miércoles, 13 de octubre de 2010

Notas de lluvia


Lluvia. Siempre una bonita metáfora de unas lágrimas, de un llanto, de una melancolía, de un recuerdo. Pasear bajo la lluvia a menudo nos hace sentir añorantes, nos hace volver la vista a sitios y momentos a veces desterrados de la memoria. Se mezclan en ese instante sonidos acompasados, olores familiares, luces desdibujadas.

La gente no suele apreciar esta belleza sublime, cuando la naturaleza nos ofrece este pequeño milagro. No les gusta ese engorro o malestar de verlo todo mojado, mojarse los zapatos o tener que quedarse en casa. En cambio, el arte, siempre acertado en su búsqueda de inspiraciones, sí le ha otorgado, o sí ha sabido ver ese lado agradable, presto siempre a acompañar a esos amantes que bajo un paraguas corren al refugio de un cálido portal. Sí, el arte es capaz de enseñar ese lado romántico y embriagador -a veces evocador- de un día gris.

Siempre nos conmueven escenas en el cine con la lluvia como protagonista. Imágenes que quedan en nuestro recuerdo por su belleza, que refuerza el líquido elemento en actuación. Recordar ese maravilloso final de "Los puentes de Madison" o "Desayuno con diamantes", la famosa "Cantando bajo la lluvia", el último tramo de "Los siete samuráis" o esa escena inmortal de "Blade Runner". Siempre las más bellas formas de expresión invocan a la lluvia para embellecerse.
Igual ocurre en la música o en la fotografía (en menor medida en la pintura).

En cambio, en la vida diaria o cotidiana, siempre se ve un día nublado como algo molesto, casi irritante. Se tiende a pensar que no podremos hacer tal o cual cosa, o que habrá que quedarse "escondido" hasta que salga el sol. No se piensa en disfrutar de los sonidos, los olores, las fotografías que nos muestra el paisaje. Por eso a un día de lluvia se le llama un "mal día", porque en la mayoría de los casos sólo vemos los recortes que supone en la rutina o en lo que teníamos planeado para ese momento.

Un día de lluvia inspira, seduce, recuerda, evoca, añora, enseña, dibuja. Es una sonata, unas notas compuestas para ser disfrutadas, para ser degustadas sin importar de qué nos prive, porque cuando cae la lluvia, debemos sentirnos abrazados por la eterna seducción de los recuerdos.

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