domingo, 15 de mayo de 2011

El engaño de la razón


N
ormalmente uno, conforme avanza su vida y su experiencia vital aumenta, se va dando cuenta de los entresijos y recovecos que tiene la realidad. Incluso de las consecuencias que tienen los actos que realizamos.
Se dice mucho, casi a diario, que "el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra". Creo que esta afirmación es poco certera y quizás sería más acertado decir que "el hombre es el único ser que se cae mil veces por el mismo precipicio".

Sí, pese a que muchos sabemos que si damos ese paso y seguimos ese camino vamos a volver a caer al vacío, no paramos, ni retrocedemos. Todos somos así, nadie se salva del defenestramiento. ¿Quién no ha dicho alguna vez?: "si es que sabía que iba a pasar esto". Y no aprendemos y volvemos a hacerlo. Puede que muchas veces volvamos a cometer la misma estupidez instigados por la ilusión, el deseo o la esperanza -es en el ámbito de los sentimientos donde más veces hacemos el bobo-. Estos pensamientos son más fuertes que la razón y nos hacen hacer el imbécil por mucho que sepamos lo que ocurrirá.

Es normal, no es nada extraño esto que cuento suceda una y otra vez en nuestro día a día. Pese a lo tremendamente previsible que suele ser la vida -para unos más que para otros, esto es siempre así-, y el margen para la sorpresa es mínimo, lo volvemos a hacer. Será porque nos cuesta aprender de los errores o no queramos verlos, o no los anticipemos, pero esos precipicios está llenos de cadáveres que tarde o temprano vuelven a levantarse, subir y volver a caer. Cegados por pensar que tal vez esta vez se les tienda un puente que les evite el descenso a la laguna donde los ingenuos olvidan -olvidamos- el error.

El mito de Sísifo no va muy desencaminado de ser una representación de la caída continua y repetida de la que hablo. El error que cometemos es repetido como la subida de la piedra, que una y otra vez vuelve a caer. Y siempre decimos que "ya no me pasa más", en un vano intento de atenuar el error cometido y enterrar el recuerdo del fallo, que por supuesto volveremos a repetir. Quizás lo que debamos intentar es caer lo menos posible, cosa enormemente difícil, puesto que volverlo a hacer es inevitable.

Por mucha experiencia que poseamos, por muchas desilusiones que nos llevemos y por muchas cicatrices que tengamos, volveremos a caer en los mismos errores, en las mismas ilusiones y en las mismas esperanzas. Aunque en la vida siempre sople el viento en la misma e incorrecta dirección, puede que estemos toda nuestra existencia esperando el cambio, actuando en función de él -y por tanto cayendo-, cambio que quizás llegue demasiado tarde, o no llegue nunca.

3 comentarios:

  1. Sorry por no leerlo antes. Me encanta =) eres un ártista y todo eso es tan cierto como siempre. Creo que es el peor sentimiento que llevo "la decepción" ainss... cosas de la vida

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  2. y ahora porque esto me pone tildes solo jajajaja XD

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  3. Tenemos que hacernos a las decepciones, forman parte de la vida, y como digo, es cruel que no aprendamos en todas las ocasiones para no volver a caer.
    Bueno, a veces se escapan tildes, a saber porqué...
    Gracias por el comentario!!!

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