viernes, 3 de diciembre de 2010

"La vuelta al mundo en 80 días", la apuesta más famosa de la Historia


Mucho tiempo llevaba un viejo ejemplar de La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne, 1873) en la estantería de mi casa esperando su turno. En una edición antigua, de esas con motivos dorados en la cubierta y el lomo, y con el amarilleo del tiempo en sus hojas, era un clásico que tenía que coger antes o después.

Hace poco me decidí. Antes de comenzar una lectura densa y exigente que sabía que me esperaba con Haruki Murakami, opté por otra que sabía era directa y sencilla.

A nadie se le escapa que Julio Verne fue un visionario y uno de los grandes autores de lo que podríamos llamar ciencia ficción y aventuras. Su obra es conocida por todos, incluso por los no aficionados a lectura y títulos como Viaje al centro de la Tierra (1864), 20.000 leguas de viaje submarino (1869) o 5 semanas en globo (1863) son parte de la memoria colectiva. Igualmente sus novelas han inspirado, con mayor o menor fortuna, varias películas.

Centrándonos en este libro, la historia es sabida por todos, casi desde nuestra infancia gracias a aquella magnífica -y sorprendentemente fiel- serie de dibujos animados que siempre conservaremos en la memoria con gran cariño. Un señor inglés -muy inglés-, Phileas Fog, apuesta con los miembros de su selecto club a que es capaz de dar la vuelta al mundo en 80 días, ni un segundo más, y para ello pondrá sobre la mesa 20.000 libras si no lo consigue. Evidentemente ante tal improbable cosa, sus escépticos amigos aceptan sin dudarlo.

Una de las cosas que más me han llamado la atención y que me parece muy acertada, es la marcada personalidad de Mr. Fog. Además de su flema inglesa llevada casi hasta la exageración, su impasibilidad ante cualquier situación es pasmosa. No se inmuta ante nada, ante ninguno de los múltiples problemas que se le presentan en su difícil viaje, y vemos que esta tranquilidad le sirve a su favor, sin perder la calma porque sabe que siempre hay otra alternativa o solución a su problema. El final le dará la razón. Es un hombre de hábitos estrictos y pocas palabras, lo que hace que su protagonismo esté en un aparente segundo plano.

Su acompañante, que se hace llamar Picaporte, lleva todo el peso narrativo de la historia. Es él el que siempre está en situación. En todos los avatares del viaje siempre está presente, e incluso el relato se separa en varias ocasiones de Phileas Fogg para centrarse en su histriónico compañero. Un personaje que rápidamente el lector hace protagonista y guía del viaje.

Pero Verne no quería que los problemas de Mr. Fogg fueran solamente derivados del viaje, del tiempo o de los retrasos de los transportes. Muy inteligentemente introdujo a un detective que le sigue los pasos con intención de detenerlo debido a un supuesto robo que se había cometido justo antes de partir, y creían como culpable al viajero. Esta "persecución" añade aún más dificultades y complicaciones a la apuesta.

Y también hay chica, claro. La joven que es rescatada cuando iba a ser quemada en una selva de la India. Este personaje creo que debería de haber estado más trabajado y profundizar un poco en él. Apenas interviene en la historia y es sólo al final cuando obtiene un papel un poco más relevante -y hay que decirlo, decisivo-. Es lo que podríamos llamar una mujer florero, que podría haber dado más de sí.

Muy ingenioso, como no podía ser de otra forma si hablamos de Verne, cómo consiguen sortear algunas de las trabas, como cuando sustituyen el tren por un trineo o queman todas las maderas de un barco para obetener el "combustible" que les faltaba. Incluso el elefante hace de extraordinario y casi más efectivo medio de transporte en la selva. Imaginación ante todo.

Una lectura muy amena, divertida y entretenida. Una aventura que incluso un poco más de envergadura no le hubiera venido nada mal. Todo un clásico en la línea de su magnífico escritor. ¿A quién no le gusta Julio Verne?

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