martes, 31 de marzo de 2009

Ingredientes para ser...

Hace unos días, mientras pensaba nuevos contenidos para la sección “cosas guais”, me di cuenta que casi era mejor abrir una nueva serie de post, derivados de éste, más independientes. Quiero decir, si nos ponemos a decir características que definen las distintas tribus urbanas de estos tiempos, nos damos cuenta que cada una tiene límites muy marcados unas respecto a otras, pudiéndose enmarcar todas perfectamente según sus costumbres, vestimentas, ideales, etc, formando cada una de ellas grupos muy homogéneos, con claros límites diferenciados.

Evidentemente hay elementos comunes, pero lo que define el grupo es el conjunto, y no todo el mundo tiene que pertenecer a uno u otro, como es lógico. Hay gente que comparte rasgos de varias razas, aquí lo que voy a tratar son los grupos en sí, qué ingredientes se necesitan para pertenecer a una camada o a otra. Va a ser gracioso, ya veréis.

La mecánica de los post va a ser la siguiente: se llamarán “Ingredientes para ser…” y a continuación la manada a tratar, indicando ciertos caracteres generales y luego ahondando un poco más en sus peculiaridades, o sea, los ingredientes para llegar a ser uno de ellos. Por supuesto espero vuestras aportaciones y sugerencias. Y a ver si alguno nos sentimos identificados con alguno, aunque sean en coincidencias de unos pocos puntos.

Así que vamos con el primero: “Ingredientes para ser un… Hippie-Piji”

Este grupo es el que más similitudes tiene con el post de los guais que ya publiqué. Son personas que quieren parecerse al movimiento de los años 60, pero se han diluido de forma pésima, adquiriendo caracteres de otras especies, como los punkies, “grunges” (por cierto, éstos parece ser que estuvieron al borde de la extinción, según me dijo uno de sus últimos ejemplares, pero los dejo para otro post). Les suele gustar poco la higiene y abundan en plazas para aparentar, aunque luego se van al bar a emborracharse y drogarse. Suelen ser gente con dinero en la cuenta corriente, aunque intenten dar otra imagen. Las mascotas son indispensables, no voy aquí a mencionar cuáles son sus favoritos, y los adornos en ropas y cuerpo son ingentes. Van de idealistas, pero luego tienen actitudes muy contradictorias, como que son ecologistas y luego dejan donde quiera que vayan lleno de basura. Vamos a ver qué ingredientes se necesitan para ser un buen hippie-piji:

· Parecer ser un “arrastrao” de la calle.

· Tener poca higiene

· Ir acompañado de un perro, o varios, o una jauría entera

· Llevar algún tipo de rasta

· Votar a Izquierda Unida, los Verdes, o algún partido de izquierdas que no sea el PSOE

· Intentar hablar fino, como si fueras del norte

· Usar diminutivos (cervecita, solecito…)

· Tener muchos piercing y tatuajes

· Estar bebiendo “tirao” en la calle litronas, pero luego ir al cajero con la VISA a sacar dinero para las drogas

· Fumar porros y tomar pastillas o cocaína (o todo a la vez)

· Tocar la guitarrita o los timbales

· El calzado suele ser botas de montaña (de las caras)

· Ir de ecologista y comprometido con el medio ambiente

· Estar preocupado por la supervivencia de las ballenas

· Ser ateo

· Flipar con palabras susceptibles de llevar la letra “k”: kaos, anarkía…

· Llevar chapitas del Che, de anarkía, del “no a la guerra”, y similares

· Ir de revolucionario por la vida

· Pertenecer a una ONG rollo sudamericano

· Les encanta ir a ponerse hasta las cejas de drogas a la fiesta del Dragón de Órgiva (Granada)

· Les encantan las manifestaciones antiglobalización

Y hay muchos puntos más que iré agregando en este mismo post, a la espera de vuestros aportes, que seguro que se os ocurren unos cuantos. En sucesivos artículos iré hablando de otros grupitos, ya veréis cómo nos reímos un rato.

jueves, 19 de marzo de 2009

A Granada



“Dedicado a la poesía hecha paisaje, a un beso hecho ciudad, a Granada”

Cuando alguien escucha hablar de Granada, se imagina una ciudad con un monumento muy famoso, que está en Sev… perdón, en Andalucía, y donde se puede ir a esquiar porque tiene una estación de esquí, y si me apuráis, con gente con mu mala follá. Y poco más se le puede pedir a una persona que no ha vivido ni sentido en la ciudad de la Alhambra.

“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”

Cuando uno visita Granada, descubre una ciudad pequeña, bonita, acogedora, con un mirador que presenta “el atardecer más hermoso del mundo”, con cierto encanto, y que se puede visitar en un par de días. Pero el visitante se va con la sensación de querer volver, porque hay “algo” que le atrae, que le invita a seguir admirando su paisaje, sus calles, su todo.

“Todas las ciudades tienen su encanto, Granada el suyo y el de todas las demás”

Cuando uno vive en Granada, se deja atrapar por su regusto nazarí que hay en cada rincón, en cada monumento, en cada soplo de aire. Esto es lo que más me fascina de nuestra pequeña gran ciudad. Porque hay que admitir que no tiene el nombre de las grandiosas urbes, pero todo el mundo quiere venir, y pocos se quieren ir.

Y es que hay sitios que para ser conocidos han de ser retratados por artistas, escritores, cineastas, y es ahí cuando el público descubre los encantos del lugar, porque antes no se había reparado en su belleza, sus monumentos, su arte, y sólo cuando son plasmados en papel, lienzos, fotos, etc, se descubre su encanto. Pero hay otros que no necesitan presentación, porque sólo con decir su nombre, hacer referencia a sus obras de arte o simplemente hablar de sus calles, ya nos viene a la mente una imagen del lugar. Creo que no me equivoco si afirmo que Granada pertenece a este último grupo, si se tiene un poco de cultura.

“Es una ciudad donde el enamorado escribe mejor que en ninguna otra parte el nombre de su amor en el suelo”

Cuando uno se enamora de Granada, de su Alhambra, de su historia, de sus barrios, de sus miradores, de sus paisajes, de su aroma, puede decir, como afirmaba alguien, “que no ha pisado Granada, sino que la ha abrazado”. Y es que no me puedo imaginar cómo se tuvo que sentir aquel que lloró a sus puertas cuando entregó la ciudad, probablemente hayan sido de las lágrimas más amargas de la historia, sin lugar a dudas. Porque vivir en ella, y más aún en aquella época tenía que ser maravilloso, admirando sus vergeles, sus palacios resplandecientes, sus mil y una noches con la luna sobre el Generalife. Perder eso es perder el alma.

Pero lo que me ha llevado a hacerle este humilde homenaje a la ciudad de mis sueños, es su embrujo, y perdonadme si es algo que no puedo explicar, porque hay que sentirlo, supongo que será su condición de “mora y cristiana”, como decía la canción. Me encandila el aire mozárabe, sus reliquias, la impronta que ha dejado aquel esplendor en sus fachadas, en su ambiente. En fin, no soy capaz de expresarlo.

Cuando uno se enamora en Granada, ay cuando uno se enamora en Granada…

jueves, 12 de marzo de 2009

Acerca de cosas que no entiendo: Ídolos


Velázquez, Goya, Leonardo Da Vinci, Rambrandt, Miguel Ángel, del mundo de la pintura; Paul Newman, A. Hitchcock, A. Hepburn, Spielberg, del cine; Cervantes, Stendhal, Tolstoi, Grossman de la literatura. Seguramente todos tenemos admiración por alguno de estas celebridades, o por otras que no haya mencionado, ¿verdad? Es lo más lógico del mundo, son personajes influyentes, que pueden llegar a ser de una forma u otra parte de nuestra vida, incluso una influencia.

Seguro que todos estáis de acuerdo conmigo, es una tendencia humana más sentir aprecio hacia gente tan ilustre. Esto viene a colación porque lo que no entiendo muy bien, o no llego a entender, o no quiero, es que se idolatre a una persona normal, como si fuera un dios igual al que acompaña la ilustración que acompaña el post. Me explico porque esto puede llevar a confusión. Imaginaos que yo, así de repente, subo a los altares a algún conocido por el mero hecho de que hace cosas que yo considero “muy interesantes”, casi como si fueran divinas. ¿Entendéis? Claro, desde mi punto de vista este fenómeno tan peculiar, y digno de estudio en centros especializados, suele darse en sujetos disminuidos intelectualmente.

Nadie normal puede idolatrar a otro ser semejante, sea amigo, conocido, vecino, da igual. Otra cosa es sentir por él/ella cariño, simpatía, afecto, amor, que es lo que suele pasar con la gente normal. Voy a poner un ejemplo: hace poco leí un libro en el que el protagonista, de clase humilde, se enamora de la esposa del alcalde del lugar. Pues aparte del amor que le profesaba, sentía por ella una admiración desmesurada, la trataba casi como a una diosa, y no tenía nada que ver con el amor (la clase social de ella era muy superior a la de él). Esto pasa también en la vida real, hay individuos que divinizan a otros, y la única explicación que le veo es porque lo que ansían es llegar a ser como ellos. Por esto son personas con una débil personalidad, poco inteligentes y sin aspiraciones a nada.

Actualmente, estos ídolos suelen ser subidos a lo más alto por cosas muy poco admirables desde una mente normal, puede ser porque viajan a menudo, porque se emborrachan más que nadie, por parecer bohemios (o intentarlo), porque “ligan un montón”, porque los camareritos los invitan a copas, y otras bobadas. No me digáis que no es para echarse a llorar (o mejor dicho, echarse a reír). No digo que estos ídolos de idiotas sean malas personas, nada de eso, lo que quiero remarcar son los rasgos en los que se suelen fijar. Pocas veces una persona normal, que puede hacer cosas más interesantes que estos “dioses”, saber más, ser más culto, etc, va a suscitar lo más mínimo de admiración por esta gente. Es curioso.

Esto tan extraño se da mucho en los colegios/institutos, donde el más malote de la clase es el que es convertido en el ídolo, admirado por ellos y amado por ellas. Fijaos que el más listo, buena persona o amable nunca va a figurar entre los más populares. Lo lógico es que esta actitud se vaya perdiendo con los años, pero no siempre es así. Muchos “adultos” continúan adorando al que más quiere parecerse, porque siguen buscando esa personalidad que no tienen. Una pena.

Es también digno de mencionar, el cambio de actitud de los “admiradores” cuando está el “admirado” presente. En su ausencia, suelen estar apáticos, ausentes, sin ganas ni de vivir y en cambio, cuando hace acto de presencia el ídolo, suelen experimentar una serie de cambios cual hombre lobo con la luna llena. La cara se transforma, la lengua empieza a funcionar, las extremidades inferiores y superiores comienzan a recibir sangre, todo lo demás desaparece, o sea, es como una vuelta a la vida. No se dan cuenta que es una falta de respeto hacia los “seres inferiores” (lógico, teniendo en cuenta su coeficiente intelectual).

Yo claro que tengo ídolos, pero como decía al principio son personajes que de verdad lo merecen, que hayan aportado algo a la cultura, la literatura, la pintura, el cine, o sea genios, que son los que se deben ser admirados, maestros atemporales que deben ser encumbrados a lo más alto. Y también tengo amigos a los que le tengo cariño, afecto, incluso admiración, pero no creo que nunca llegue al extremo de considerar a ninguno como a una deidad del Olimpo, entonces empezaría a preocuparme por mi salud mental.

lunes, 2 de marzo de 2009

Obama


Dicen muchos, que Fernando VII fue el rey más infame de la historia de España. Yo no sé si los que esto afirman tendrán razón o no, porque para bien o para mal no nos tocó vivir aquella época, pero afirman que durante su reinado, en el cual tuvo lugar el famoso 2 de mayo, nació el germen de la Guerra Civil Española.

Con esto quiero decir que en todos los países siempre ha habido gobernantes, sean de la índole que sean, ansiosos de poder, déspotas, infames, locos, dictadores, sangrientos, etc. Así podemos llegar a uno de ellos que a mí no me encuadra en ningún grupo de estos, y teniendo en cuenta la historia de la humanidad, esto es, cuanto menos, curioso. Supongo que ya os estaréis haciendo una idea de que hablo de George W. Bush. Porque este títere, no es ni un dictador, ni un rey ávido de poder, ni un idealista radical, ni nada de eso. Simplemente es un tonto. Aunque pensándolo mejor los adjetivos que me vienen a la cabeza podría ser estúpido, idiota, simplón y demás sinónimos. Nadie fuera de Estados Unidos se explica cómo este hombrecito, que apenas tiene estudios, llegó a ser presidente de la superpotencia mundial. Cómo estuvo durante 8 años en la Casa Blanca haciendo no se sabe qué y encima mal. Claro, lo más sonoro fue (es), cómo no, Irak, pero aquí se unió con otros personajillos de igual grado intelectual que él (me ahorraré los nombres, pero entre los tres no llegan a sumar medio cerebro), para dejar un país azotado por una autocracia, aún peor. ¿Cómo puede hacerse eso?, es difícil.

Afortunadamente todo llega a su fin (en este caso), y estos “intelectuales” a los que me refería antes han ido desapareciendo de nuestras vistas (bueno aquí aún colea alguno), siendo nuestro amado Bush el último en dejar el barco. ¿Qué le deparaba ahora al pueblo estadounidense? Pues a priori incertidumbre, porque, ¿iban a apostar por una política continuista votando a los republicanos, o decidirían darle un giro decantándose por los demócratas? Esto en principio era algo complicado, porque hacía falta un cambio, pero por parte demócrata ¿quién iba a aparecer que hiciera olvidar el desastre anterior?

La cosa no pintaba bien, pero poco a poco fue apareciendo en boca de muchos un candidato joven, moderado, que poco tenía que ver con los ideales conservadores de la anterior administración. Tenía en frente una dura rival para lograr ser elegido como candidato a la Casa Blanca, pero contra todo pronóstico consiguió imponerse a la que en un principio estaba mejor colocada: Hillary Clinton.

En la campaña electoral iba a medirse al candidato republicano J. McCain, con su segunda de a bordo, la ultraconservadora S. Palin. A mí esta pareja me daba miedo, sobre todo por ella, capaz de decir cosas tan preocupantes como que se dejaría de lado la Teoría de la Evolución en la enseñanza, que pertenecía a la Sociedad del Rifle, y me paro ahí porque no soy capaz de escribir más gilipolleces. Afortunadamente, en el día de las elecciones, los estadounidenses hicieron gala de una sensatez que medio mundo creíamos que no tenían y optaron por el cambio, haciendo del ya clásico “yes, we can” toda una filosofía.

Y vaya que pudieron, Obama arrasó y comenzó para muchos una nueva era, contraria a todo lo que se había estado haciendo en los 8 años anteriores. El caso es que el nuevo presidente hace gala de un mensaje que llega, convence y tiene una facilidad para crear admiración hacia su persona pocas veces vista. En mi opinión son varios factores los que hacen de este político algo diferente, y el primero es que no parece un político. Me explico, su forma de llegar a la gente no es habitual, porque todo es (o le queda) muy natural, sin los clichés típicos de los mítines, ni las formas, por supuesto, es todo un predicador. Luego la voz. La voz es muy importante en una persona, y hay que admitir que llega, porque no es lo mismo la voz de bobo de George W. que la de Obama. A mi entender esto ha sido muy importante, aunque parezca algo intrascendente. Pero lo que ha hecho que se gane la simpatía de medio mundo ha sido su sencillez, a ojos de cualquiera es un ser terrenal, que lo mismo lo vemos en chándal y gorra que yendo a su peluquería de toda la vida. Porque la sencillez es, para un servidor, una de las tres más grandes virtudes que puede tener una persona. Aparte que transmite su mensaje con una fuerza y una confianza abrumadora. Muchos se preguntan si no será el sueño del que habló Martin Luther King, puede ser.

Lo que queda claro es que ha dado esperanza a su país (¿y al mundo entero?), que parece que ya no hay un peligro constante al frente de una superpotencia, ni en manos de un fantoche (sí, todos estamos bajo la batuta de EEUU, nos guste o no); se ha producido un cambio, tal y como rezaba la inteligentísima campaña electoral del señor Obama.

Si hay algo seguro en todo esto, es que tarde o temprano va a decepcionar, el caso es cuándo y cómo, porque son tales las expectativas creadas, que no defraudar lo veo imposible. El tiempo lo dirá, y espero equivocarme.

Para finalizar, volviendo al párrafo que abría este post, no puedo evitar preguntarme si el daño que ha hecho el señor Bush, no sólo en su país, sino en todo el mundo, tenga consecuencias no ahora, sino en el futuro, como sucedió aquí en España, porque eso es lo malo de las semillas, que las malas también brotan. Yo creo que es una posibilidad remota, pero la Historia está ahí para eso, para ver las consecuencias de los actos. Sólo el tiempo hablará.

Con todo esto: “bienvenido Mr. Obama”.