miércoles, 16 de febrero de 2011

'Anatomía de un instante', el 23F al milímetro


Una de las asignaturas pendientes que normalmente tenemos todos -aunque creamos que no- es la Historia. Tener conocimiento fidedigno y amplio de nuestro pasado, de los hechos o acontecimientos decisivos que dieron forma a lo que hoy vivimos. La historia de España ha estado llena de momentos importantes e influyentes que con el paso del tiempo han sido fundamentales para construir el molde que dio lugar al mediocre (en muchísimos aspectos) país que conocemos. Sin duda alguna, uno de esos momentos fue el famosísimo golpe de estado el 23 de febrero de 1981.

Normalmete la idea que la gente tiene del 23F es muy exigua -incluido el que esto suscribe- y se sabe muy poco sobre lo que realmente sucedió durante esas horas de incertidumbre para el país. Pensamos -pensaba- que el golpe de estado consistió en que un fantoche con bigote, tricornio y pistola -y muy mal hablado- irrumpió en el Cogreso de los Diputados para hacerse con el poder por la fuerza. Más o menos esto podría ser verdad, fue un atentado contra la democracia y contra todos los españoles -contra casi todos-. Poco conocimiento para lo que realmente fue.

Javier Cercas, consciente de que el golpe era una trama perfecta para relatar, pues todo fue casi como una ficción, publicó en 2009 'Anatomía de un instante'. La obra es un relato pormenorizado del suceso antes, durante y después del asalto al Congreso. El libro no tiene desperdicio, es una apr0ximación milimétrica a todos los hechos y protagonistas que intervinieron en el atentado. La imagen a la que Cercas vuelve una y otra vez, por ser la más representativa de un país convulso, es la del presidente saliente Suárez sentado -hundido- en el hemiciclo, solo -abandonado-, mientras Tejero y sus muñecos amedrentaban a los diputados a base de disparos al aire y latigazos verbales.

No sólo de Suárez habla Cercas, también de Gutiérrez Mellado que aguantó estoicamente los embites de los pistoleros, de Santiago Carrillo, que igual que Suárez quedó sentado y no hizo caso de la orden de echarse al suelo, de Armada, la cabeza pensante del golpe, de Milans cómplice de Armada y cómo no de Tejero. De una forma dinámica y amena se nos narra el porqué del golpe, el cómo y el dónde, porque no sólo fue en el Congreso. El libro, pese a hablar de política, partidos, ideales, etc, posee un ritmo que lo hace fácil de leer, al contrario de lo que pudiese parecer en un principio viendo de lo que trata, puesto que a muchos la alta política y sus truculentos asuntos nos aburre en demasía.
'Anatomía de un instante' fue proclamado en muchos medios como el mejor libro de 2009 y recibió el "Premio Nacional de Narrativa", galardones muy merecidos porque es de lo mejor que he leído últimamente. Es un libro necesario, imprescindible sin ninguna duda, para poder entender que si bien el golpe fue un revés para aquella aún débil democracia, fue a la vez el impulso definitivo para romper con el lastre que arrastraba el país tras 40 años en la oscuridad más absoluta.

"El golpe del 23 de febrero acabó con la guerra"

viernes, 11 de febrero de 2011

'Saúl ante Samuel', la brillantez de lo complejo


No tenía pensado hacer una reseña sobre este libro. Es, como ya dije en Facebook tremendamente difícil, complejo (no en su base) y, por así decir, extraño. Su autor, Juan Benet. Llegué a interesarme por él a través de Javier Marías, cuya literatura está muy influenciada por aquel. Se conocían, tuvieron una amistad casi de maestro-discípulo y leyendo los últimos libros de Marías se notan muchos rasgos de la prosa de Benet.
Como cada vez que empiezo con un autor nuevo, no sabía por qué libro comenzar, así que me marché a la librería y ojeé a ver cuál prodría interesarme. Di con 'Saúl ante Samuel' y en la contracubierta decia que era su obra maestra, una joya de la literatura donde exprimía lo mejor de su genio. Me decidí por él, sabiendo que nunca es bueno empezar por la obra cumbre de un escritor.

A grandes rasgos, el libro nos cuenta, siempre muy tangencialmente, la historia de dos hermanos enfrentados en la guerra civil. Enfrentados no sólo por los bandos en los que militan, sino también por una mujer. El adulterio llevará a una confrontación con nefastas consecuencias. Pero Benet no nos cuenta únicamente esta historia aparentemente simple. No escatima en largos rodeos para ponernos en situación. Larguísimos monólogos, sin usar apenas ningún nombre propio y con continuas reflexiones hacen que a veces, en el momento, podamos perder un poco el hilo o desubicarnos. No tiene que ser esto un punto negativo, pero puede serlo para quienes busquen una prosa más directa y eficaz. Benet reflexiona, filosofa, piensa y hace que el lector divague a través de sus páginas llenas de maestría literaria.

Puede que a mucha gente le aburra. Yo a veces me sentía perdido, pero como casi siempre, tras madurarlo y digerirlo pasado un tiempo, me parece una obra brillante como pocas. Pienso seguir con la obra de Juan Benet, creo que tiene que ser fascinante.

martes, 1 de febrero de 2011

"Ese portugués..."

Ya he repetido mucha veces en este blog, que la sociedad en que vivimos está pasando por una crisis (otra) de valores, educación y sentido común. Esto está llevando a una trivialización intelectual que salpica a todo cuanto nos rodea. Quizás sea esto el desencadenante de la vergonzosa situación que se está viviendo en los distintos campos de fútbol españoles.
Como muchos saben, dejé de seguir la Liga hace un tiempo, debido al aburrimiento que me producía ver que cada semana era lo mismo, y la emoción desaparecía paulatinamente hasta convertirse cada jornada en una rutina. Si siempre es lo mismo, y además sabemos el final, ¿para qué seguir viéndola? Es como ver una mala película, previsible y que encima te han destripado el desenlace.

Pues bien, como uno no puede abstraerse por completo de todo, y para estar más o menos informado, ve las noticias y va viendo cómo transcurre más o menos (aunque sin interés) el llamado deporte rey. Parece ser, que la moda ahora es atacar sin piedad en todos los campos de España a C. Ronaldo y a Mourinho. Esto podría ser más o menos normal, siempre ha habido insultos a los jugadores o entrenadores del equipo rival, pero es que esto ya es alarmante. En todas y cada una de las visitas del Real Madrid se insulta e incluso agrede a jugador y entrenador de una forma visceral y descerebrada.

¿Qué le pasa por la cabeza a un individuo que va a ver a su equipo de fútbol y en vez de eso se dedica a acordarse de la madre de otros? Esto es consecuencia del fanatismo radical, que si bien antes era exclusivo de los ultras frikis, ahora se ha extendido a la mayor parte de las gradas. Hay que ser muy ignorante, o maleducado, o cínico, o estúpido, para pagar una entrada y fijar su atención en soltar exabruptos contra los que no son de tu equipo. Normalmente, la gente con poca masa cerebral, odia, sí, odia a otros por el mísero hecho de no ser de su equipo. Vale que Ronaldo y Mourinho son prepotentes, chulos y vanidosos, pero no es motivo para el linchamiento a que se ven sometidos. La gente va al fútbol a escupir todas sus frustraciones y gilipolleces a unos profesionales que saben que no van a subir a la grada a partirles la cara (me gustaría ver a todos estos monigotes insultar a la cara a alguno, supongo que su ropa interior quedaría un poco manchada ante tal situación). La gente no piensa que ellos están en su trabajo, son profesionales y no tienen por qué ser molestados por animales como estos. A un estadio se va a animar a tu equipo y a desmotivar al rival, pero no a hacer el vándalo.

Pongamos un ejemplo. Para mí (y para muchos) Stoichkov, exjugador del F.C. Barcelona es el jugador más chulo, ególatra, repugnante, malintencionado y marrullero que ha existido (y existirá). Pero nunca se me ocurriría ir a un estadio a insultarlo, a decirle hijo de puta o tirarle un mechero. Un poco de civismo, por favor. Igual me pasa con Fernando Alonso, con todo lo que es, si voy a ver una carrera de fórmula 1 -no creo que esto suceda nunca-, no iría a insultar como un cobarde y un animal desde la tribuna.
Muchos arguyen que los portugueses de los que hablo incitan a estas actitudes, que provocan. ¿Que sean chulitos o como quiera que sean es motivo para defenestrarlos? Ellos están en su papel, y los aficionados deben estar en el suyo. En privado, con los amigos en un bar o en una tertulia podemos opinar, criticar e incluso insultar a quien queramos, pero ir al estadio a esto no tiene sentido. Pero esto es algo que un fanático nunca entenderá, y seguirá maldiciendo a una persona (los futbolistas también son personas) públicamente sin importarle que quizás esa persona tenga hijos, madre y padre, y no reparará en que si fuera al revés, al fanático no le haría ni puta gracia.