martes, 1 de febrero de 2011

"Ese portugués..."

Ya he repetido mucha veces en este blog, que la sociedad en que vivimos está pasando por una crisis (otra) de valores, educación y sentido común. Esto está llevando a una trivialización intelectual que salpica a todo cuanto nos rodea. Quizás sea esto el desencadenante de la vergonzosa situación que se está viviendo en los distintos campos de fútbol españoles.
Como muchos saben, dejé de seguir la Liga hace un tiempo, debido al aburrimiento que me producía ver que cada semana era lo mismo, y la emoción desaparecía paulatinamente hasta convertirse cada jornada en una rutina. Si siempre es lo mismo, y además sabemos el final, ¿para qué seguir viéndola? Es como ver una mala película, previsible y que encima te han destripado el desenlace.

Pues bien, como uno no puede abstraerse por completo de todo, y para estar más o menos informado, ve las noticias y va viendo cómo transcurre más o menos (aunque sin interés) el llamado deporte rey. Parece ser, que la moda ahora es atacar sin piedad en todos los campos de España a C. Ronaldo y a Mourinho. Esto podría ser más o menos normal, siempre ha habido insultos a los jugadores o entrenadores del equipo rival, pero es que esto ya es alarmante. En todas y cada una de las visitas del Real Madrid se insulta e incluso agrede a jugador y entrenador de una forma visceral y descerebrada.

¿Qué le pasa por la cabeza a un individuo que va a ver a su equipo de fútbol y en vez de eso se dedica a acordarse de la madre de otros? Esto es consecuencia del fanatismo radical, que si bien antes era exclusivo de los ultras frikis, ahora se ha extendido a la mayor parte de las gradas. Hay que ser muy ignorante, o maleducado, o cínico, o estúpido, para pagar una entrada y fijar su atención en soltar exabruptos contra los que no son de tu equipo. Normalmente, la gente con poca masa cerebral, odia, sí, odia a otros por el mísero hecho de no ser de su equipo. Vale que Ronaldo y Mourinho son prepotentes, chulos y vanidosos, pero no es motivo para el linchamiento a que se ven sometidos. La gente va al fútbol a escupir todas sus frustraciones y gilipolleces a unos profesionales que saben que no van a subir a la grada a partirles la cara (me gustaría ver a todos estos monigotes insultar a la cara a alguno, supongo que su ropa interior quedaría un poco manchada ante tal situación). La gente no piensa que ellos están en su trabajo, son profesionales y no tienen por qué ser molestados por animales como estos. A un estadio se va a animar a tu equipo y a desmotivar al rival, pero no a hacer el vándalo.

Pongamos un ejemplo. Para mí (y para muchos) Stoichkov, exjugador del F.C. Barcelona es el jugador más chulo, ególatra, repugnante, malintencionado y marrullero que ha existido (y existirá). Pero nunca se me ocurriría ir a un estadio a insultarlo, a decirle hijo de puta o tirarle un mechero. Un poco de civismo, por favor. Igual me pasa con Fernando Alonso, con todo lo que es, si voy a ver una carrera de fórmula 1 -no creo que esto suceda nunca-, no iría a insultar como un cobarde y un animal desde la tribuna.
Muchos arguyen que los portugueses de los que hablo incitan a estas actitudes, que provocan. ¿Que sean chulitos o como quiera que sean es motivo para defenestrarlos? Ellos están en su papel, y los aficionados deben estar en el suyo. En privado, con los amigos en un bar o en una tertulia podemos opinar, criticar e incluso insultar a quien queramos, pero ir al estadio a esto no tiene sentido. Pero esto es algo que un fanático nunca entenderá, y seguirá maldiciendo a una persona (los futbolistas también son personas) públicamente sin importarle que quizás esa persona tenga hijos, madre y padre, y no reparará en que si fuera al revés, al fanático no le haría ni puta gracia.

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