lunes, 10 de enero de 2011

La 'Ilíada', el arte de la guerra


Hace casi 3000 años, Homero componía un poema cuyas bases tomaban la tradición épica oral griega y daba como resultado una composición mastodóntica de 15690 versos divididos en 24 cantos. Su difusión debía ser oralmente, y no se sabe exactamente cuándo fue puesta por escrito. El eje de la narración gira en torno a la guerra de Troya (Ilio) en disputa con los griegos, cuya vaga idea nos es conocida desde épocas escolares a través de la historia del Caballo de Troya (que no se cuenta aquí). La 'Ilíada' arranca con la contienda ya empezada, y narra sólo una parte, una porción de los fabulos hechos que eran cantados en la época. Pero Homero, que debía tener una mente preclara, no nos habla sólo de esta guerra, nos habla de muchas más, de todas las guerras.

El hombre es un ser belicoso y desde la más remota antigüedad ha sido esto mismo, la guerra lo que ha decidido el destino de muchos pueblos y regido el devenir del tiempo. No podemos imaginarnos, los que no lo hemos vivido de primera mano, la crueldad y deshumanización que provoca un conflicto armado entre hombres. La guerra saca lo peor del ser humano, se ponen de manifiesto los instintos más primarios y básicos, esto es, matar y sobrevivir. Da igual a quién tengas enfrente, o matas o te matan. Esas son las reglas, no hay más. La batalla realza y magnifica la vileza del hombre y lo degrada como ser pensante. Muchas han sido las grandes contiendas a lo largo de los siglos. Muchas las muertes, derrotas y pérdidas. Pero también muchas las gestas y los héroes que de ellas han sido partícipes. Puede que combatientes o soldados anónimos, o quizás héroes mitológicos. A través de esto Homero construye una joya literaria sin parangón.

La 'Ilíada' es guerra. Habla de la guerra. Homero cuenta en ella la feroz contienda que se disputó entre Griegos y Troyanos, cuya causa fue el rapto de la bella Helena por parte de los estos (este inicio no se incluye en la narración). Quizás sea el poema épico más famoso que se conoce, escrito 750 años antes de nuestra era y parece ser que no nos ha llegado tal y como fue concebido originalmente (una vez profundizamos en él nos damos cuenta de ello), porque no son pocas las contradicciones que encontraramos. Esto no resta empaque a la narración, y son sólo detalles puntuales.

Mientras leemos, nos sobrecogemos ante el dantesco espectáculo que sus versos nos muestran. Y llama la atención lo explícito del relato. La narración es violenta, descarnada, y nos describe con todo lujo de detalles desmembramientos, mutilaciones, asesinatos, de una forma clara y concisa. La mitología ayuda a encumbrar aún más la épica, y dioses y diosas tomarán parte decidiédose por un bando u otro, ayudando a sus héroes a triunfar o a morir. Incluso directamente luchan entre ellos (teomaquia) bajo la atenta mirada de Zeus. Esta inclusión mitológica y sus leyendas, embellecen una obra ya de por sí magníficamente resuelta en el plano terrenal. Repetidamente nos desplazamos al Olimpo para asistir a las disputas entre sus moradores a tenor de lo que ocurre en el campo de batalla. Incluso son partícipes directos en determinadas ocasiones, ayudando a sus protegidos o perjudicando a sus oponentes. Homero se sirve de la mitología griega clásica, mucho más rica y fascinante que las posteriores, que propicia innumerables historias y leyendas perfectamente aplicables a la historia de Aquiles, Héctor y demás héroes.

Como dije antes, la Ilíada parece un relato de cualquier guerra. En ella se pone de manifiesto la crueldad y la barbarie que los hombres (y dioses) son capaces de infligir. Todo ello quizás por un irrisorio motivo (en este caso Helena). Los héroes lloran, lloran sus padres, madres y esposas. La tierra derrama lágrimas junto al cielo, los ríos y las montañas. ¿Es esto diferente a cualquier guerra? ¿Acaso la tierra no se desangra cuando dos pueblos se aniquilan mutuamente? Y la solución no es aceptada por ninguna de las dos partes. El odio irrefrenable, aquí sobre todo en el tramo final por parte de Aquiles, aviva el fuego de la contienda, y siempre aparece algún nimio motivo por el que alejar la paz. Así es la Ilíada y así es el hombre. No hay ni malos ni buenos. Todos son culpables cuando de matar se trata.

Por todo esto, afirmo que es un cumbre de la literatura y una lectura obligada que no me explico cómo no se estudia en profundidad en institutos o colegios. La 'Ilíada' es, sencillamente, grandiosa.

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