viernes, 4 de noviembre de 2011

Los milagros verdaderos

Hace poco, al abrir el periódico o ver los telediarios, podíamos ver una noticia que por lo menos a mí consiguió arrancarme una sensación agradable e incluso de alegría. Y eso en estos tiempos donde todo está patas arriba, con países que se hunden, mercados que se derrumban, familias desahuciadas, niños secuestrados o asesinados, imbéciles que ríen de la justicia, maltratos de todo tipo y un sinfín de calamidades, ocurre sólo en excepcionales ocasiones. Se trataba del éxito de una operación intrauterina a un feto que padecía de "espina bífida" en un hospital de Barcelona. Esta malformación ocasiona a los pacientes un sinfín de síntomas que hacen de la vida un auténtico sufrimiento (algunos no pueden ni caminar, carecen de control de esfínteres, etc).

Por esto, porque a estos pequeños que puedan nacer con esta terrible tara se les abre una puerta a la esperanza, uno se siente agradecido a los progresos que constantemente se hacen en la ciencia y la medicina -pese a las reticencias de las nauseabundas voces ultraconservadoras- para facilitarnos las cosas a los que podamos tener la mala fortuna de padecer según qué mal con el que esta vida tan bromista nos esté aguardando.
Pero es curioso -y descorazonador- el poco reconocimiento que tienen esas personas que hacen lo imposible por sanar nuestros frágiles cuerpos. Apenas se ven agradecimientos a esos médicos, científicos e investigadores que gracias a su enorme talento son capaces de devolver la vida o hacer de ésta algo un poco más digno. Pocas veces se enaltece el trabajo -vale, a muchos se les dan premios, pero no sirven para nada- por ejemplo de un cirujano y su equipo que durante 3 ó 4 horas han tenido la vida de un ser humano en sus manos, con la terrible presión de saber que una persona puede morir si tiene el más mínimo desliz. Una vida, con todo lo que ello implica y pocas veces pensamos lo importante que es eso cuando no se trata de la nuestra. Y los médicos son capaces de devolverla si la medicina actual se lo permite. Y no, no están lo suficientemente reconocidos. Vamos al hospital, nos operan o nos curan una grave enfermedad y nos vamos a casa muy alegres por poder seguir viviendo tan tranquilos, sin pararnos a pensar en el milagro que cierto profesional ha obrado en nosotros (pero esto es lo normal, el ser humano es desagradecido por naturaleza). Un tipo que no hemos visto en nuestra vida, que nunca hemos intercambiado una palabra con él (o ella) y que quizás nunca nos lo hubiéramos cruzado, nos evita la muerte o nos permite una existencia más agradable. Esto, de verdad, es impagable. Un auténtico milagro que es imposible de agradecer en su justa medida.

Y lo que de verdad me indigna de este tema, son las complicaciones y obstáculos que han de superar estos profesionales para poder dar con la cura a una determinada enfermedad o poder ejercer su trabajo, que al fin y al cabo, tiene como fin último algo tan capital como salvar una vida. Y en cambio hay otros colectivos cuyo único mérito es, por ejemplo, jugar con una pelota o conducir un coche más rápido que los demás, y sólo por esto son multimillonarios, enaltecidos, endiosados por unas masas enfervorecidas como si de deidades se tratara. ¿No es para pensar un poco en el porqué de esto? Carece de toda lógica humana el hecho de que unos individuos que sólo hacen deporte-espectáculo ganen millones de euros y los que trabajan para mejorar nuestra existencia tengan sueldos, por decirlo así, normalitos -no digo que vivan en la indigencia, pero sus retribuciones no son ni por asomo proporcionales al servicio que prestan-.

Porque, ¿qué hace un futbolista? Sí, entretiene e incluso hace feliz a mucha gente, vale, pero no es mérito ese, tan simple, tan pueril, como para tener un bolsillo hasta los topes de dinero fácil. Y vale, también es un negocio enorme el que se sustenta gracias a esos peloteros, con miles de euros en publicidad, fichajes, imagen y otras tonterías que a las personas "terrenales" no nos importa lo más mínimo. ¿De verdad a nadie le cabrea todo esto? A mí sí. Y mucho. No me vale escuchar o leer, como leía hace poco a un eminente escritor de este país, que Ronaldo o Messi tienen un enorme mercado detrás. No, porque lo que hacen, su mérito, no es para ser tener unos sueldos con los que se puede sacar de la pobreza a medio país (es un decir).

La medicina, la ciencia, la investigación son dedicaciones muy sacrificadas, esclavizan mucho más de lo que la gente piensa, y estos obradores de verdaderos milagros, en muchas ocasiones se ven con trabas en su empeño, en forma de recortes, falta de subvenciones, de fondos, y más en un país tan asquerosamente atrasado como es España. Y los otros, los del balón y el coche acomodados con sus publicistas y patrocinadores pegados a su culo pagándoles millones por lucir careto y cuerpo en sus anuncios.
¿No es para indignarse?

Votos de pacotilla


Se acercan las elecciones. Ahora toca escuchar a los maleantes políticos de ahora y del futuro exponer sus estériles propuestas para intentar reflotar un país que casi no tiene arreglo (y no sólo económicamente, si fuera sólo eso el problema sería mucho menor). El problema viene de muy atrás, de hace años (¿siglos?), España dejó de lado el camino de la sensatez y el progreso y ahora cuatro imbéciles de corbata y verborrea fácil no nos van a sacar del vertedero, eso debería saberlo todo el mundo.

Pero ahora hay que votar. Ese gesto básico de la democracia que en el fondo es una patomima -no por culpa del que vota, sino porque uno vota unas propuestas que luego no se cumplen nunca- pero que es preferible a lo que tendríamos si este simple acto nos estuviese vedado. Sí, votar es un gran gesto pero sirve de poco. Hace un tiempo, escuché en la tele a un chaval muy cabal y aparentemente inteligente que decía que había un precepto anarquista que rezaba algo así como que "si votar sirviera de algo, no nos dejarían". Creo que es una verdad como un castillo. Los políticos, votemos lo que votemos, van a ostentar sus puestos de privilegios, unos un poco más arriba o unos un poco menos, pero todos ahí, en la cúspide del poder y viviendo de sus privilegios casi ilimitados.

Pero dejemos de lado si la papeleta sirve o no sirve para algo. Centrémonos en el hecho en sí. En el porqué del voto. Me llama poderosamente la atención el motivo de muchísima gente para votar a tal o cual partido. Porque existe gente, aunque parezca una broma, que desde sus más tiernos dieciocho añitos vota única y exclusivamente al partido que papá y mamá le dijeron, a ese que nunca dejará de votar toda la familia por muy lamentable que sea el partido beneficiado. Y vale, un chaval en las puertas de la edad adulta, probablemente poco avezado en cómo le va a un país y con escasos ideales políticos, puede que su primera vez vote al partido que ha mamado, y la segunda hasta es admisible. Pero cuando su vagaje en la vida ya es más amplio, y sigue introduciendo el papelito en la urna con las instrucciones de papi y mami, ya es más preocupante. Si vota con convicciones reales es totalmente lícito e irreprochable, pero cuando lo hace mecánicamente, sin pararse a pensar lo que vota, es un acto de irresponsabilidad absoluta.

Otro aspecto lamentable en las elecciones es el voto por obstinación. Esto es, votar a "tu" partido. Y si "tu" partido de toda la vida es una mierda, da igual, se sigue votando hasta el fin de los días. Este voto es todavía más estúpido e irresponsable que el voto heredado que explicaba antes. Imaginemos, por un momento, que el denostado Zapatero vuelve a presentarse a las elecciones. Pues puedo afirmar a ciencia cierta que los acólitos del PSOE, los más acérrimos y descerebrados, volverían a votar a tan magno inútil. En el otro lado ocurre igual, esa figura atroz y maquiavélica que es Aznar (Ánsar para los amigos) tiene toda una legión de fieles que dan los vientos por su retorno.
Los que volverían a votar a estos dos lamentos con resección encefálica, argüirían que votan a tal o cual porque son de izquierdas o de derechas. No, mire usted, usted es imbécil. Porque si el líder del partido al que votas es un despojo político -que suele ir asociado con ser igualmente un despojo de persona-, tú no eres ni de izquierdas ni de derechas, eres o sociata o pepero.

Lo que va a ocurrir en las próximas elecciones va a ser un ejemplo claro de lo que digo. Rajoy va a obtener mayoría absoluta siendo un patán, un fraile político cuyo programa es nulo. Ojo, no digo esto porque Rajoy sea de derechas (ejem, quería decir de centro), eso me trae sin cuidado. Si una persona de derechas, con conciencia de lo que vota, no es consciente de la inagotable incapacidad de este hombre, es que no tiene una capacidad analítica mínima. Pero el problema de Rajoy no es solo él en sí mismo -dejando a un lado su contrastada inutilidad-, a mí me cae bien y lo veo un tío moderado y alejado de extremismos, sino los que lo rodean, que son gente radical, visceral y abyecta; no hay más que escuchar las barbaridades que escupe el señor Pons, a la señora Mato (sí, esa pija -pijísima- que dice que los niños andaluces son analfabetos) o a ese robot que es Cospedal. Una colección de monstruos muy completa. Es lo que vamos a tener. Es más, el único que se ha manifestado abiertamente alegrándose del fin de la actividad armada de ETA ha sido Rajoy, desmarcándose de las miradas hacia otro lado de sus "subordinados".
Pero igual digo del candidato socialista, ojo. Rubalcaba viene de hacer una política nefasta junto a ZP, y pese a parecer un tipo inteligente e íntegro, si no consiguió enderezar la situación cuando estaba en las altas esferas socialistas ahora no va a ser cuando lo consiga. A su antecesor, el de la ceja, le pasaba algo parecido a lo que le va a pasar a Rajoy, estaba rodeado de gente incapaz. Y si en el caso del partido de la gaviota los satélites son totalmente abstrusos, los de Zapatero eran analfabetos integrales, como José Blanco, un individuo cuyo semblante de bobo es reflejo de su limitadísima competencia, o Leire Pajín, a todas luces una persona que no debería ostentar un cargo tan importante como el de ministra. De los de Rubalcaba, como se sabe nada ni se sabrá, no opino.

Esto es lo que hay. Muchos votarán al partido de sus papás, otros al de su "bando ideológico" aunque su líder sea un bacín, y unos pocos lo harán con cabeza, atendiendo a su convicción política pero también a la razón. Porque, aunque un voto sirva de poco, es un derecho por el que aún hoy se lucha y se muere en muchos países. Así pues, votemos con conciencia.

viernes, 28 de octubre de 2011

Vida de lidia

Hay vidas desgraciadas. Siempre las ha habido y siempre las habrá. Y no precisamente debido a la criminal crisis que sufrimos, que también. Vidas cuya existencia no valen un ardite. Y normalmente estas existencias errantes pertenecen a personas nobles, de gran espíritu y de sentimientos altivos. Jamás comprenderé el porqué, pero es así.
Y al ver cómo hay gente cuya vida va dando tumbos, sin conseguir ni siquiera una migaja de fortuna por muchos años que pasen y esfuerzos -a veces sobrehumanos- que hagan, sin obtener de su tránsito vital poco más que miserias y ruindad, no puedo evitar pensar en la comparación, quizás un poco exagerada o rebuscada, lo sé, con lo que le ocurre a un toro en la plaza donde va a morir.
Porque nada más salir al ruedo, ya lleva el condenado una divisa clavada, para ir abriendo boca. Los primeros compases de la faena -de la vida- son unos capotazos para mermar la vitalidad que exulta. Poco a poco su fuerza se va apagando, pero aún tiene arrestos para proferir embites Y así, para reducir la energía que pueda tener para seguir embistiendo -viviendo-, es picado con una lanza de gruesa punta, no una, ni dos, ni tres veces, sino en repetidas ocasiones. El animal ya empieza a sangrar, a verter su fluido vital a borbotones. Se continúa con unos muletazos reduciendo aún más las capacidades del noble animal. Uno por aquí, otro por allí, todo un espectáculo.
Le siguen las banderillas. Auténticos arpones, incrustados a pares en el ser del astado. Sus heridas ya son lacerantes, y a cada movimiento, se van abriendo más y más, al seguir clavadas en su espalda hasta 6 puyas. Un movimiento, otro y otro, y la sangre escapando sin remisión. La llama, al principio tan ardiente, se consume poco a poco. Por último, una estocada, limpia, certera, directa. El toro cae, aterida su alma, destrozado su cuerpo, sin saber porqué.
Y cuando ya ha caído, cuando ya es imposible recuperar su imponente fuerza primigenia, cuando ha sido humillado, cuando ha mordido el polvo, con el corazón cercenado por el acero, llega, irremediablemene, la puntilla.
Sí, siempre hay una puntilla. Cuando no crees que la situación puede ser peor, cuando en la oscuridad no caben más sombras, cuando no tienes más sangre que ofrecer, la puntilla penetra en tu ser hasta conseguir arrancarte el último estertor, hasta que no puedas levantarte por más asideros que te presten.
Sí, todo puede ir a peor. Siempre.

martes, 18 de octubre de 2011

Tontos a domicilio

Vecinos, esos seres que cuanto más lejos los tengamos mucho mejor. La mayoría son molestos, chismosos y maleducados. Sujetos con los que estamos obligados a cruzarnos casi a diario e incluso compartir espacios tan recucidos como un ascensor y tener que recurrir a comentar el tiempo para que el silencio del trayecto no se haga más incómodo. No nos gusta cruzarnos con el vecino, eso es innegable. Y si son vecinos de los de toda la vida, esto es, de los cotillas y fisgones, pues peor que peor.

Las
marujas -aunque no sean el objeto de esta entrada, como luego veremos- son el ejemplo más clásico de vecinos inmundos. Estas criaturas, de lengua bífida y finísimo aparato auditivo, viven por y para saber de las mierdas de sus vecinos, y si es necesario pegar la oreja a la pared, la pegan. Estas destripavidas, con su infecta condición, se reúnen luego en sus corrillos de radio macuto para pasarse de unas otras las novedades más morbosas de las que se han echo eco a través de las paredes o de los patios de forma sibilina y rastrera. Son las pústulas del vecindario, cuya vida es tan anodina y falta de interés que tienen que buscar sustento en las cotidianidades de sus alrededores. Y si algún día no tienen la boca infestada de excrementos, se los inventan y salen del paso en el mencionado corrillo de liendres que conforman.

Pero como de estos esperpentos no hay que preocuparse -cuando sí hay que preocuparse es cuando nos critica alguien más inteligente que nosotros, y por supuesto no es el caso- vamos con los que de verdad te pueden joder la existencia. Porque si vives en una ciudad universitaria, probablemete sepas que estoy hablando de los estudiantes. Esos jóvenes que se suponen están haciendo una carrera y que si tienes la suerte en contra te van a joder noche tras noches sin importarles lo más mínimo tus intentos infructuosos de descanso.
El caso es que como estos chiquillos son cada vez más estúpidos, ya no hay año en el que tengas la cantinela pegada a tu cama religiosamente a la hora de dormir.

Sí, la inmensa mayoría de estos futuros médicos, abogados, arquitectos -o parados, que es lo más probable- no tienen una educación ni respeto mínimos. Con sus botellones, charlas, por supuesto a voces, músicas, golpes e incluso peleas a altas horas de la noche hacen que uno esté en su cama con cara de tonto y acordándose de la putísima madre que los parió por haberlos echado al mundo. Y guárdate de llamarles la atención o avisar a la policía... ¿A quién se le ocurre poner música -o lo que mierda sea eso- a la una o dos de madrugada, sin pensar en el por culo que puede darle a la gente vive a su alrededor?


Siendo este el cuarto año consecutivo -repito, cuarto año consecutivo- que sufro a estos maleantes disfrazados de estudiosos puedo afirmar que su falta de adaptación a vivir en sociedad es infinita. Son fiel reflejo de una sociedad que no camina en la buena dirección, porque si estos payasos descafeinados son el futuro de un país, apañados vamos. Si con 20 ó 25 años no saben lo que es el respeto, la educación y el saber estar, no lo van a saber nunca. Si con más de 20 años eres un desecho de persona ya lo vas a ser toda tu vida. Y desgraciadamente es lo que hay. Porque el ejemplo que ponía de mis 4 años viviendo rodeado de escoria en descomposición, no han sido con los mismos fulanos -y fulanas-. Cada año académico han ido cambiando y la cosa ha seguido igual. ¿Ni uno normal, que se diga que a partir de ciertas horas es mejor bajar el volumen de la voz, de escuchar música -repugnante- en sus cascos y dejar los botelloncitos para los rediles habilitados al efecto?


Porque los mastuerzos estos al fin y al cabo lo que perpetran es una invasión de tu intimidad. A uno no le apetece estar en su casa, estudiando, leyendo o haciendo lo que le salga de las narices y estar escuchando mamarrachadas de los tontos de turno. Ni mamarrachadas, ni música de una calidad ínfima, ni cómo hechan el polvo del día.
Y pensar que estos escombros poseerán un título universitario es, de verdad, para echarse a llorar...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Patanes del lenguaje, maestros de la mentira

Mentiría si dijera que me sorprendí al ver la noticia. Hace ya unas semanas de aquello, pero no me resisto a hablar sobre ello, porque la cosa tiene guasa. El titular de prensa rezaba así: "Esperanza Aguirre envía una carta a 21.000 profesores con faltas de ortografía". Recordemos que esta mujer, muy amiga de "lo privado", es presidenta de la Comunidad Autónoma más importante de España, y una de las cabezas visibles de uno de los dos partidos mayoritarios del país, y que próximamente regentará la Presidencia del Gobierno.
Viendo la misiva, se puede observar cómo esta poetisa prescinde la tilde en adverbios como "más", o en otros casos como "está" cuando actúa como verbo. Lamentable que una política, que es un alto cargo, una presidenta, cometa fallos tan garrafales como estos. Incluso pone mayúsculas a palabras que no deben llevarlas, en un alarde de ignorancia gramatical indigno de alguien al frente de una ciudadanía que ha puesto su confianza en ella -no sé en qué se basarían, la verdad-.

Cabe recordar que esta señora, al ser preguntada por Saramago, contestó que no conocía a ninguna Sara Mago, poniendo de manifiesto sus "enormes" conocimientos culturales y literarios. Pero desafortunadamente, esta política de bajo calado y alta alcurnia, no es la única cuyos conocimientos básicos son escasos.

La mayoría de los dirigentes y mandamases que están al frente de nuestro país -y esto habla muy mal de los que votamos- son poco menos que escolares gramaticales (y digo la mayoría, no se me vayan a enfadar los fans de la señora Aguirre, que son muchos, muchísimos). Tan sólo con fijarse un poco en sus discursos, podemos advertir lo vacíos que están de vocabulario, de manejo del lenguaje y de capacidades lingüísticas. Claro, la mayoría de las personas a veces cometemos faltas, eso es casi inevitable, pero a los políticos estos fallos no se les puede perdonar. Es como si un dentista no supiera esterilizar o un carnicero afilar un cuchillo. No, no dan ejemplo de civismo cultural cuando salen a escena.


Pero es normal, hoy día, cualquiera con un poco de ambición, ansia de poder y claro, falta de escrúpulos puede ser político a nivel nacional -y europeo- (los que verdaderamente valen la pena nunca llegan a nada, y así nos va). La política es un buen negocio para vivir, y vivir bien. Teniendo unos conocimientos básicos de legislación y un poco de derecho, lo mínimo, podemos ascender -trepar- plácidamente hasta un puesto donde podamos vivir a cuerpo de rey diciendo tan sólo mentiras y ambigüedades. Adornando nuestras peroratas con cuatro palabros de corte jurídico que el pueblo llano no entienda, ya tenemos parte del camino listo. El que pueda, que lo haga, y el que sea honrado, que se despida del chollo.

Como hemos visto, no necesitas ni cultura.
Da igual no saber escribir, ni hablar -recordemos: las "miembras" de Bibiana Aído-, ni siquiera tener educación -recordemos: el dedo de Aznar a los universitarios-, sólo reuniendo los requisitos, muy básicos, y siendo idiota, mentiroso, calculador, ambicioso e incluso teniendo mala imagen (¿hay algún político que no de pena verlo?), tienes el futuro solucionado en un puesto de privilegio donde lo único exigible es saber mentir hasta cuando duermes y ser un inoperante absoluto. Y no hace falta más, ni siquiera saber acentuar "más".

martes, 20 de septiembre de 2011

'La voz dormida', evocando el olvido


Puede que los lectores asiduos, todos o casi todos, le tengamos un cariño especial a ciertos libros. No es que nos hayan gustado mucho más que otros, o que consideremos que su prosa es excepcional, o que su historia sea compleja hasta decir basta. Me refiero a esos libros, que de repente aparecen en nuestras vidas, que no esperábamos de ellos más que un agradable y enriquecedor entretenimiento, y se convierten en un recuerdo indeleble de nuestra memoria, de nuestro yo lector, y por ende, de nuestra vida. El libro que ahora traigo a colación, merece estar entre ese grupo de elegidos, por muchos motivos, pero no adelantemos acontecimientos.

Este no
es un libro al uso. Es un trozo de memoria, un pedazo de sufrimiento de un pueblo que nunca debió vivir un drama como aquel. Una tierra desangrada por una guerra sin sentido, que años después seguía bajo el yugo de los opresores. Y esta obra habla de precisamente sobre eso, sobre unos años atroces condenados a permanecer en carne viva hasta que la memoria decida extirparlos, que los odios y rencores sean enterrados bajo la comprensión de por qué pasó aquello, me refiero, a la Guerra Civil Española. Esto es 'La voz dormida', un manifiesto para no olvidar los sufrimientos y despojar los odios.


Dulce Chacón -muerta prematuramente por un cáncer fulminante de páncreas- traza en sus páginas un relato ameno, simplista, estructurado en cortos capítulos, con un lenguaje sencillo pero sin concesiones. Las vidas de una mujeres encarceladas por el Régimen es el marco en el que la autora nos golpea con la pérdida de la libertad, con las humillaciones y torturas, con la sin razón del odio al que no piensa igual, pero también nos regala esos momentos -pocos- que el ser humano es capaz de encontrar en las situaciones más penosas, y podemos vislumbrar esperanzas, arrebatos de ternura, pequeñas alegrías e ilusiones, ardientes amores y sobre todo anhelo de libertad.
Son sus personajes y sus pensamientos -sus sentimientos- los que consiguen que 'La voz dormida' toque nuestro ser más sensible. Imposible no estar allí con ellas, vivir lo que viven, sufrir lo que sufren. La narración no se acota a los muros de la prisión, igualmente vemos a través de los ojos de los que sufren tanto como ellas, los que se quedan fuera, sus seres queridos que viven el dolor de la pérdida y el miedo. El miedo a decir una simple palabra o hacer un gesto y ser enviados a un interrogatorio, donde las torturas y humillaciones eran el medio para hacer confesar. Sí, el miedo también forma parte de la historia -de nuestra Historia-.
Y no es necesario una descripción explícita de las infames torturas. Sólo con una somera alusión, Chacón, y esto es muy difícil de conseguir, consigue sobrecogernos, atenazarnos el corazón al imaginarnos -y no leerlo- lo que le pudo pasar a "esa que ya está muerta". O el uso de garbanzos para hacer hablar, la autora lo alude de soslayo, sin detalles, y aún así, sentimos un escalofrío. No entra en el estilo de otras novelas que también relatan el horror con una crudeza extrema, como esa demoledora y atroz barbarie relatada con todo lujo de detalles de 'Las benévolas'.

He leído en muchos sitios que es un libro imprescindible. Y lo es. Es un retrato necesario de lo que se vivió en la época más vergonzosa de España, un fragmento de dolor que impregna unas páginas que van más allá de lo narrativo, que ni mucho menos pretende abrir heridas, al contrario, sus líneas son un canto a la paz, pero también al recuerdo. Se dice muchas veces aquello de "hay que olvidar", y claro que hay que olvidar, pero los rencores, los odios por ideologías ridículas, las venganzas, pero jamás debemos olvidar la voces de aquellos que gritaron por un trozo de libertad, por las muertes de sus familias, por las injusticias, voces que quizás hoy, más de sesenta años después, siguen dormidas...

domingo, 18 de septiembre de 2011

Equinocio


Ya ha llegado el otoño. Y con él el fin del calor, del sol abrasador y de los molestos sudores de los que uno no puede huir. Afortunadamente la hoja ya ha empezado a caer, el sol se acuesta antes y el frescor de la mañana huele a humedad, a tierra mojada.
Es el otoño una estación especial, el cambio de color en el paisaje, el tapiz de hojarasca en el suelo, la anciana que asa castañas en la calle, las primeras lluvias...


Es la caída de la hoja el signo inequívoco de que hay un cambio, un viraje hacia lo bucólico, el verano se aleja y da paso a la estación más poética del año. El paisaje que pinta el otoño, con sus tonos ocres, amarillos, rojizos en los maravillosos bosques de hoja caduca, es una invitación a la melancolía y la evocación. Son trazos de colores atemperados por los rayos de sol que bañan la cobertura cobriza con la que se abriga la tierra.


Y sin saber por qué -misterios de la vida-, los meses de octubre y noviembre producen en mí extrañas reminiscencias del pasado, no sé de dónde vienen, ni por qué están en el fondo de mi subconsciente, pero son agradables, líricas e incluso nostálgicas. Puede que sea la conjunción de elementos cromáticos, junto a los olores del alba, sensaciones en nuestra piel o el crujir de esos trozos de naturaleza que acaban bajo nuestros pies.
No acierto a adivinar el motivo de esas sensaciones, pero son un regalo, que cada año, nos brinda la que es sin duda, la época más bella del año.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Una moneda al aire


Una moneda con dos caras. Puede que nuestro paso por el mundo se resuma en algo tan simple, y a la vez tan complejo como eso. Quizás es reducir demasiado una vida entera, pero creo que la definición es fiel a la realidad, y si no fiel, aproximada. Sobre todo para los que tenemos la convicción de que el motor del mundo -y por tanto de todos los que en él vivimos- es el azar, o lo que muchas veces nos obstinamos en llamar erróneamente "suerte". La idea más extendida que se tiene sobre este pensamiento, se apoya en algo tan fantasioso como el destino, y diríase que el 80 ó 90 por ciento de las personas creen a ciegas en que los avatares que suceden en nuestras existencias están escritas en un éter imaginario, un archivo celestial o vaya usted a saber.

Los que no creemos en brujas ni fantasías, y nos apoyamos en la lógica natural de las cosas, aceptar que nuestras dichas y desdichas, las alegrías y las desilusiones, los reveses y las caricias, están preescritas, son preestablecidas, es algo impensable. Opino, y comprendo que pocos compartirán esta opinión, que el camino existencial se rige por azar, casualidades que determinan que un día cruces la calle en mal momento, que escribas los números afortunados en la lotería o veas esa oferta de trabajo que tanto deseabas. Hasta nuestra propia existenta, tal y como somos ahora, al ser humano me refiero, es producto de esto que digo. Ya lo decía Darwin en su teoría sobre el origen de las especies, y que constituyó el golpe mortal a los pensamientos sobre un mundo prefabricado por fuerzas divinas (mortal a muy largo plazo, porque un siglo y medio después aún hay millones -millones, repito- de personas ancladas en el mundo de generación espontánea). Porque decía Darwin, un poco a grosso modo, que las especies evolucionan unas de otras, no aparecen de la nada. ¿Y cuál es el motivo de esas evoluciones, de esos cambios? Por todos es sabido que las mutaciones, alteraciones accidentales en el ADN que si son positivas prevalecen y si son negativas normalmente se eliminan. Estos cambios genéticos no atienden a otra cosa que no sea casual, y por tanto, como decía antes, determinan el mundo. No hay más.

Si nos detenemos un poco, por ejemplo, en el amor (de pareja), ¿no es éste fruto del azar? O mejor dicho, su encuentro. Si obviamos el "amor" de "este mismo porque no hay otro", y nos centramos en el de verdad, que ya sí es más escaso, ¿de qué depende su hallazgo? Pues de cruzarnos con esa persona, en ese instante y en ese lugar. ¿No es esto casual? Si hubiéramos ido a otro sitio, si no hubiésemos mirado en esa dirección, si nos hubiéramos encontrado en el camino a un amigo y cambiado de planes, ese encuentro no se hubiera producido. ¿Destino?
Incluso si atendemos a lo más importante que podemos poseer -aunque sólo seamos conscientes de ello cuando nos falta-, que es la salud, también mira a razones azarosas. Ese contagio por estar en el sitio inadecuado y con la persona infecciosa, el cáncer que es como una macabra lotería, el choque fortuito con el coche que puede dejarnos secuelas de por vida, igualmente todo esto está supeditado a la casualidad.

Evidentemente podemos influir en cierta manera en que ese azar nos favorezca, con los consabidos esfuerzos, búsquedas de fortuna, "fe" y similares, pero esto no es ni mucho menos determinante en la obtención o pérdida de nuestros anhelos y deseos, y si no preguntemos a esos desdichados, puede que con una familia detrás, que por más que hacen, buscan e incluso rezan no pueden seguir adelante, golpeados por algo que escapa a sus posibilidades de influir en ello.

Volviendo a lo que decía en la frase que abría el artículo, esa moneda que es la vida, puede ser que estemos continuamente lanzándola, y que unas veces salga cara y otras cruz, esto es lo más habitual. Pero tembién se dan casos extremos, y en absoluto parecidos. Hay a quien la eternidad le concede caras infinitas, otorgándole una vida plena, sin fisuras (salvo las establecidas por los preceptos obligatorios de la existencia, esto es, muertes, enfermedades, etc). Y hay quien continuamente ve una cruz, una cruz que se resiste a virar y por más veces que lancemos la inmutable moneda siempre se obtiene el mismo resultado. Con esto, también hay que aprender a vivir...

jueves, 28 de julio de 2011

Sobre la venganza, el olvido y el perdón


Tres vertientes que aparentemente forman parte de un mismo tríptico, contrapuestas pero a la vez entrelazadas entre sí. Una puede derivar de la otra y la otra de aquella. A veces no se distingue entre las tres, se confunden cuando en realidad son conceptos totalmente dispares, que sin duda no deben ser parte de un todo. Las diferencias son evidentes, pero en infinidad de ocasiones no somos conscientes de ello. Si tienen algo en común, se podría decir que es su origen, el tronco del que se ramifican, esto es, comparten un mismo punto de partida, pero luego divergen y terminan por tener pocas similitudes.
La evolución común del proceso podría ser el que sigue: nos hacen un daño -a nosotros o a alguien querido-, no podemos perdonar, no olvidamos e intentamos vengarnos. Simple. Y cuando digo vengarnos, no estoy diciendo que se mate a gente por venganza, como pasa en la ficción -y muchas veces en la realidad-, pero sí intentar provocar algún perjuicio a esa persona, pasar de ser víctima a verdugo.
Es comprensible, el dolor nos hace hacer -y sobre todo pensar- cosas demenciales, irracionales a veces, y hay que estar en la piel del otro para intentar comprender ese movimiento de cuasilocura.
Parece ser que la venganza es un sentimiento inherente del ser humano -otro de tantos, tan irrefrenables como primitivos-, que no tiene ningún beneficio para uno más allá de una supuesta satisfacción por el castigo impuesto al "enemigo". Pero hablar del objeto de la venganza cuando no se tiene ese deseo insaciable no tiene sentido. No podemos entender qué lleva a intentar devolver el golpe encajado si no lo hemos recibido. Pese a lo reprobable que pueda ser, o lo irracional de su objetivo, este sentimiento ha servido a un buen puñado de obras artísticas para construir historias atrayentes, hipnóticas e inolvidables. Podemos citar grandes películas como 'Kill Bill' o 'Old Boy', libros como el magistral 'El conde de Montecristo' o videojuegos como la excepcional saga 'God of War'. En todas ellas la venganza es el hilo conductor para contar una historia brutal, implacable, pero que consigue que nos fascinemos y deseemos que sus protagonistas lleven a cabo su labor -una labor a todas luces reprobable, violenta, abyecta y puede que sin lógica-. Y nos gusta, sentimos placer al ver culminada la venganza sobre aquellos que merecían un castigo. ¿Por qué nos gusta?

Ahora bien, el perdón es cosa distinta, casi antagónica. Decía el personaje encarnado por Liam Neeson en 'La lista de Schindler' (pronto haré un artículo sobre esta proeza cinematográfica), en uno de sus más recordados diálogos, que el "perdón es poder". Y así es, el poder de dejar de lado el castigo, ignorar esa venganza que crece en el interior, es un verdadero acto de poder. Y es muy poco el perdón que se deja ver hoy en el mundo. No es que sigamos el estúpido precepto ese de "poner la otra mejilla", pero deberíamos pensar en dejar pasar muchas cosas, esas cosas que retenemos -puede que inconscientemente-, y no tener en cuenta muchas ofensas, perjuicios o calumnias. Es algo inútil.

Y nos queda el olvido. Puede que este sea el más alejado de los tres, el que está menos imbricado en ese triángulo. ¿Y por qué? Sencillamente porque olvidar no depende de uno mismo. Podemos perdonar, sí, pero ¿podemos decir que vamos a olvidar? ¿cómo sabemos que nuestra memoria va a eliminar esto o lo otro? No, el olvido no es algo voluntario, no podemos manejarlo. El problema es que cuando dices que "no has olvidado", esto se toma a mal, se malentiende porque se achaca a "no olvidar" un sentimiento de rencor, incluso de venganza y ausencia de perdón. Nada más alejado de la realidad, si no perdonamos no es porque sigamos guardando rencor u odio, o esas ganas de venganza, es porque sencillamente el manejo de la memoria no es un acto voluntario, no es mandar los recuerdos a la papelera de reciclaje con sólo un click. Por ello, el "no olvidar" no se debe tomar como una declaración de resentimiento, aversión e incluso desprecio.
Sólo nos queda decir aquello de: "perdona por no olvidar".

miércoles, 6 de julio de 2011

'Mejor que el silencio', más allá de la música


"Todo lo que siento es amor por quienes me aman,
quien me reclama y aclama haciendo brillar mi llama.

Siento el drama nacer, cada mañana en mi regazo,

pero encuentro placer en la sonrisa y el abrazo"

No es la primera vez que traigo a Nach al blog, ya coloqué una fantástica canción de su anterior album, 'Un día en suburbia'. Porque fue este un grandísimo disco de rap, impregnado de un sentimiento y una rabia incomparables. Sin duda es uno de mis discos de cabecera, con esa larguísima oda final dividida en dos partes capaz de hacernos flotar sobre sus estrofas. Un disco que era absolutamente genial, y que tenía momentos casi insuperables, o eso creía yo. Afortunadamente, me equivoqué.

Porque aquí tenemos 'Mejor que el silencio', obra que no me tiembla el pulso al colocarlo entre los diez mejores discos que he escuchado en mi vida, y debo decir que musicalmente no es parca. Y creo que por más que diga en este artículo, por más que lo alabe, por más que ponga de manifiesto la belleza de los versos que pueblan cada canción, no voy a hacerle justicia. Podría decir que este albun de Nach está por encima del bien y del mal, una compilación de poesías que trasciende el estilo que las ve nacer, que traspasan las meras etiquetas y alcanzan la excelencia a través de un camino lleno de magistrales rimas.
Dicen que la música es arte, igual que el cine o la pintura. Esto siempre habría que matizarlo; no toda la música ni todo cine es arte, porque el que diga que una película de Michael Bay o un disco de Carlos Baute es arte demuestra muy poco aprecio por lo verdaderamente artístico. Igualmente son muy pocas veces las que podemos usar el manido -y desvirtuado- adjetivo de "obra maestra". Aquí, ante una colosal obra de arte, no se puede usar otro término.

Sí, para gustos los colores, pero hay cosas incontestables, que no admiten lugar a duda (¿alguien puede decir que 'Casablanca' no es una cima del séptimo arte?, por ejemplo). Este disco de Nach es capaz de hacernos sentir, pensar, divagar, soñar, incluso padecer, al zambullirnos en esa marea de libérrima protesta que subyace entre la complejidad de sus composiciones. Sus letras flotan sobre el recuerdo de aquellos que murieron por la justicia y la libertad, sobre qué será del futuro en nuestra soledad, sobre la bondad y la maldad del ser humano, sobre la bella amante que puede ser la música, sobre qué haríamos si tuviéramos que elegir entre matar o que nos maten...
No es un disco de hip-hop al uso. En sus composiciones hay un halo de amor -y esto puede ser chocante en el estilo-, de paz y de respeto por la vida, por aquellos desfavorecidos, adornados por las notas de piano con las que Nach suele engalanar sus canciones como si de un suave cuento se tratara. Por poner un ejemplo, la preciosa canción 'Ellas', en colaboración con el gran Ismael Serrano, simplemente se ubica en tus recuerdos para no poder dejar de pensar en tan hermosas palabras, dibujando un preciocista recorrido por aquellas sensaciones que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas, esto es, la esperanza, la soledad, la pasión, etc.

Son tantos los versos capaces de hacernos sentir lo que narran, con una cadencia que poco a poco nos van hipnotizando, atrapando entre sus esquinas, instalándose en nuestra memoria. Y si tuviera la difícil tarea de elegir dos cortes -uno sería imposible, y dos casi también-, permitidme seleccionar dos que considero más que sobresalientes, por su sensibilidad, por su luz, por su compromiso:
La primera, 'Humano ser': muchas veces he hablado en este blog sobre la maldad humana, sobre las torturas que somos capacer de infligir a nuestros semejantes. Esta canción habla sobre eso, pero igualmente sobre la bondad, de esa dualidad de nuestro ser, que nos hace ser capaces de lo peor y de lo mejor, de amar y matar. Valga como ejemplo:

Los besos que se dieron, los muros que distanciaron,
los lazos que unieron, disparos que retumbaron,
los golpes que hirieron, inventos que deslumbraron,
Las luces y sombras que nombran al ser humano.
Los genios que inspiraron, abrazos que liberaron.
las guerras que asolaron, la sangre que derramaron,
los héroes que brillaron, villanos que torturaron,
las luces y sombras que nombran al ser humano.

[...] pintaste el olvido en guetos de Asia y África,
mientras entonabas sonetos repletos de frases mágicas.

Sin palabras, ¿verdad?


La otra canción, que repito, las incluiría todas -casi todas, porque bien es cierto que hay un par de ellas que sobran- , es 'El idioma de los dioses'. La canción que cierra el disco es un tributo a la música, a esa amante que "da sentido a mi existencia". Con unos primeros dos minutos absolutamente inolvidables, que más parecen una carta de amor que una canción, es la mayor declaración de admiración por este arte que sólo lo es a veces -en muchísimas ocasiones es maltratado vilmente-. Esa suave guitarra de fondo, ese piano inicial, el recuerdo de aquellas figuras como Michael Jackson, E. Morricone. Vivaldi o Bob Dylan, hacen de esta canción un broche perfecto para un conjunto que es mucho más que un disco, más que poesía, más que música.

A continuación os dejo estas dos canciones, sólo una pequeña muestra de un disco del que por último sólo puedo decir una cosa a su creador: gracias.


'Humano ser':




'El idioma de los dioses':




jueves, 26 de mayo de 2011

Tesoros de la memoria


Para la gente sencilla, la que realmente hace que vivir sea verdaderamente satisfactorio, son las cosas pequeñas las que de verdad hacen grandes momentos, las que pueden crear un recuerdo que por su simple belleza, quede grabado en el lugar de nuestra memoria donde se almacena lo que de verdad importa. Muy pocas veces somos conscientes de que esas mínimas acciones, o gestos, o incluso miradas, conforman un marco tan bello que su olvido es algo casi imperdonable.

Sin duda, una de las cosas más excepcionales que podemos ver, es, siempre a mi entender, la sonrisa de un niño. ¿Hay algo más bello y con mayor carga sentimental que esa sonrisa? Ya hablé hace tiempo del amor tan cristalino que emana de los niños, y una sonrisa venida de esa pureza es, por así decir, una gota pura de belleza. Normalmente no reparamos en pararnos y admirar este gesto, ni siquiera en intentar verlo, y si lo vemos lo obviamos y apenas mantenemos la vista en ese pequeño regalo.

Pero es como casi todo en la vida, nunca apreciamos (o casi nunca) las cosas verdaderamente bellas, las importantes de verdad, y perdemos la conciencia del momento vivido. Igual que no saber aprovechar -sentir- los momentos dulces de la vida, igual que no exprimir al máximo el instante con esa persona especial, y tras perder su rastro (o su rostro) nos lamentamos amargamente de no haber apreciado aquello que nos podía haber brindado un momento de felicidad...
Probablemente esta sea una de las causas por la que todos, y digo todos, nos arrepentimos en algún momento de nuestra vida. Pensar en el momento aquel que pudimos disfrutar, vivir, apreciar al máximo y dejamos pasar. Compartir con aquella persona -padres, madres, hijos, amantes- un momento, un instante, y no saber que quizás eso no se repita, puede que por causas que ni imaginamos, una muerte sobrevenida, una separación, una enfermedad.

La vida está llena de pequeños momentos que la dulcifican, la hacen más bella, y son realmente los que adornan la existencia -puede que una existencia amarga, y por ello mucho más importantes-; los que hacen que un momento en principio irrisorio, se convierta con el paso del tiempo -que es el auténtico hacedor de nuestras realidades- en un inmenso tesoro capaz de evocar en nuestra mente ese sentimiento de nostalgia y felicidad pasada, como la sonrisa de un niño...

lunes, 23 de mayo de 2011

#15m, #spanishrevolution. #22m, #estupidezrevolution


España. Nunca la he entendido. Siempre me ha parecido un país pobre, en ideales y en conciencia. Cierto es que es un sitio donde se vive bien, con un paisaje hermoso y un patrimonio artístico muy atractivo (del clima no hablo porque para mí es horrible, por lo menos en el Sur). Soy de los que consideran que en general existe una ignorancia innata en el pueblo español -que no se me malinterprete, hablo en general, y ciertas cosas me dan la razón como ahora veremos-. Sí, grandes precariedades en la forma de pensar de un pueblo que no es capaz de usar la razón bajo ninguna cirscunstancia (sólo hay que ver cuáles son los programas televisivos con mayores índices de audiencia).

Sin duda, fiel reflejo de todo esto que digo, es la clase política que sufrimos -supuestamente elegida democráticamente por el pueblo-, capaz de llevar al país a una situación casi insostenible sin sentir el más mínimo remordimiento. Pero cuando uno ya estaba harto, sin esperanza de cambio, sin esperar que la cosa de un vuelco que haga de este país algo medio habitable, el pasado 15 de marzo surgió una voz unánime contra todos aquellos ladrones, delincuentes, maleates y corruptos que ostentan el poder que el pueblo inconscientemente les ha concedido.
Un movimiento bautizado como #spanishrevolution que pretende -pretendía- cambiar la historia del estercolero español.

Esta "revolución", por su organización, ideas y participación, hizo setir cierta ilusión (lo que más admiré era que no había simpatía por ningún partido). Ganas de un cambio, de acabar con la miserable situación bipartidista que nos castiga, de acabar con listas electorales repletas de imputados, de acabar con los privilegios de los bancos -que recordemos, son los responsables de la gran crisis-. No voy a negar que me sentí esperanzado y orgulloso de esa gente que se hechó a las plazas gritando "¡democracia real ya!". Y tampoco voy a negar que pensé que quizás se produjera el esperado cambio de mentalidad en la sociedad española, anquilosada en ideas de tiempos antediluvianos.

Y llegaron las elecciones autonómicas y municipales. ¿Y qué? Pues más de lo mismo. Decepción. Decepción porque se había iniciado un proyecto en el pueblo que inocentemente creíamos que iba a cambira algo. No ha sido así. Ha ganado el PP, y el PSOE segunda fuerza política. ¿Estamos locos? Se habla de un cambio por parte de los populares y en realidad es un regreso. Continuamos en la espiral bipartidista y todo sigue igual (supongo que mi voto iría a la basura, así es esta "democracia". ¿Dónde está la #spanishrevolution? ¿La gente es ciega y sorda?
La explicación es bien sencilla. Somos muy pocos. Apenas se oye nuestra voz en las urnas, y así no se puede cambiar nada. La ignorancia y la estupidez hacen que se siga votando a los indeseables, cuyo respeto por el pueblo es inexistente. Y ese voto por gente que insulta nuestra inteligencia vale más que el voto para otros que quizás tengan conciencia de sus votantes.

Lo de Valencia es la representación de toda la mierda que impera en muchos partidos y votantes. ¿Cómo es posible votar a un tipo imputado por corrupción? ¿En qué están pensando? Está claro que ser fiel acérrimo a un partido es síntoma de una escasa inteligencia. ¿No hay otros a quien votar? ¿Siempre a los mismos chorizos de PPSOE? ¿Medio millón de votos en blanco? ¿Y qué?
Es una pena. El grito del #15m se diluye entre la idiotez y la obcecación de la mayoría de los españoles. Tras estas elecciones se ha puesto de manifiesto que España nunca va a cambiar, que le da igual que nos ninguneen y nos ahoguen, que siempre va a estar votando a la misma chusma bipartidista que la masacra, y que los realmente indignados somos "cuatro gatos".
A día de hoy, las acampadas van a continuar al menos una semana más, y me da la sensación que con más indignación aún -y con más desánimo-, porque los ignorantes -que son muchísimos, como hemos visto- no los escuchan, porque estamos en un país lleno de basura y son pocos los que desean limpiarlo. Tras las elecciones, sólo me pregunto una cosa, citando a ese agitador futbolístico: ¿Por qué?

domingo, 15 de mayo de 2011

El engaño de la razón


N
ormalmente uno, conforme avanza su vida y su experiencia vital aumenta, se va dando cuenta de los entresijos y recovecos que tiene la realidad. Incluso de las consecuencias que tienen los actos que realizamos.
Se dice mucho, casi a diario, que "el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra". Creo que esta afirmación es poco certera y quizás sería más acertado decir que "el hombre es el único ser que se cae mil veces por el mismo precipicio".

Sí, pese a que muchos sabemos que si damos ese paso y seguimos ese camino vamos a volver a caer al vacío, no paramos, ni retrocedemos. Todos somos así, nadie se salva del defenestramiento. ¿Quién no ha dicho alguna vez?: "si es que sabía que iba a pasar esto". Y no aprendemos y volvemos a hacerlo. Puede que muchas veces volvamos a cometer la misma estupidez instigados por la ilusión, el deseo o la esperanza -es en el ámbito de los sentimientos donde más veces hacemos el bobo-. Estos pensamientos son más fuertes que la razón y nos hacen hacer el imbécil por mucho que sepamos lo que ocurrirá.

Es normal, no es nada extraño esto que cuento suceda una y otra vez en nuestro día a día. Pese a lo tremendamente previsible que suele ser la vida -para unos más que para otros, esto es siempre así-, y el margen para la sorpresa es mínimo, lo volvemos a hacer. Será porque nos cuesta aprender de los errores o no queramos verlos, o no los anticipemos, pero esos precipicios está llenos de cadáveres que tarde o temprano vuelven a levantarse, subir y volver a caer. Cegados por pensar que tal vez esta vez se les tienda un puente que les evite el descenso a la laguna donde los ingenuos olvidan -olvidamos- el error.

El mito de Sísifo no va muy desencaminado de ser una representación de la caída continua y repetida de la que hablo. El error que cometemos es repetido como la subida de la piedra, que una y otra vez vuelve a caer. Y siempre decimos que "ya no me pasa más", en un vano intento de atenuar el error cometido y enterrar el recuerdo del fallo, que por supuesto volveremos a repetir. Quizás lo que debamos intentar es caer lo menos posible, cosa enormemente difícil, puesto que volverlo a hacer es inevitable.

Por mucha experiencia que poseamos, por muchas desilusiones que nos llevemos y por muchas cicatrices que tengamos, volveremos a caer en los mismos errores, en las mismas ilusiones y en las mismas esperanzas. Aunque en la vida siempre sople el viento en la misma e incorrecta dirección, puede que estemos toda nuestra existencia esperando el cambio, actuando en función de él -y por tanto cayendo-, cambio que quizás llegue demasiado tarde, o no llegue nunca.

martes, 5 de abril de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (IV. Epílogo)


Una conclusión para cerrar el repaso -y recuerdo- a una época donde, como dije, la dignidad humana quedó herida de muerte. No se sabe a ciencia cierta cuántas fueron las víctimas, pero de lo que no cabe duda es que aquellos asesinos hicieron bien el trabajo encomendado. El pueblo indígena fue sometido, esclavizado y evangelizado. Los métodos era lo de menos, el fin justificaría los medios.
Tras haber visto las prácticas usadas para imponer su yugo, conviene ahora recordar las "certeras" palabras dichas por Benedicto XVI, lo de "el cristianismo se abrió camino dialogando y la evangelización no supuso en ningún momento una alineación de culturas". Viendo su comedida relación con aquella cultura estaremos de acuerdo en que estas declaraciones están un poco alejadas de la realidad. No es nada nuevo, negar lo evidente o la historia, es una práctica muy recurrente en esta organización.

No hay nada, ningún argumento, ninguna excusa, que pueda explicar el porqué de aquello. Sólo decir que no pasó. Que todo es parte de la imaginación y del recuerdo diluído de una época antediluviana y que por tanto no está nada claro. Obviando las pruebas que hay, cómo no. Pero son pruebas de verdad, no como las que algunos tenían sobre ciertas armas en cierto país con petróleo hace no mucho tiempo.

Mucho se ha hablado de la "deuda española" con Sudamérica. Que de alguna manera debemos algo a esos países por lo sucedido. Esto me parece una estupidez enorme. Algo sin sentido promovido sin duda por fanáticos igual de extremos que los que niegan el genocidio. ¿Una deuda? ¿Pagar por lo que hicieron unos asesinos hace quinientos años? Es difícil creer que esto se diga en serio. Nada tienen que ver con aquello los españoles ahora, afortunadamente, y a la inmensa mayoría nos consternamos cada vez que recordamos lo sucedido. Pero no tenemos culpa de nada (y no digo esto con connotaciones patrióticas).
Una cosa que me resulta realmente curiosa, es la exaltación católica que impera en todos los países sudamericanos. Una devoción casi enfermiza y raro es el sitio donde no se haya visto una aparición mariana o haya habido un milagro. Son regiones extremadamente cristianas, sabiendo la barbarie que esa Iglesia causó a su pasado, a los dueños de su tierra, a los que deberían haber perpetuado su cultura y sus creencias. Hablan de la "deuda española" y continúan adorando a los herederos de aquellas ideas represoras y totalitarias.

Exterminar una cultura, masacrar una civilización, pisotear todo rastro de humanidad, eso es lo que no se puede olvidar -ni negar-, ya nada se puede hacer, sólo no dejar que caiga en el olvido y que futuras generaciones conozcan lo que fue el fin de una civilización y la consagración "de otra".

martes, 29 de marzo de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (III)


A uno nunca deja de sorprenderle la crueldad humana. Cualquier acto de hacer sufrir a alguien puede parecer incomprensible en un ser que se le supone poseedor de inteligencia, de saber discernir entre el bien y el mal, de poder elegir ser benevolente o piadoso con el que tiene en frente. Pero si ya la violencia o el castigo es reprobable -mejor decir esta palabra que no otra-, los motivos que llevan a ellos pueden ser aún más fatuos, más inexplicables, más irracionales. Ningún motivo justifica causar daño a nadie, y menos aún, matar. Pero hombres hay mucho, unos cuantos miles de millones, y desgraciadamente la maldad está muy extendida, y es un hecho aún más desgraciado que una mayoría -la gran mayoría- de los que ostentan puestos de poder, de privilegio para con los demás, sean personas infundidas de malicia (parece un requisito básico para llegar ahí).

Durante toda la Conquista, que es a lo que voy, y posteriormente a ella (siempre se dice de las guerras que su posguerra es igual de fatídica), las crueldades perpretadas no tuvieron límites y llegaron a niveles poco soportables incluso para los cronistas de la época. Uno de ellos, Bartolomé de las Casas, que entre otras cosas fue teólogo y obispo, relata en varias de sus obras los métodos que los sádicos colonos infringieron a las gentes del lugar. En una de ellas dice:

"Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños, ni viejos, ni que las mujeres preñadas desbarrigasen, haciéndolos pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana... Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas"


Igualmente añade:

"Ellos construyeron una picota lo suficientemente larga como para que los pies pudieran tocar el piso y de esta forma prevenir la estrangulación, y así, los colgaban de a trece indios por vez, en honor a Nuestro Salvador Jesucristo y los doce Apóstoles. [...] después, se ponía paja alrededor de los cuerpos destrozados y eran quemados vivos..."

Podemos contar y ver cómo hay trece cuerdas, no hace falta decir más.

Alguna vez se escuchó decir: "Préstame un cuarto de bellaco de esos para dar de comer a mis perros hasta que yo mate otro". Simplemente escalofriante.
Otro episodio, que creo que debe ser reseñado, habla sobre la muerte de uno de los líderes indígenas, llamado Hautey. Mientras era quemado en la hoguera, preguntó al sacerdote que disfrutaba con el espectáculo, cruz en alto, regocijándose entre la carne quemada, que si haciéndose cristiano iría al cielo. El clérigo le respondió que sí, que por supuesto, puesto que su alma sería purificada (el que no pertenecía a esa religión era un alma sucia, claro). Hautey entonces dijo: "Preferiría ir al infierno antes que ver de nuevo a un cristiano".

Ejemplos tan desgarradores y duros como estos hicieron de aquella represión una de las más crueles e infames de la humanidad. Una época negra como pocas que aún hoy muchos siguen sin creer, no por falta de pruebas históricas, sino por absurdas ideologías y fanatismos.

martes, 15 de marzo de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (II)


Cuando Colón consiguió convencer a los higiénicos Reyes Católicos de que conseguiría llegar a las Indias navegando hacia el oeste, nunca imaginó que daría con una tierra inexplorada (recordemos que él no fue el primero, los extraordinarios pueblos vikingos ya tomaron contacto con tierras americanas parece ser que 500 años antes), muy rica, todo un jardín listo para ser liquidado, y oro, mucho oro. El problema es que este nuevo vergel estaba habitado por una ingente población indígena que conformaba una civilización muy asentada, con sus creencias, ritos, culturas, guerras, conflictos y demás idiosincrasia de cualquier pueblo (o sea, lo dicho, una civilización).

Se decidió que el Nuevo Mundo debía ser conquistado y convertido al cristianismo, esas eran las premisas de los invasores. Sí, la Iglesia vio en estos "salvajes" una gran fuente de nuevos acólitos, y no dudó en obligarlos a su conversión como mejor sabía y como hacía en Europa, por la fuerza y la tortura (en realidad no sabía de otra forma). Se cree, que a la llegada de los genocidas habitaban el continente unos setenta millones de personas, y tras ciento cincuenta años quedaban tan sólo tres millones y medio. Creo que estos datos no son exactos (en otras fuentes se habla de otras cifras), pero sin duda son una aproximación a lo que les sucedió a esas gentes, cuyo único "pecado" era vivir en "su mundo" y creer en sus dioses.

No hace mucho, el actual cabecilla de la Santa Iglesia, Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI, decía, o peroraba, o escupía, que "la colonización de América Latina bajo la cruz Católica purificó a los aborígenes" y que "el cristianismo se abrió camino dialogando (!¡) y la evangelización no supuso en ningún momento una alineación de culturas". ¿Purificar de qué?, habría que preguntarle. O mejor decirle que a lo que le hace falta una purga es a ese organismo que él dirige. En fin, luego hablaremos de los métodos tan dialogados y pacíficos que usaban para hacer jurar la fe a la cruz.
Lo lógico, lo normal si esta aberrante institución predicara con el ejemplo, hubiera sido el diálogo, el respeto y el amor por aquellas gentes, y dejarlas seguir adorando y rezando a sus dioses. Pero, como siempre, optaron por su "eslogan" favorito: "si no te arrodillas, a la hoguera". Así eran y así son.

Lógicamente, estas poblaciones, al ver a sus padres morir, a sus mujeres gritar y a sus hijos llorar, se defendieron. Se defendieron en una lucha desigual, aunque alguna victoria consiguieron (alguna es recordada aún hoy). Pero no fue suficiente, y a lo largo de toda la conquista y evangelización la barbarie de los invasores no tuvo límites.
En el próximo artículo me dentendré en exponer algunas de las infernales crueldades a los que fueron sometidos, sin tener culpa de nada.

viernes, 11 de marzo de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (I)


C
asi todos los pueblos o países, por no decir todos, tienen en su historia algún momento del que avergonzarse. Y más de un momento y más de dos. Como pocas veces el hombre camina por la senda de la cordura y la razón, sus manos casi siempre han estado manchadas con la sangre de sus congéneres. Está claro que la Historia está más salpicada de muerte y destrucción que de otra cosa. Si imaginamos por un momento que alguien ajeno a nuestro planeta (sí, ya sé que es mucho suponer) repasara el camino de la humanidad por este mundo ya casi agonizante, sentiría una mezcla de vergüenza, estupor y asco, más que admiración o atracción. Si viera los miles de millones de muertes causadas en guerras, genocidios y dictaduras quizás se le quitarían las ganas de contactar con una especie capaz de matar, torturar y aniquilar a sus semejantes por motivos tan simples como las ideologías, religiones o pensamientos.

Mirando y analizando los motivos de los grandes exterminios y conflictos, veremos que la gran mayoría de deben o debieron a la religión, la ocupación de un trozo de tierra o intrascendentes divergencias ideológicas. Cosas tan insignificantes desencadenaron auténticos infiernos que masacraron la dignidad humana para siempre.
Si nos referimos a las enormes matanzas perpretadas por el indigno ser humano, podemos aterrorizarnos viendo los muchos genocidios ocurridos. Por todos es conocido el Holocausto judío (aunque aún haya descerebrados que lo niegan), el exterminio comunista de Stalin (aunque aún queden ignorantes que lo niegan), y por supuesto el infame aplastamiento del pueblo indígena de América con la llegada de los españoles y compañía (aunque aún queden idiotas que lo niegan, como posteriormente veremos). Luego hay otros menos conocidos, con "menos víctimas" ("las que son pocas para nosotros, son todas para los muertos"). Así, tenemos que "enorgullecernos" de los alrededor de los 2000000 de muertos en Camboya a manos de Pol Pot en los años 70 del siglo XX, los 1500000 de armenios aniquilados por el ejército turco a principio de siglo, o los 800000 crímenes en Ruanda en 1994. Todo esto si dejamos de lado las guerras (la de los Balcanes fue especialmente sádica), o dictaduras que han sembrado de horror infinidad de países (incluida España, no hace mucho).
De todas estas sinrazones, quisiera extenderme un poco más en una de ellas y recordar cómo un puñado de países -con España a la cabeza- y una asquerosa institución sectaria, masacraron y aniquilaron a miles de personas en la colonización -invasión- americana. Próximamente, en otro artículo continuaré con ello, para no hacer muy pesado este.

miércoles, 16 de febrero de 2011

'Anatomía de un instante', el 23F al milímetro


Una de las asignaturas pendientes que normalmente tenemos todos -aunque creamos que no- es la Historia. Tener conocimiento fidedigno y amplio de nuestro pasado, de los hechos o acontecimientos decisivos que dieron forma a lo que hoy vivimos. La historia de España ha estado llena de momentos importantes e influyentes que con el paso del tiempo han sido fundamentales para construir el molde que dio lugar al mediocre (en muchísimos aspectos) país que conocemos. Sin duda alguna, uno de esos momentos fue el famosísimo golpe de estado el 23 de febrero de 1981.

Normalmete la idea que la gente tiene del 23F es muy exigua -incluido el que esto suscribe- y se sabe muy poco sobre lo que realmente sucedió durante esas horas de incertidumbre para el país. Pensamos -pensaba- que el golpe de estado consistió en que un fantoche con bigote, tricornio y pistola -y muy mal hablado- irrumpió en el Cogreso de los Diputados para hacerse con el poder por la fuerza. Más o menos esto podría ser verdad, fue un atentado contra la democracia y contra todos los españoles -contra casi todos-. Poco conocimiento para lo que realmente fue.

Javier Cercas, consciente de que el golpe era una trama perfecta para relatar, pues todo fue casi como una ficción, publicó en 2009 'Anatomía de un instante'. La obra es un relato pormenorizado del suceso antes, durante y después del asalto al Congreso. El libro no tiene desperdicio, es una apr0ximación milimétrica a todos los hechos y protagonistas que intervinieron en el atentado. La imagen a la que Cercas vuelve una y otra vez, por ser la más representativa de un país convulso, es la del presidente saliente Suárez sentado -hundido- en el hemiciclo, solo -abandonado-, mientras Tejero y sus muñecos amedrentaban a los diputados a base de disparos al aire y latigazos verbales.

No sólo de Suárez habla Cercas, también de Gutiérrez Mellado que aguantó estoicamente los embites de los pistoleros, de Santiago Carrillo, que igual que Suárez quedó sentado y no hizo caso de la orden de echarse al suelo, de Armada, la cabeza pensante del golpe, de Milans cómplice de Armada y cómo no de Tejero. De una forma dinámica y amena se nos narra el porqué del golpe, el cómo y el dónde, porque no sólo fue en el Congreso. El libro, pese a hablar de política, partidos, ideales, etc, posee un ritmo que lo hace fácil de leer, al contrario de lo que pudiese parecer en un principio viendo de lo que trata, puesto que a muchos la alta política y sus truculentos asuntos nos aburre en demasía.
'Anatomía de un instante' fue proclamado en muchos medios como el mejor libro de 2009 y recibió el "Premio Nacional de Narrativa", galardones muy merecidos porque es de lo mejor que he leído últimamente. Es un libro necesario, imprescindible sin ninguna duda, para poder entender que si bien el golpe fue un revés para aquella aún débil democracia, fue a la vez el impulso definitivo para romper con el lastre que arrastraba el país tras 40 años en la oscuridad más absoluta.

"El golpe del 23 de febrero acabó con la guerra"

viernes, 11 de febrero de 2011

'Saúl ante Samuel', la brillantez de lo complejo


No tenía pensado hacer una reseña sobre este libro. Es, como ya dije en Facebook tremendamente difícil, complejo (no en su base) y, por así decir, extraño. Su autor, Juan Benet. Llegué a interesarme por él a través de Javier Marías, cuya literatura está muy influenciada por aquel. Se conocían, tuvieron una amistad casi de maestro-discípulo y leyendo los últimos libros de Marías se notan muchos rasgos de la prosa de Benet.
Como cada vez que empiezo con un autor nuevo, no sabía por qué libro comenzar, así que me marché a la librería y ojeé a ver cuál prodría interesarme. Di con 'Saúl ante Samuel' y en la contracubierta decia que era su obra maestra, una joya de la literatura donde exprimía lo mejor de su genio. Me decidí por él, sabiendo que nunca es bueno empezar por la obra cumbre de un escritor.

A grandes rasgos, el libro nos cuenta, siempre muy tangencialmente, la historia de dos hermanos enfrentados en la guerra civil. Enfrentados no sólo por los bandos en los que militan, sino también por una mujer. El adulterio llevará a una confrontación con nefastas consecuencias. Pero Benet no nos cuenta únicamente esta historia aparentemente simple. No escatima en largos rodeos para ponernos en situación. Larguísimos monólogos, sin usar apenas ningún nombre propio y con continuas reflexiones hacen que a veces, en el momento, podamos perder un poco el hilo o desubicarnos. No tiene que ser esto un punto negativo, pero puede serlo para quienes busquen una prosa más directa y eficaz. Benet reflexiona, filosofa, piensa y hace que el lector divague a través de sus páginas llenas de maestría literaria.

Puede que a mucha gente le aburra. Yo a veces me sentía perdido, pero como casi siempre, tras madurarlo y digerirlo pasado un tiempo, me parece una obra brillante como pocas. Pienso seguir con la obra de Juan Benet, creo que tiene que ser fascinante.

martes, 1 de febrero de 2011

"Ese portugués..."

Ya he repetido mucha veces en este blog, que la sociedad en que vivimos está pasando por una crisis (otra) de valores, educación y sentido común. Esto está llevando a una trivialización intelectual que salpica a todo cuanto nos rodea. Quizás sea esto el desencadenante de la vergonzosa situación que se está viviendo en los distintos campos de fútbol españoles.
Como muchos saben, dejé de seguir la Liga hace un tiempo, debido al aburrimiento que me producía ver que cada semana era lo mismo, y la emoción desaparecía paulatinamente hasta convertirse cada jornada en una rutina. Si siempre es lo mismo, y además sabemos el final, ¿para qué seguir viéndola? Es como ver una mala película, previsible y que encima te han destripado el desenlace.

Pues bien, como uno no puede abstraerse por completo de todo, y para estar más o menos informado, ve las noticias y va viendo cómo transcurre más o menos (aunque sin interés) el llamado deporte rey. Parece ser, que la moda ahora es atacar sin piedad en todos los campos de España a C. Ronaldo y a Mourinho. Esto podría ser más o menos normal, siempre ha habido insultos a los jugadores o entrenadores del equipo rival, pero es que esto ya es alarmante. En todas y cada una de las visitas del Real Madrid se insulta e incluso agrede a jugador y entrenador de una forma visceral y descerebrada.

¿Qué le pasa por la cabeza a un individuo que va a ver a su equipo de fútbol y en vez de eso se dedica a acordarse de la madre de otros? Esto es consecuencia del fanatismo radical, que si bien antes era exclusivo de los ultras frikis, ahora se ha extendido a la mayor parte de las gradas. Hay que ser muy ignorante, o maleducado, o cínico, o estúpido, para pagar una entrada y fijar su atención en soltar exabruptos contra los que no son de tu equipo. Normalmente, la gente con poca masa cerebral, odia, sí, odia a otros por el mísero hecho de no ser de su equipo. Vale que Ronaldo y Mourinho son prepotentes, chulos y vanidosos, pero no es motivo para el linchamiento a que se ven sometidos. La gente va al fútbol a escupir todas sus frustraciones y gilipolleces a unos profesionales que saben que no van a subir a la grada a partirles la cara (me gustaría ver a todos estos monigotes insultar a la cara a alguno, supongo que su ropa interior quedaría un poco manchada ante tal situación). La gente no piensa que ellos están en su trabajo, son profesionales y no tienen por qué ser molestados por animales como estos. A un estadio se va a animar a tu equipo y a desmotivar al rival, pero no a hacer el vándalo.

Pongamos un ejemplo. Para mí (y para muchos) Stoichkov, exjugador del F.C. Barcelona es el jugador más chulo, ególatra, repugnante, malintencionado y marrullero que ha existido (y existirá). Pero nunca se me ocurriría ir a un estadio a insultarlo, a decirle hijo de puta o tirarle un mechero. Un poco de civismo, por favor. Igual me pasa con Fernando Alonso, con todo lo que es, si voy a ver una carrera de fórmula 1 -no creo que esto suceda nunca-, no iría a insultar como un cobarde y un animal desde la tribuna.
Muchos arguyen que los portugueses de los que hablo incitan a estas actitudes, que provocan. ¿Que sean chulitos o como quiera que sean es motivo para defenestrarlos? Ellos están en su papel, y los aficionados deben estar en el suyo. En privado, con los amigos en un bar o en una tertulia podemos opinar, criticar e incluso insultar a quien queramos, pero ir al estadio a esto no tiene sentido. Pero esto es algo que un fanático nunca entenderá, y seguirá maldiciendo a una persona (los futbolistas también son personas) públicamente sin importarle que quizás esa persona tenga hijos, madre y padre, y no reparará en que si fuera al revés, al fanático no le haría ni puta gracia.

jueves, 20 de enero de 2011

Ángel Martín, un genio que se va (a su huerto)


20 de enero de 2011. Ese día, ese jueves, se despedía de la televisión Ángel Martín, un personaje tan peculiar que su despedida no ha dejado a nadie indiferente. Tras cinco años en el programa que revolucionó la televisión, decía que lo dejaba por "aburrimiento". No se esperaba otra justificación de él. En parte, ha sido el que ha puesto de manifiesto la tremenda falta de escrúpulos que se maneja en determinados sectores televisivos. Sí, le dio muy duro a aquella enorme basura que era 'Aquí hay tomate', e hizo que los que despellejaban a personajes públicos sin reparo empezaran a plantearse qué estaban haciendo.

Tengo que reconocer que sigo el programa desde el primer día, me parece de lo más inteligente que pasan por la tele a lo largo del día (Muchos dicen que ya se repite. ¡Dejemos de ver informativos, todos los días son lo mismo! En fin, un sin sentido). El hecho de hacer humor a costa de la telebasura es una idea brillante, y 'Sé lo que hicísteis' lo ha hecho de forma magistral. A mí ya me daba asco la telemierda, pero este programa hizo que mucha gente se diera cuenta de que eso no es televisión si no un amasijo de sinsentidos, voces, depravación, falta de educación y no sé qué más aberraciones, sólo apto para... bueno, me callo.

Ángel Martín es sobre todo una persona sencilla, no hace falta conocerlo o irse de cañas con él para darnos cuenta de ello. Actuaba en plató de forma muy natural y decía lo que le venía en gana, pero de forma inteligente e irónica. Hace lo que yo llamo humor total. Sus detractores dicen que sólo lee. Sí, lee, pero los guiones que él mismo escribe. Esa naturalidad ante las cámaras, ese colegueo y sencillez le ha hecho que muchos seamos los que lo admiramos. Y hay que admitir que otros tantos lo odian. Lógicamente a un seguidor de 'Mermelada' (Jorge Javier Vázquez) nunca le va a hacer gracia que se ponga de manifiesto la lamentable labor deshumanizadora que hace en su deplorable programa.

Irónico, incisivo, directo, ácido, pero todo con un toque de naturalidad que ha hecho de Ángel Martín uno de los iconos de la televisión actual, y es tan suyo, que dice que se planta y no hace más tele por aburrimiento (ha aducido que se va a su huerto a vivir de él), todo un genio. Y queda para el recuerdo (entre cientos de momentos, como la visita a Telecinco vestidos de tunos) ese último programa donde la emoción hizo que asomaran dos lágrimas al ver el video de sus compañeros.

Como decían en su despedida, HASTA LUEGO...

lunes, 10 de enero de 2011

La 'Ilíada', el arte de la guerra


Hace casi 3000 años, Homero componía un poema cuyas bases tomaban la tradición épica oral griega y daba como resultado una composición mastodóntica de 15690 versos divididos en 24 cantos. Su difusión debía ser oralmente, y no se sabe exactamente cuándo fue puesta por escrito. El eje de la narración gira en torno a la guerra de Troya (Ilio) en disputa con los griegos, cuya vaga idea nos es conocida desde épocas escolares a través de la historia del Caballo de Troya (que no se cuenta aquí). La 'Ilíada' arranca con la contienda ya empezada, y narra sólo una parte, una porción de los fabulos hechos que eran cantados en la época. Pero Homero, que debía tener una mente preclara, no nos habla sólo de esta guerra, nos habla de muchas más, de todas las guerras.

El hombre es un ser belicoso y desde la más remota antigüedad ha sido esto mismo, la guerra lo que ha decidido el destino de muchos pueblos y regido el devenir del tiempo. No podemos imaginarnos, los que no lo hemos vivido de primera mano, la crueldad y deshumanización que provoca un conflicto armado entre hombres. La guerra saca lo peor del ser humano, se ponen de manifiesto los instintos más primarios y básicos, esto es, matar y sobrevivir. Da igual a quién tengas enfrente, o matas o te matan. Esas son las reglas, no hay más. La batalla realza y magnifica la vileza del hombre y lo degrada como ser pensante. Muchas han sido las grandes contiendas a lo largo de los siglos. Muchas las muertes, derrotas y pérdidas. Pero también muchas las gestas y los héroes que de ellas han sido partícipes. Puede que combatientes o soldados anónimos, o quizás héroes mitológicos. A través de esto Homero construye una joya literaria sin parangón.

La 'Ilíada' es guerra. Habla de la guerra. Homero cuenta en ella la feroz contienda que se disputó entre Griegos y Troyanos, cuya causa fue el rapto de la bella Helena por parte de los estos (este inicio no se incluye en la narración). Quizás sea el poema épico más famoso que se conoce, escrito 750 años antes de nuestra era y parece ser que no nos ha llegado tal y como fue concebido originalmente (una vez profundizamos en él nos damos cuenta de ello), porque no son pocas las contradicciones que encontraramos. Esto no resta empaque a la narración, y son sólo detalles puntuales.

Mientras leemos, nos sobrecogemos ante el dantesco espectáculo que sus versos nos muestran. Y llama la atención lo explícito del relato. La narración es violenta, descarnada, y nos describe con todo lujo de detalles desmembramientos, mutilaciones, asesinatos, de una forma clara y concisa. La mitología ayuda a encumbrar aún más la épica, y dioses y diosas tomarán parte decidiédose por un bando u otro, ayudando a sus héroes a triunfar o a morir. Incluso directamente luchan entre ellos (teomaquia) bajo la atenta mirada de Zeus. Esta inclusión mitológica y sus leyendas, embellecen una obra ya de por sí magníficamente resuelta en el plano terrenal. Repetidamente nos desplazamos al Olimpo para asistir a las disputas entre sus moradores a tenor de lo que ocurre en el campo de batalla. Incluso son partícipes directos en determinadas ocasiones, ayudando a sus protegidos o perjudicando a sus oponentes. Homero se sirve de la mitología griega clásica, mucho más rica y fascinante que las posteriores, que propicia innumerables historias y leyendas perfectamente aplicables a la historia de Aquiles, Héctor y demás héroes.

Como dije antes, la Ilíada parece un relato de cualquier guerra. En ella se pone de manifiesto la crueldad y la barbarie que los hombres (y dioses) son capaces de infligir. Todo ello quizás por un irrisorio motivo (en este caso Helena). Los héroes lloran, lloran sus padres, madres y esposas. La tierra derrama lágrimas junto al cielo, los ríos y las montañas. ¿Es esto diferente a cualquier guerra? ¿Acaso la tierra no se desangra cuando dos pueblos se aniquilan mutuamente? Y la solución no es aceptada por ninguna de las dos partes. El odio irrefrenable, aquí sobre todo en el tramo final por parte de Aquiles, aviva el fuego de la contienda, y siempre aparece algún nimio motivo por el que alejar la paz. Así es la Ilíada y así es el hombre. No hay ni malos ni buenos. Todos son culpables cuando de matar se trata.

Por todo esto, afirmo que es un cumbre de la literatura y una lectura obligada que no me explico cómo no se estudia en profundidad en institutos o colegios. La 'Ilíada' es, sencillamente, grandiosa.