólo lo es a veces -en muchísimas ocasiones es maltratado vilmente-. Esa suave guitarra de fondo, ese piano inicial, el recuerdo de aquellas figuras como Michael Jackson, E. Morricone. Vivaldi o Bob Dylan, hacen de esta canción un broche perfecto para un conjunto que es mucho más que un disco, más que poesía, más que música.

A continuación os dejo estas dos canciones, sólo una pequeña muestra de un disco del que por último sólo puedo decir una cosa a su creador: gracias.


'Humano ser':




'El idioma de los dioses':