martes, 5 de abril de 2011

El genocidio indígena. La vergüenza española (IV. Epílogo)


Una conclusión para cerrar el repaso -y recuerdo- a una época donde, como dije, la dignidad humana quedó herida de muerte. No se sabe a ciencia cierta cuántas fueron las víctimas, pero de lo que no cabe duda es que aquellos asesinos hicieron bien el trabajo encomendado. El pueblo indígena fue sometido, esclavizado y evangelizado. Los métodos era lo de menos, el fin justificaría los medios.
Tras haber visto las prácticas usadas para imponer su yugo, conviene ahora recordar las "certeras" palabras dichas por Benedicto XVI, lo de "el cristianismo se abrió camino dialogando y la evangelización no supuso en ningún momento una alineación de culturas". Viendo su comedida relación con aquella cultura estaremos de acuerdo en que estas declaraciones están un poco alejadas de la realidad. No es nada nuevo, negar lo evidente o la historia, es una práctica muy recurrente en esta organización.

No hay nada, ningún argumento, ninguna excusa, que pueda explicar el porqué de aquello. Sólo decir que no pasó. Que todo es parte de la imaginación y del recuerdo diluído de una época antediluviana y que por tanto no está nada claro. Obviando las pruebas que hay, cómo no. Pero son pruebas de verdad, no como las que algunos tenían sobre ciertas armas en cierto país con petróleo hace no mucho tiempo.

Mucho se ha hablado de la "deuda española" con Sudamérica. Que de alguna manera debemos algo a esos países por lo sucedido. Esto me parece una estupidez enorme. Algo sin sentido promovido sin duda por fanáticos igual de extremos que los que niegan el genocidio. ¿Una deuda? ¿Pagar por lo que hicieron unos asesinos hace quinientos años? Es difícil creer que esto se diga en serio. Nada tienen que ver con aquello los españoles ahora, afortunadamente, y a la inmensa mayoría nos consternamos cada vez que recordamos lo sucedido. Pero no tenemos culpa de nada (y no digo esto con connotaciones patrióticas).
Una cosa que me resulta realmente curiosa, es la exaltación católica que impera en todos los países sudamericanos. Una devoción casi enfermiza y raro es el sitio donde no se haya visto una aparición mariana o haya habido un milagro. Son regiones extremadamente cristianas, sabiendo la barbarie que esa Iglesia causó a su pasado, a los dueños de su tierra, a los que deberían haber perpetuado su cultura y sus creencias. Hablan de la "deuda española" y continúan adorando a los herederos de aquellas ideas represoras y totalitarias.

Exterminar una cultura, masacrar una civilización, pisotear todo rastro de humanidad, eso es lo que no se puede olvidar -ni negar-, ya nada se puede hacer, sólo no dejar que caiga en el olvido y que futuras generaciones conozcan lo que fue el fin de una civilización y la consagración "de otra".