lunes, 16 de agosto de 2010

Del papel al píxel


El progreso. ¿Es lo que nos hace ser más felices, más inteligentes, más cultos? Es una herramienta, y como tal, su objetivo es ayudar o hacernos la vida un poco más fácil (como si esto fuera posible en algunos aspectos). No voy a decir que el progreso -que últimamente parece sinónimo de tecnología- es pernicioso o negativo para los que nos servimos de él casi a diario, pero no es todo lo positivo que podríamos desear, y más cuando nos hemos olvidado por completo de preocuparnos por el progreso de nosotros mismos, de mente, de espíritu.

Porque estos pasos que supuestamente la tecnología da hacia la "perfección", en ocasiones son pasos que parecen destinados a degradar o corromper aquello que no necesita de chips, bites o LCDs. Los ebook por ejemplo han irrumpido con fuerza en el panorama tecnológico. Estos cacharros pretenden sustituir en un futuro -ya no tan lejano- a los libros tradicionales.

El caso es que cuando estos artilugios eran un proyecto lejano, no tenía yo mucha confianza en su éxito, pero parece ser que últimamente han experimentado un auge que a mí por lo menos me sorprende (y me disgusta). Y me sorprende porque no me imginaba que a los lectores de toda la vida les iba a gustar el hecho de no tener un libro físico en la mano. Me explico: a mí me encanta esa especie de ritual de ir a la librería, ver los libros, leer su sinopsis, dudar entre uno y otro, oler sus páginas, observar los detalles de la portada. Esto no es lo mismo que mirar una pantalla y elegir tras un rato pulsando botones.

Aquel poseedor de un ebook dejará de tener estas sensaciones que también forman parte del lector, de la lectura de un libro. Dejará de poder colocarlo entre otros tras su finalización, y no podrá mirar su librería con sus vivencias literarias, que en la mayoría de las veces son más enriquecedoras que la vida en sí. ¿Quién no se para muchas veces delante de su colección de libros a contemplar y recordar lo que nos han ofrecido? Todo esto se reducirá a un aparato donde almacenaremos todas las obras que leamos y cuando nos falte espacio las borraremos, sin tener ocasión de volver a hojear sus páginas.

No me convencen, así que yo seguiré con el papel de toda la vida y haciendo hueco en mi casa para el tesoro que supone tener una colección de historias y pensamientos, que amerilleen con los años y que pueda ver el paso del tiempo sobre ellos. Sólo espero que el querido papel no desaparezca para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario