jueves, 30 de julio de 2009

Acerca de cosas que no entiendo: Las modas y el cortejo


Poniéndose uno a pensar en cómo funcionan algunos aspectos de la vida últimamente, se pueden llegar a unas conclusiones, cuanto menos, curiosas. Viendo cómo ha cambiado la sociedad en los últimos años, es normal que las relaciones entre personas igualmente hayan variado conjuntamente. Creo que todos estamos de acuerdo en que la población joven de ahora es muchísimo más idiota que la de generaciones anteriores. Tan sólo tenemos que ver el famoso fenómeno del bulling, que bien es verdad que en los colegios siempre los niños nos hemos peleado, y que incluso a muchos maestros nos dieron ganas de contestarle de mala manera. Pero es que estos fenómenos ahora no son así. Ni mucho menos. Ahora no hay “peleillas” entre amigos o compañeros, ahora hay maltrato físico y psicológico, palizas, humillaciones, tanto entre alumnos como hacia los profesores. Lo mismo pasa con el respeto hacia sus mayores: ahora eso no existe, ahora van de chulitos, creyéndose que se van a comer el mundo. En fin, supongo que alguna vez hablaré del tema en otro artículo.

En mi opinión, esto lo define muy bien: la sociedad ha cambiado, y con ella, el sujeto individualizado. Cada vez hay menos educación, cultura, buenas acciones, en fin, esos valores que irremediablemente están en peligro de extinción. Pero lo peor de todo es que están siendo sustituidos por otros, en los que nada de esto tiene cabida. Así, actualmente, para que una cierta parte de la sociedad te “acepte” has de cumplir con determinados cánones. Lógicamente este caso se da entre los más jóvenes, en su mayoría amebas mentales, donde lo que predomina es una estética muy marcada, con tatuajes, pendientes de esos de diamantes horribles, con ropitas pseudosurferas, en fin, ya he hablado alguna vez, por lo que no me voy a extender en el tema.

Lo que quiero poner de manifiesto aquí, es lo muy predefinidas que están ahora las relaciones entre hombres y mujeres, o mejor dicho entre tíos y tías (ojito que no es lo mismo). Vamos a partir de la premisa que hablamos de tías y tíos, ¿vale? Muy bien. No hay que ser excesivamente listo para ver la manera tan simple en que funcionan los cortejos y posterior consumación. Es muy sencillo. Si tienes los reclamos sexuales que están de moda en ese momento, fructificarán tus intentos de seducción. Tanto para un género como para otro.

Las posibilidades de atraer sexualmente se multiplican si por ejemplo tienes un supercoche, vas enseñando las bragas o si tienes ese punto de malote que tanto gusta, sobre todo a ellas (por esto muchas veces la cosa acaba como acaba). Y esto es normal, al fin y al cabo somos animales y el reino animal funciona así. Siempre (o casi) son las hembras las que eligen a su pareja, y por tanto se van a fijar en lo que le ofrezca el macho. Así, vemos que son los ejemplares más fuertes, los de colores más llamativos o los más dominantes los que son tocados por la varita mágica. Esto en el fondo, es porque ellas tienen el instinto de elegir los genes más fuertes para su descendencia, y por eso se aseguran un “buen macho”. ¿En la especie humana ocurre esto? Pues sí y no. Nos fijamos en lo más banal, la estética, el físico, los complementos, etc ¿Por qué si se supone que tenemos capacidad para “profundizar” más? Ellas (una gran parte, no todas) van a escoger a los más sofisticados (no de mente, ojo, eso es lo que ya se ha perdido), cuyos genes aparentemente son de mejor calidad que el resto, y claro, al final es el más chimpancé del lugar el que se lleva el gato al agua. Obviamente cuando una tía quiere "follar con un machito" no piensa en que sus hijos van a ser igual de “tíos”, pero está en su subconsciente animal, aunque sea difícil de creer. No piensan “este tío tiene que tener unos genes para mis hijos magníficos”, pero es algo que está ahí, y es como se actúa.

Pero afortunadamente, la especie humana se diferencia del resto en la inteligencia (¿?), y no siempre se dan estos casos tan llamativos (bueno, ya no tan llamativos). Pero personas que vayan más allá de este fenómeno, son muy pocas en proporción, y si alguien no es de una determinada forma impuesta, ha de tener mucha, mucha, mucha suerte para no caer en el ostracismo. En fin, puedo parecer muy reiterativo con el tema, pero es que es curioso cómo cambian las mentalidades según las modas.

No quiero que el artículo resulte muy largo o pesado, porque podría seguir escribiendo largo y tendido, pero como no quiero dejar la cosa a medias, os dejo con dos canciones que definen perfectamente lo que me queda por decir. Por favor, escuchadlas porque no tienen desperdicio, aunque no os guste el estilo, la letra es descriptiva al 100%. Ojo a cada una de las frases, porque así es la situación tan penosa en la que estamos. Atentos:


1 comentario:

  1. Una verdad como un templo. No me gustan los juegos de pavos reales y cortesanas de medio pelo. Patetismo absoluto!

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