jueves, 4 de noviembre de 2010

Conformismo patológico


Hay que ser tonto. Tonto o carecer del más mínimo sentido común.
En general actuamos conforme a los preceptos que en cierta medida nos impone la sociedad en la que vivimos o intentamos vivir. Somos animales de imitación, necesitamos seguir un camino para no desorientarnos y no perdernos en un mar de dudas e inseguridades. Normalmente hay que seguir una artificial e impuesta "ley de vida" para no ser un salvaje o apestado.

Mucha gente roza el patetismo más absoluto cuando se entregan a estos supuestos dogmas, cuando no están dentro del círculo trazado por ciertas ideas normalmente antediluvianas. Podemos ver, por ejemplo, cómo las ideas políticas pasan de unas generaciones a otras sin ningún tipo de filtro, como si de genética se tratara. Me explico. Esto se da mucho en casas "de derechas". Siempre vamos a ver cómo los hijos tendrán las mismas convicciones -si es que se les puede llamar así- que sus papás. Difícil ver unos pijos que no sean de esta tendencia que hablo, todos, generación tras generación.

Otra "ley de vida" que debe seguir un buen borrego sin remisión, es la de "tener pareja sí o sí". Esta es incluso más flagrante. Ahora se da menos, pero antes era muy común críticas encarnizadas hacia alguien que careciera de una mujer o de un hombre. Ya sabéis, se hablaba de solterones y demás gilipolleces, sobre todo entre los corrillos de familiares y vecinos más mugrientos.
En fin, que muchas, muchísimas relaciones se consuman porque así está reglado. Hablo de relaciones serias. O sea, el hecho de decir "tengo que echarme novio o novia". Si ya es difícil encontrar gente normal, con un mínimo de interés, aún lo es más enemorarse de alguien. Y no digo enemorarse de boquilla, como suele pasar. Hacerlo de verdad. La inmensa mayoría llama "mi novio o novia" a diez o quince polvos mal echados, o a la primera tipa que le eche una mirada por la calle en el caso de mucho hombres. Se conforman con la persona más a mano, con lo primero que llega. Por ello la altísima tasa de relaciones fracasadas.

Sí, en las relaciones de pareja es donde más se da este incorfosmismo que roza lo inexplicable -y lo estúpido-. Podemos ver a diario gente que se conforma con tener una basura de persona al lado sólo por el mero hecho de "estar con alguien". Esto es de un patetismo infinito. Alguien que convive, a ratos o en el día a día con otro que sabe que no vale absolutamente nada, pero que compensa el no estar solo o sola. Y si la cosa dura, si se consigue soportar una compañía auntoimpuesta, con el tiempo aparecerá el cariño, que no amor, por compasión o por aburrimiento. Estas personas "se creerán el amor", olvidando ese comienzo más o menos obligado y escogido por falta de candidatos.

Estas leyes afortunadamente sólo son acatadas por la gente más básica y endeble, llevándoles a una vida estéril de sumisión ante las "obligaciones" impuestas.
Sólo he puesto dos ejemplos, pero podrían ser más, muestras del encorsetamiento al que muchas veces nos vemos compelidos por lo que nos rodea. ¿Será el precio a pagar por vivir al amparo de una sociedad?

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