martes, 15 de marzo de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (II)


Cuando Colón consiguió convencer a los higiénicos Reyes Católicos de que conseguiría llegar a las Indias navegando hacia el oeste, nunca imaginó que daría con una tierra inexplorada (recordemos que él no fue el primero, los extraordinarios pueblos vikingos ya tomaron contacto con tierras americanas parece ser que 500 años antes), muy rica, todo un jardín listo para ser liquidado, y oro, mucho oro. El problema es que este nuevo vergel estaba habitado por una ingente población indígena que conformaba una civilización muy asentada, con sus creencias, ritos, culturas, guerras, conflictos y demás idiosincrasia de cualquier pueblo (o sea, lo dicho, una civilización).

Se decidió que el Nuevo Mundo debía ser conquistado y convertido al cristianismo, esas eran las premisas de los invasores. Sí, la Iglesia vio en estos "salvajes" una gran fuente de nuevos acólitos, y no dudó en obligarlos a su conversión como mejor sabía y como hacía en Europa, por la fuerza y la tortura (en realidad no sabía de otra forma). Se cree, que a la llegada de los genocidas habitaban el continente unos setenta millones de personas, y tras ciento cincuenta años quedaban tan sólo tres millones y medio. Creo que estos datos no son exactos (en otras fuentes se habla de otras cifras), pero sin duda son una aproximación a lo que les sucedió a esas gentes, cuyo único "pecado" era vivir en "su mundo" y creer en sus dioses.

No hace mucho, el actual cabecilla de la Santa Iglesia, Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI, decía, o peroraba, o escupía, que "la colonización de América Latina bajo la cruz Católica purificó a los aborígenes" y que "el cristianismo se abrió camino dialogando (!¡) y la evangelización no supuso en ningún momento una alineación de culturas". ¿Purificar de qué?, habría que preguntarle. O mejor decirle que a lo que le hace falta una purga es a ese organismo que él dirige. En fin, luego hablaremos de los métodos tan dialogados y pacíficos que usaban para hacer jurar la fe a la cruz.
Lo lógico, lo normal si esta aberrante institución predicara con el ejemplo, hubiera sido el diálogo, el respeto y el amor por aquellas gentes, y dejarlas seguir adorando y rezando a sus dioses. Pero, como siempre, optaron por su "eslogan" favorito: "si no te arrodillas, a la hoguera". Así eran y así son.

Lógicamente, estas poblaciones, al ver a sus padres morir, a sus mujeres gritar y a sus hijos llorar, se defendieron. Se defendieron en una lucha desigual, aunque alguna victoria consiguieron (alguna es recordada aún hoy). Pero no fue suficiente, y a lo largo de toda la conquista y evangelización la barbarie de los invasores no tuvo límites.
En el próximo artículo me dentendré en exponer algunas de las infernales crueldades a los que fueron sometidos, sin tener culpa de nada.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Aun recuerdo un comentario de cierto profesor de universidad (y catedrático, si no recuerdo mal) haciendo alusión a una pequeña disputa que tuvo con una sudamericana, en la que ella le reprochaba las barbaries que tu comentas. Según él, le cortó la discusión diciéndole que si no fuese por los españoles todavía estarían con taparrabos y cortándose las cabezas unos a otros. Como bien dices, aunque intenten cambiar la historia los huesos de los masacrados siempre salen a la luz...

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