miércoles, 29 de septiembre de 2010

"Caballo de Troya". Pasión y muerte


Hubo un gran revuelo cuando "Caballo de Troya" de J.J. Benítez se puso a la venta. Esto fue debido a que en principio se vendió como una historia real, un experimento que permitió a un militar de los Estados Unidos viajar en el tiempo. Y no fue un viaje a una época cualquiera, sino a los años en que supuestamente vivió y murió Jesús de Nazaret. Difícil de creer, lógicamente, pero el caso es que como promoción fue fenomenal. Todo un éxito comercial.

Lo lógico es que te lo tomes como lo que es, una novela sobre los últimos días del personaje más influyente de la Historia y fundador sin quererlo de esa doctrina aleccionadora que llaman Cristianismo. Sí, la época elegida para realizar el fabuloso viaje fue la de los últimos días de Jesús, incluyendo su captura, tortura, muerte y sucesos posteriores.

Y como por todos es sabido que la figura de "el Hijo de Dios" vende, muchos lectores, asiduos o casuales, y no lectores, no dudaron en saber qué tenían que contar sobre estos años clave en teoría de primera mano. Como digo, el éxito fue enorme.

Entrando en materia sobre el libro en sí, tengo que decir que el principio es difícil -o así creo recordar, ya que lo leí hace ya muchos años-, con toda la explicación de los preparativos del viaje. Nuestro viajero llega a Jerusalén aproximadamente cuando se produce el milagro de la resurrección de Lázaro, y a partir de ahí se integra como uno más entre los discípulos de Jesús. Incluso entabla interesantes diálogos con Él, dejando entrever que éste sabe que viene de otro tiempo, de otro mundo. Muchas situaciones que nos han contado sobre esta época, que nos son familiares, son vistas desde otra perspectiva, distinta, incluso el autor se permite cambiar ciertos momentos, como las tres negaciones de Pedro (no lo voy a contar, tranquilos), lo que ocurrió en la Última Cena o el momento justo tras la expiración del Mesías, con sorpresa incluida.

Todo muy atractivo, con un trabajo de investigación enorme e igualmente fidedigno a la hora de relatar las torturas. Si en la famosa película de Mel Gibson a veces deseábamos cerrar los ojos ante tales castigos, aquí pensaremos en más de una ocasión en cerrar el libro (al menos lo recuerdo así, claro que entonces era casi un niño). Las descripciones de la flagelación -en todos los rincones del cuerpo, y cuando digo todos son todos-, la colocación de la corona de espinas (que en realidad era un casco), el porte del travesaño de la cruz, cómo clavan las muñecas, todo es llevado al extremo con una crudeza casi excesiva, pero sin caer en el morbo fácil.

Suelo recomendarle este libro a mucha gente que me pide alguna sugerencia, porque, tanto si eres católico como si no, es innegable que la trágica historia de este hombre es más que interesante, y si encima nos lo presentan desde un prisma, digamos, diferente, tenemos un libérrimo relato que, como dice su autor, no dejará a nadie indiferente.

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