jueves, 19 de marzo de 2009

A Granada



“Dedicado a la poesía hecha paisaje, a un beso hecho ciudad, a Granada”

Cuando alguien escucha hablar de Granada, se imagina una ciudad con un monumento muy famoso, que está en Sev… perdón, en Andalucía, y donde se puede ir a esquiar porque tiene una estación de esquí, y si me apuráis, con gente con mu mala follá. Y poco más se le puede pedir a una persona que no ha vivido ni sentido en la ciudad de la Alhambra.

“Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”

Cuando uno visita Granada, descubre una ciudad pequeña, bonita, acogedora, con un mirador que presenta “el atardecer más hermoso del mundo”, con cierto encanto, y que se puede visitar en un par de días. Pero el visitante se va con la sensación de querer volver, porque hay “algo” que le atrae, que le invita a seguir admirando su paisaje, sus calles, su todo.

“Todas las ciudades tienen su encanto, Granada el suyo y el de todas las demás”

Cuando uno vive en Granada, se deja atrapar por su regusto nazarí que hay en cada rincón, en cada monumento, en cada soplo de aire. Esto es lo que más me fascina de nuestra pequeña gran ciudad. Porque hay que admitir que no tiene el nombre de las grandiosas urbes, pero todo el mundo quiere venir, y pocos se quieren ir.

Y es que hay sitios que para ser conocidos han de ser retratados por artistas, escritores, cineastas, y es ahí cuando el público descubre los encantos del lugar, porque antes no se había reparado en su belleza, sus monumentos, su arte, y sólo cuando son plasmados en papel, lienzos, fotos, etc, se descubre su encanto. Pero hay otros que no necesitan presentación, porque sólo con decir su nombre, hacer referencia a sus obras de arte o simplemente hablar de sus calles, ya nos viene a la mente una imagen del lugar. Creo que no me equivoco si afirmo que Granada pertenece a este último grupo, si se tiene un poco de cultura.

“Es una ciudad donde el enamorado escribe mejor que en ninguna otra parte el nombre de su amor en el suelo”

Cuando uno se enamora de Granada, de su Alhambra, de su historia, de sus barrios, de sus miradores, de sus paisajes, de su aroma, puede decir, como afirmaba alguien, “que no ha pisado Granada, sino que la ha abrazado”. Y es que no me puedo imaginar cómo se tuvo que sentir aquel que lloró a sus puertas cuando entregó la ciudad, probablemente hayan sido de las lágrimas más amargas de la historia, sin lugar a dudas. Porque vivir en ella, y más aún en aquella época tenía que ser maravilloso, admirando sus vergeles, sus palacios resplandecientes, sus mil y una noches con la luna sobre el Generalife. Perder eso es perder el alma.

Pero lo que me ha llevado a hacerle este humilde homenaje a la ciudad de mis sueños, es su embrujo, y perdonadme si es algo que no puedo explicar, porque hay que sentirlo, supongo que será su condición de “mora y cristiana”, como decía la canción. Me encandila el aire mozárabe, sus reliquias, la impronta que ha dejado aquel esplendor en sus fachadas, en su ambiente. En fin, no soy capaz de expresarlo.

Cuando uno se enamora en Granada, ay cuando uno se enamora en Granada…

2 comentarios:

  1. Felicidades de nuevo. Nos tienes enganchadísimos con tus "post", curradísimos y originales. A seguir así tio. Un saludooo!!!

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  2. MUY BUENAS BLOGGER! ENHORABUENA DE NUEVO POR ESTE ESTUPENDO POST SOBRE GRANADA, YO TAMBIÉN ESTOY ENAMORADO DE GRANADA, PUES EN DEFINITIVA, ES AQUI DONDE HE APRENDIDO Y CRECIDO COMO PERSONA. UN SALUDO....NOS VEMOS EN LOS BARES....DE SIEMPRE!! AJAJAJAJAJAJJAJ

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