jueves, 24 de diciembre de 2009

"Qué Bello es Vivir", bellísima fábula


En estas fechas tan señaladas (qué original, ¿verdad?), tan alegres para unos, tan tristes para otros y tan indiferentes para el resto, siempre apetece que a uno le cuenten historias tan bellas como las de esta suprema obra del cine. Porque si alguien me pidiera que enumerara mis 10 películas favoritas, “Qué Bello es Vivir” ocuparía, sin ningún género de dudas un puesto especial.

Un relato tan fantástico y tan bello a la vez, como la de esta genialidad se encuentra muy pocas veces. Una historia que conjugue tantas sensaciones, tantos momentos impagables no es algo que se consigue realizar a menudo. Qué personaje el de George Bailey. Quedará en la memoria de todo aquel que se haya enamorado de esta película. Qué cuento más hermoso nos cuenta la vida de esta, digamos, “buena persona”, dejando para la posteridad una cumbre del séptimo arte.

Y qué mejores fechas que estas para volver a degustar de las vidas de sus personajes, de admirar los bellos y añorados tonos en blanco y negro de su elegante fotografía, de emocionarnos con su tierno final. Y es en esa parte final donde nos damos cuenta de la magnitud de todo lo que hemos visto, donde quizás se nos pongan los pelos de punta, porque la última media hora es asombrosa, clavándose en nuestra memoria para mucho tiempo.

Seguro que este año vuelvo a verla, y me emocionaré igual, porque esta obra es un bálsamo, una anestesia para calmar las heridas de este mundo, que nos pone en paz con el ser humano y con nosotros mismos, porque es el más precioso cuento de Navidad jamás contado, y porque cuando vemos sus créditos finales, pensaremos, aunque sea sólo unos segundos, Qué Bello es Vivir.

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