jueves, 7 de octubre de 2010

Sólo para sus oídos


No soy persona de ir mucho de compras, quiero decir a comprar ropa, ese pasatiempo que tanto gusta a mucha gente, sobre todo al género femenino. La economía no me da para ello y prefiero gastarme los cuartos en cosas más interesantes o gratificantes.
Cuando a uno no le queda más remedio, tiene que ir casi forzosamente a hacerse con algún artículo que cubra la necesidad de la falta de prenda. Toca ir de tienda en tienda, de camisa en camisa y de pantalón en pantalón, eso si no contamos el calzado, que incrementa el número de locales a visitar.

Es todo un engorro, un fastido el hacer una tarea en principio tan simple y rápida. Buscar, probar, ver, decidir, seguir buscando, seguir viendo, volver a decidir, pagar. Lo dicho, no apto para cualquiera. Esto es algo totalmente subjetivo, a mí me parece estresante y agotador, pero repito que en la mayoría de ocasiones este periplo resulta placentero para según qué gente.
Hasta aquí podemos hacer el esfuerzo de ir a comprarnos los trapos que posteriormente luciremos con más o menos ganas.
No suelo acudir a tiendas excesivamente caras, no estoy tan mal o tan loco como para gastarme 100 ó 200 euros en un retal que tarde o temprano dejaré aparcado en lo más profundo del armario. Además que la ropa cara, o pija, como prefiramos, es sumamente hortera, por lo menos la de hombre. Caballos, insignias, banderas, cocodrilos, ositos, toros, adornos sólo atractivos a los ojos de personas situadas en un exclusivo y adinerado nicho social, inaccesible para el resto de los ciudadanos.

En fin, que si vamos a una tienda, digamos, de clase media, con todo el esfuerzo que ello supone, al entrar, la bienvenida es un bofetón directo a los tímpanos en forma de música enloquecida y putrefacta. Y esto es a lo que quería llegar desde el principio. Esos ruidos que salen de los altavoces no me explico qué finalidad tienen. ¿Atraer clientes? Será sólo a los sordos o a poligoneros de corto alcance. Es antimúsica, una auténtica mierda que intenta perforar nuestro cerebro a la menor escucha. Parece que está uno en una de esas discotecas con "música" carnavalesca para enloquecer y privar de sentido a los cazadores y sus presas que tanto disfrutan de ellas. ¡Y simplemente estamos comprando ropa! Sólo con bajar un poco el volumen -pedir que cambien de música sería demasiado-, la cosa se enmendaría algo. Creo que intentan que el oído del comprador se vaya llenando de notas fecales hasta que pierde la razón y compre compulsivamente. En muchos casos, los que tengan algo de gusto por el arte de la música, huirán a zonas menos contamindadas acústicamente.
En las tiendas pijas/horteras no sé qué "pincharán", puesto que como ya he dicho no frecuento. Quizás pasodobles, que a lo mejor es más soportable que la otra basura.

Y ni intentando contrarrestrar la tortura auditiva con algún reproductor que llevemos encima podemos ganar la partida. Los decivelios del excremento siempre ganan a los tuyos, aunque los lleves directamente al oído. La pestilencia sigue castigando tu cerebro sin piedad, sin descanso, sin miramientos. Y es que vaya "música". Un pum, pum, pum constante, sin armonía, sin cohesión, sin alma. Es antimúsica, un atentado al buen gusto. Ojo, me estoy refiriendo a esta en concreto, no se me vayan a enfadar los fanáticos.

¿Tanto cuesta poner música normal, audible, no martirizante? Tampoco poner una música poco comercial -ésta no la entendería la mayoría de los clientes al ser normalmente de mayor calidad-, pero algo que no te golpee como si fueras un pelele. No sé qué haré la próxima vez que intente entrar, espero no perecer en el intento. ¿No dicen que ahora se puede comprar desde la casa de uno? Habrá que pensárselo.

En fin, que después del esfuerzo de ir a comprar, tenemos que intentar no fallecer ante el ataque despiadado que sufre nuestro órgano auditivo. Al final, volvemos a casa extenuados y casi sin sentido, y si es con las manos vacías ya podemos tener a mano algún tipo de tranquilizante, porque si no podemos hacer cualquier barbaridad en semejante estado de enajenación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario