miércoles, 4 de febrero de 2009

Vida y Destino


A veces, de vez en cuando, muy de vez en cuando, se cruza en la Vida de uno algo que tras el transcurrir de los años sigue indeleble en la memoria. Por más que pase el tiempo y éste intente borrar parte de nuestros recuerdos, las sensaciones, los momentos inolvidables son imposibles de eliminar. Cada uno tendrá los suyos, que serán muy distintos seguramente a los de los demás, pero en el fondo, seguro que la sensación que nos produce es similar en todos. Y no sabemos cómo llegan ahí, será cosa del Destino o de la Providencia, como dirían algunos, pero llegan.

Todo esto os lo suelto porque uno de esos recuerdos que tengo grabado en la memoria es un libro, o quizás debería decir EL LIBRO (para mí, claro). Porque tengo que decir que Vida y Destino, de Vasili Grossman se ha convertido para un servidor en mucho más que un libro. Supongo que no soy el único que piensa así, porque basta que busquéis algo sobre él en cualquier sitio para ver el revuelo que provocó su reedición: “La mejor novela del siglo XX”, “El Guerra y Paz de la Segunda Guerra Mundial”, “Una historia que te cambiará la vida”, vaya, una serie de alabanzas interminable. Lógicamente cuando uno ve esto tiende a pensar que eso está muy bien, pero que seguro que es un tostón sólo apto para literatos sesudos (como Cien Años de Soledad, que me pareció pesadísimo). Pues aún así me arriesgué y me lo compré. Una edición fantástica en pasta dura pero de tamaño medio, manejable y con una impresión muy buena. La portada lo dice todo, genial.

¡Más de mil páginas! ¿Qué locura era esa? Empiezo a leer y el principio me resulta enrevesado, no sé dónde se sitúa la acción ni lo que está pasando, y eso que acabo de comenzar. Pues vaya. Continúo leyendo, y, poco a poco, van apareciendo personajes cada vez más interesantes y mejor dibujados, situados casi todos ellos en la batalla de Stalingrado o en sus repercusiones. No sólo aquí, también hay actos en las cárceles para disidentes soviéticos (por cierto, aquí se produce un interrogatorio igual al que pude ver hace poco en la magnífica película “La Vida de los Otros”), en campos de concentración nazis, en institutos de investigación, vamos, una panoplia extensísima de lugares y situaciones muy bien enlazadas entre sí.

Podría pensarse a priori que todo esto es muy típico y muy recurrente, es verdad que el temita de la SGM lo hemos visto ya desde todos los ángulos, pero la maestría que destila Grossman, la sensibilidad que imprime a casa circunstancia, hace que todo sea admirable. Hay una parte realmente emotiva, donde podemos leer una carta que una madre judía le envía a su hija desde el gueto, que puesto en manos de otro autor podría haber parecido vacía de contenido y usarla como recurso fácil para el sentimentalismo. Aquí no, es de una sobriedad y una exquisitez, cargada de una esperanza impensable en el sitio desde donde está escrita.

Todo el libro está repleto de la crítica que el escritor quería poner de manifiesto, y aquí ninguno de los dos bandos sale bien parado (él era ruso). Por ello, la KGB le confiscó los escritos (¡incluso los rollos de la máquina donde lo escribió!) antes de su publicación y prohibió su distribución. Hubo quien dijo que este libro no podría salir a la luz ni en 200 años. Afortunadamente se equivocó.

¿Recomendarlo?, pues no sé qué decir, porque no es un libro fácil. La cantidad de personajes puede llevar a veces a confusión (menos mal que se adjunta un índice con todos ellos), y a quien esté más acostumbrado a leer literatura más comercial le costará más (como fue mi caso). Pero os digo que merece la pena, hace que reflexiones del porqué de todo aquello (Grossman lo vivió de primera mano, él fue corresponsal de guerra en las trincheras), cómo los ideales de la época no valían para nada, cómo de diferentes y en el fondo tan iguales era tanto el comunismo como el fascismo, en una obra que te enseña como pocas cómo funcionaban los totalitarismos de aquel oscuro capítulo de la historia.

Seguro que me dejo algo, pero creo que ya me he extendido demasiado, y voy a dejarlo aquí, aunque seguro que vuelvo pronto ha hacer otro comentario de esta Obra Maestra.

“En el gueto, es el lugar del mundo donde hay más esperanza”

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