jueves, 12 de marzo de 2009

Acerca de cosas que no entiendo: Ídolos


Velázquez, Goya, Leonardo Da Vinci, Rambrandt, Miguel Ángel, del mundo de la pintura; Paul Newman, A. Hitchcock, A. Hepburn, Spielberg, del cine; Cervantes, Stendhal, Tolstoi, Grossman de la literatura. Seguramente todos tenemos admiración por alguno de estas celebridades, o por otras que no haya mencionado, ¿verdad? Es lo más lógico del mundo, son personajes influyentes, que pueden llegar a ser de una forma u otra parte de nuestra vida, incluso una influencia.

Seguro que todos estáis de acuerdo conmigo, es una tendencia humana más sentir aprecio hacia gente tan ilustre. Esto viene a colación porque lo que no entiendo muy bien, o no llego a entender, o no quiero, es que se idolatre a una persona normal, como si fuera un dios igual al que acompaña la ilustración que acompaña el post. Me explico porque esto puede llevar a confusión. Imaginaos que yo, así de repente, subo a los altares a algún conocido por el mero hecho de que hace cosas que yo considero “muy interesantes”, casi como si fueran divinas. ¿Entendéis? Claro, desde mi punto de vista este fenómeno tan peculiar, y digno de estudio en centros especializados, suele darse en sujetos disminuidos intelectualmente.

Nadie normal puede idolatrar a otro ser semejante, sea amigo, conocido, vecino, da igual. Otra cosa es sentir por él/ella cariño, simpatía, afecto, amor, que es lo que suele pasar con la gente normal. Voy a poner un ejemplo: hace poco leí un libro en el que el protagonista, de clase humilde, se enamora de la esposa del alcalde del lugar. Pues aparte del amor que le profesaba, sentía por ella una admiración desmesurada, la trataba casi como a una diosa, y no tenía nada que ver con el amor (la clase social de ella era muy superior a la de él). Esto pasa también en la vida real, hay individuos que divinizan a otros, y la única explicación que le veo es porque lo que ansían es llegar a ser como ellos. Por esto son personas con una débil personalidad, poco inteligentes y sin aspiraciones a nada.

Actualmente, estos ídolos suelen ser subidos a lo más alto por cosas muy poco admirables desde una mente normal, puede ser porque viajan a menudo, porque se emborrachan más que nadie, por parecer bohemios (o intentarlo), porque “ligan un montón”, porque los camareritos los invitan a copas, y otras bobadas. No me digáis que no es para echarse a llorar (o mejor dicho, echarse a reír). No digo que estos ídolos de idiotas sean malas personas, nada de eso, lo que quiero remarcar son los rasgos en los que se suelen fijar. Pocas veces una persona normal, que puede hacer cosas más interesantes que estos “dioses”, saber más, ser más culto, etc, va a suscitar lo más mínimo de admiración por esta gente. Es curioso.

Esto tan extraño se da mucho en los colegios/institutos, donde el más malote de la clase es el que es convertido en el ídolo, admirado por ellos y amado por ellas. Fijaos que el más listo, buena persona o amable nunca va a figurar entre los más populares. Lo lógico es que esta actitud se vaya perdiendo con los años, pero no siempre es así. Muchos “adultos” continúan adorando al que más quiere parecerse, porque siguen buscando esa personalidad que no tienen. Una pena.

Es también digno de mencionar, el cambio de actitud de los “admiradores” cuando está el “admirado” presente. En su ausencia, suelen estar apáticos, ausentes, sin ganas ni de vivir y en cambio, cuando hace acto de presencia el ídolo, suelen experimentar una serie de cambios cual hombre lobo con la luna llena. La cara se transforma, la lengua empieza a funcionar, las extremidades inferiores y superiores comienzan a recibir sangre, todo lo demás desaparece, o sea, es como una vuelta a la vida. No se dan cuenta que es una falta de respeto hacia los “seres inferiores” (lógico, teniendo en cuenta su coeficiente intelectual).

Yo claro que tengo ídolos, pero como decía al principio son personajes que de verdad lo merecen, que hayan aportado algo a la cultura, la literatura, la pintura, el cine, o sea genios, que son los que se deben ser admirados, maestros atemporales que deben ser encumbrados a lo más alto. Y también tengo amigos a los que le tengo cariño, afecto, incluso admiración, pero no creo que nunca llegue al extremo de considerar a ninguno como a una deidad del Olimpo, entonces empezaría a preocuparme por mi salud mental.

5 comentarios:

  1. Felicidades por este nuevo post. Es muy acertado, y comparto totalmente tu opinión. Somos animales sociales y necesitamos sentirnos seguros en grupo, de ahí que muchas veces las personalidades más débiles acaben siendo Skinheads, lameculos de dictadores o expresidentes del gobierno. Yo siempre seré más de la actitud Kill Your Idols. Recomendada la imagen de la camiseta que popularizó unos de mis ídolos caidos de adolescencia, Axl Rose...FUCK OFF!

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  3. Enhorabuena de nuevo por el blog, que te lo curras tela. Sin embargo, en este caso, no comparto vuestra opinión. Me encanta Hans Zimmer, y de hecho una película que a priori no me interese, la veré sin duda, si es Hans Zimmer su compositor de la banda sonora. Ahora bien, ¿voy a hacer de él una deidad por un solo aspecto de su vida, por la única faceta que conozco de él, o que el mundo, en su vorágine sin sentido, ha querido dar a conocer? ¿Acaso se cómo trata a su mujer, o a sus amigos? Pienso que un error en el que caemos siempre los humanos, es en no valorar lo que vemos cada dia, y en cambio admirar en demasía a ciertas personas de las que conocemos solo una de sus facetas. Decís que no hay que hacer deidades de la gente "normal", yo pienso que "no hay que crear deidades en absoluto" Y puestos a apreciar a alguien, prefiero apreciar a mis amigos por el conjunto de lo que son (con sus defectos y virtudes) antes que a Hans Zimmer, Spielberg o el Sr. Filth...

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  4. Entiendo lo que dices Demihurgo, pero lo que quiero poner de manifiesto en el post es la falta de luces para idolatrar a alguien que conoces sólo porque lo consideras superior al resto de la humanidad, que aunque parezca mentira, te aseguro que se dan casos. Respecto a los ídolos, creo que todos los tenemos, porque los admiramos por su labor, por su obra, por sus ideas, pero claro, de ahí a tenerle aprecio va un mundo. A alguien que no conoces no puedes tomarle cariño ni amistad ni nada de eso, sólo admiración, porque quizás ha aportado algo a tu vida, experimentas sensaciones con lo que te ha ofrecido, y eso hace que se gane tu admiración, independientemente de cómo sean personalmente (como ejemplo te pongo a Kojima, es admirable lo que ha hecho con su MGS). Pero sí sé qué quieres decir, con tu comentario, y lo comparto. Un saludo!!

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  5. Wenas Loco de la Colina!!!Ya sabes que soy lento y bastante flojo(ambas cualidades van por separado...te lo puedo asegurar); pero al final lo he leido.Todo lo que habeis escrito aqui, es cierto. Pero os olvidais de lo principal, SIEMPRE acabamos admirando a una u otra persona a lo largo de nuestra vida(o a muchas, por supesto). Pero el problema está en cuando esa admiración se convierte en adoración. Es como tu bien dices..."cuando hace acto de presencia el ídolo, suelen experimentar una serie de cambios cual hombre lobo con la luna llena"; este cambio de conducta en presencia del ídolo adorado, es el que se debería tildar de problema mental profundo, o dicho de otra forma que se me viene a la cabeza...LOCO!!! Creo que la palabra adoracion seria el punto de encuentro entre tu post y la entrada de Demihurgo. Por tanto, pienso que se puede admirar a muchos, icluso idolatrar a pocos...pero jamás adorar a nadie. Nadie se merece ese punto, y por supuesto nadie debería llegar a hacerlo.

    A 6-7-09, a horas de un examen que no he estudiado y antes de comerme una panocha...xddd

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