jueves, 25 de febrero de 2010

Vox Populi (II)


Continuemos con una nueva encuesta que ojalá despierte tanto interés como la anterior, aunque lo dudo (sí le he cambiado el nombre a la sección porque este me gusta más). Antes de plantear el tema de debate, quisiera comentar un poco los resultados de la primera y las reacciones de algunos de vosotros. En primer lugar aclarar que con aquella inocente pregunta no intenté buscar polémica alguna ni criticar nada. Simplemente me limité a trasladar una cuestión que se debatió en periódicos, radios, televisiones, y demás medios de comunicación medianamente serios, porque el tema lo requiere. Creo que eso no es buscar gresca, es un tema que está ahí y es bueno siempre opinar sobre él y exponer nuestros diferentes puntos de vista. Aquí nadie ha interpretado nada, sólo se planteó si estamos o no de acuerdo con un proyecto de ley, pienso que no se hace alusión en la pregunta en cuestión a ninguna creencia. Además a mí poco me importa en qué crea nadie, por no decir nada. Siempre he pensado que opinar no es nada pernicioso, y esto es lo que pretendía, que opináramos, con nuestras distintas posturas, que afortunadamente podemos expresarlos libremente. Repito, no es mi intención interpretar ni demonizar nada, es sólo una encuesta. Para criticar, hacer sangre, caer en lo chabacano, etc, mejor nos ponemos a ver el debate de Gran Hermano.

Igualmente agradecería que se dejaran insultos, descalificaciones y puyitas personales a un lado, podemos criticar temas de actualidad, debatir sobre lo que se diga aquí, injuriar determinados colectivos, pero por favor, nada personal, ni hacia el editor de este sitio ni entre sus “comentaristas”.

Dejando polémicas a un lado, los resultados han sido los siguientes:


"¿Crees que se deben retirar los crucifijos de las aulas?"


Sí: 13 votos (76%)

No: 3 votos (17%)

No, pero poniendo también representaciones de otras religiones: 1 voto (5%)


Gana el "" con un 76% de los votos totales.


La siguiente pregunta es la que sigue: ¿Crees que se debe aumentar la edad de jubilación a 67 años? Otro debate de candente actualidad (no por ello estoy criticando ni pretendiendo tocar conciencias), que da para mucho. Es una de las ideas del Gobierno para no sé qué, la verdad. Supongo que en su naufragio actual, afloran medidas que, aunque piensen que son correctas, ponen a todo un país en revolución. Vaya políticos que nos asisten, unos empeñados en su suicidio público, y otros con una nefasta oposición que dice “tener la solución” a los problemas pero que no dirá nada si no es a cambio del poder. En fin, así vamos… Venga, a votar (en el margen izquierdo podéis hacerlo. Tenéis 30 días).

miércoles, 17 de febrero de 2010

La estupidez como forma de vida

Mirad lo que se decía hace algún tiempo en los "imparcialísimos" informativos del canal Intereconomía sobre algo tan inocente (y necesario) como el uso del preservativo en países en vías de desarrollo (la mayoría lo habréis visto, porque salió en muchos medios). Es muy indignante pero al final acabas riéndote de los argumentos tan infantiloides que muestran. Me pregunto si de verdad piensan lo que dicen, porque es surrealista:



Así que en países subdesarrollados hace calor que estropean el látex, no destacan por su manicura y no se sabe leer. Si es que está claro que no es posible usar el globito.
Resumiendo, y según ellos: "Esos monos de África no pueden usar un condón"
Lamentable.

martes, 2 de febrero de 2010

Los Vestigios del Amor


Qué palabra más socorrida y a la vez maltratada. Puede que sea el término, o mejor dicho, el sentimiento al que más tributos y pleitesías se le han rendido a lo largo de la historia moderna., casi siempre con muy mala fortuna. En la música, la literatura, en el cine, en todas las expresiones de arte ha estado siempre presente el que dicen es el motor del mundo (qué soberana mentira).

Actualmente, y por desgracia, se recurre a él con demasiada frecuencia, banalizando su verdadero significado de forma gratuita. Porque el amor no es sólo una bonita palabra que sabe adornar como ninguna lo que decimos o escribimos. Ahora cualquiera dice que está perdidamente enamorado de su pareja y queda tan bien, cuando en realidad, en muchos casos, está con su amante tan sólo porque estar con alguien es algo establecido por la sociedad, y si nos remontamos unas décadas atrás esto era mucho más acusado.

Lo cierto es que el verdadero sentimiento, ese que emana de lo más profundo de nosotros, es un milagro más bien escaso, realmente difícil de encontrar. Para muchas personas, sentir amor o manifestarlo, radica en el simple y vulgar acto de ir con tu pareja agarrados por el culo o tocarse la campanilla a lengüetazos en el banco de un parque. Ahí no existe nada de ese acto excepcional de querer a alguien, sólo hay instintos carnales, muy lógicos, por otra parte, exentos de eso que es el amor de verdad. Se ha convertido más en un artificio que en otra cosa.

Todo esto venía, a que no hace mucho, tuve la fortuna de contemplar el milagro del verdadero amor, el que sólo se ve o se siente muy pocas veces. Era en una estación de autobuses, sentado yo en un banco vacío esperando la hora de partir. En el momento en que una joven entra en la zona de espera para viajeros, donde yo me encontraba, veo a una niña de unos 9 o 10 años, corriendo desaforadamente hacia la chica, que intuí era su hermana. Cuando llegó a ella, la abrazó con una pasión y un cariño, que no pude apartar la vista de aquel momento. La carita de la pequeña era de una alegría tal, que las lágrimas corrían por sus mejillas sin contención. Así permanecieron un rato, como si el mundo se hubiera detenido para que aquel instante durara toda la eternidad. Incluso cuando se acercaron sus padres y la chica mayor los besaba, su hermana seguía aferrada a ella, en un abrazo lleno de sinceridad, y sobre todo de amor, del de verdad. Un amor venido de lo más hondo de un corazón aún inocente, capaz de expresar, sin saberlo, el sentimiento más hermoso del mundo, que sólo puede evocar un alma aún no maltratada por la vacuidad humana.

Se marcharon, las dos hermanas todavía fundidas en su sentido y sincero abrazo, y yo quedé allí sentado, con una mueca de felicidad, agradeciendo el haber vivido ese momento, un momento único en el que se produjo un acto tan efímero como hermoso.

Los que abandonamos hace tiempo el único periodo de la vida donde somos excepcionales en la naturaleza, sólo podemos intentarlo, pero los vestigios del amor sólo moran en aquellos que aún no han sido seducidos por los débiles valores que imperan en este anodino mundo.