jueves, 28 de julio de 2011

Sobre la venganza, el olvido y el perdón


Tres vertientes que aparentemente forman parte de un mismo tríptico, contrapuestas pero a la vez entrelazadas entre sí. Una puede derivar de la otra y la otra de aquella. A veces no se distingue entre las tres, se confunden cuando en realidad son conceptos totalmente dispares, que sin duda no deben ser parte de un todo. Las diferencias son evidentes, pero en infinidad de ocasiones no somos conscientes de ello. Si tienen algo en común, se podría decir que es su origen, el tronco del que se ramifican, esto es, comparten un mismo punto de partida, pero luego divergen y terminan por tener pocas similitudes.
La evolución común del proceso podría ser el que sigue: nos hacen un daño -a nosotros o a alguien querido-, no podemos perdonar, no olvidamos e intentamos vengarnos. Simple. Y cuando digo vengarnos, no estoy diciendo que se mate a gente por venganza, como pasa en la ficción -y muchas veces en la realidad-, pero sí intentar provocar algún perjuicio a esa persona, pasar de ser víctima a verdugo.
Es comprensible, el dolor nos hace hacer -y sobre todo pensar- cosas demenciales, irracionales a veces, y hay que estar en la piel del otro para intentar comprender ese movimiento de cuasilocura.
Parece ser que la venganza es un sentimiento inherente del ser humano -otro de tantos, tan irrefrenables como primitivos-, que no tiene ningún beneficio para uno más allá de una supuesta satisfacción por el castigo impuesto al "enemigo". Pero hablar del objeto de la venganza cuando no se tiene ese deseo insaciable no tiene sentido. No podemos entender qué lleva a intentar devolver el golpe encajado si no lo hemos recibido. Pese a lo reprobable que pueda ser, o lo irracional de su objetivo, este sentimiento ha servido a un buen puñado de obras artísticas para construir historias atrayentes, hipnóticas e inolvidables. Podemos citar grandes películas como 'Kill Bill' o 'Old Boy', libros como el magistral 'El conde de Montecristo' o videojuegos como la excepcional saga 'God of War'. En todas ellas la venganza es el hilo conductor para contar una historia brutal, implacable, pero que consigue que nos fascinemos y deseemos que sus protagonistas lleven a cabo su labor -una labor a todas luces reprobable, violenta, abyecta y puede que sin lógica-. Y nos gusta, sentimos placer al ver culminada la venganza sobre aquellos que merecían un castigo. ¿Por qué nos gusta?

Ahora bien, el perdón es cosa distinta, casi antagónica. Decía el personaje encarnado por Liam Neeson en 'La lista de Schindler' (pronto haré un artículo sobre esta proeza cinematográfica), en uno de sus más recordados diálogos, que el "perdón es poder". Y así es, el poder de dejar de lado el castigo, ignorar esa venganza que crece en el interior, es un verdadero acto de poder. Y es muy poco el perdón que se deja ver hoy en el mundo. No es que sigamos el estúpido precepto ese de "poner la otra mejilla", pero deberíamos pensar en dejar pasar muchas cosas, esas cosas que retenemos -puede que inconscientemente-, y no tener en cuenta muchas ofensas, perjuicios o calumnias. Es algo inútil.

Y nos queda el olvido. Puede que este sea el más alejado de los tres, el que está menos imbricado en ese triángulo. ¿Y por qué? Sencillamente porque olvidar no depende de uno mismo. Podemos perdonar, sí, pero ¿podemos decir que vamos a olvidar? ¿cómo sabemos que nuestra memoria va a eliminar esto o lo otro? No, el olvido no es algo voluntario, no podemos manejarlo. El problema es que cuando dices que "no has olvidado", esto se toma a mal, se malentiende porque se achaca a "no olvidar" un sentimiento de rencor, incluso de venganza y ausencia de perdón. Nada más alejado de la realidad, si no perdonamos no es porque sigamos guardando rencor u odio, o esas ganas de venganza, es porque sencillamente el manejo de la memoria no es un acto voluntario, no es mandar los recuerdos a la papelera de reciclaje con sólo un click. Por ello, el "no olvidar" no se debe tomar como una declaración de resentimiento, aversión e incluso desprecio.
Sólo nos queda decir aquello de: "perdona por no olvidar".

miércoles, 6 de julio de 2011

'Mejor que el silencio', más allá de la música


"Todo lo que siento es amor por quienes me aman,
quien me reclama y aclama haciendo brillar mi llama.

Siento el drama nacer, cada mañana en mi regazo,

pero encuentro placer en la sonrisa y el abrazo"

No es la primera vez que traigo a Nach al blog, ya coloqué una fantástica canción de su anterior album, 'Un día en suburbia'. Porque fue este un grandísimo disco de rap, impregnado de un sentimiento y una rabia incomparables. Sin duda es uno de mis discos de cabecera, con esa larguísima oda final dividida en dos partes capaz de hacernos flotar sobre sus estrofas. Un disco que era absolutamente genial, y que tenía momentos casi insuperables, o eso creía yo. Afortunadamente, me equivoqué.

Porque aquí tenemos 'Mejor que el silencio', obra que no me tiembla el pulso al colocarlo entre los diez mejores discos que he escuchado en mi vida, y debo decir que musicalmente no es parca. Y creo que por más que diga en este artículo, por más que lo alabe, por más que ponga de manifiesto la belleza de los versos que pueblan cada canción, no voy a hacerle justicia. Podría decir que este albun de Nach está por encima del bien y del mal, una compilación de poesías que trasciende el estilo que las ve nacer, que traspasan las meras etiquetas y alcanzan la excelencia a través de un camino lleno de magistrales rimas.
Dicen que la música es arte, igual que el cine o la pintura. Esto siempre habría que matizarlo; no toda la música ni todo cine es arte, porque el que diga que una película de Michael Bay o un disco de Carlos Baute es arte demuestra muy poco aprecio por lo verdaderamente artístico. Igualmente son muy pocas veces las que podemos usar el manido -y desvirtuado- adjetivo de "obra maestra". Aquí, ante una colosal obra de arte, no se puede usar otro término.

Sí, para gustos los colores, pero hay cosas incontestables, que no admiten lugar a duda (¿alguien puede decir que 'Casablanca' no es una cima del séptimo arte?, por ejemplo). Este disco de Nach es capaz de hacernos sentir, pensar, divagar, soñar, incluso padecer, al zambullirnos en esa marea de libérrima protesta que subyace entre la complejidad de sus composiciones. Sus letras flotan sobre el recuerdo de aquellos que murieron por la justicia y la libertad, sobre qué será del futuro en nuestra soledad, sobre la bondad y la maldad del ser humano, sobre la bella amante que puede ser la música, sobre qué haríamos si tuviéramos que elegir entre matar o que nos maten...
No es un disco de hip-hop al uso. En sus composiciones hay un halo de amor -y esto puede ser chocante en el estilo-, de paz y de respeto por la vida, por aquellos desfavorecidos, adornados por las notas de piano con las que Nach suele engalanar sus canciones como si de un suave cuento se tratara. Por poner un ejemplo, la preciosa canción 'Ellas', en colaboración con el gran Ismael Serrano, simplemente se ubica en tus recuerdos para no poder dejar de pensar en tan hermosas palabras, dibujando un preciocista recorrido por aquellas sensaciones que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas, esto es, la esperanza, la soledad, la pasión, etc.

Son tantos los versos capaces de hacernos sentir lo que narran, con una cadencia que poco a poco nos van hipnotizando, atrapando entre sus esquinas, instalándose en nuestra memoria. Y si tuviera la difícil tarea de elegir dos cortes -uno sería imposible, y dos casi también-, permitidme seleccionar dos que considero más que sobresalientes, por su sensibilidad, por su luz, por su compromiso:
La primera, 'Humano ser': muchas veces he hablado en este blog sobre la maldad humana, sobre las torturas que somos capacer de infligir a nuestros semejantes. Esta canción habla sobre eso, pero igualmente sobre la bondad, de esa dualidad de nuestro ser, que nos hace ser capaces de lo peor y de lo mejor, de amar y matar. Valga como ejemplo:

Los besos que se dieron, los muros que distanciaron,
los lazos que unieron, disparos que retumbaron,
los golpes que hirieron, inventos que deslumbraron,
Las luces y sombras que nombran al ser humano.
Los genios que inspiraron, abrazos que liberaron.
las guerras que asolaron, la sangre que derramaron,
los héroes que brillaron, villanos que torturaron,
las luces y sombras que nombran al ser humano.

[...] pintaste el olvido en guetos de Asia y África,
mientras entonabas sonetos repletos de frases mágicas.

Sin palabras, ¿verdad?


La otra canción, que repito, las incluiría todas -casi todas, porque bien es cierto que hay un par de ellas que sobran- , es 'El idioma de los dioses'. La canción que cierra el disco es un tributo a la música, a esa amante que "da sentido a mi existencia". Con unos primeros dos minutos absolutamente inolvidables, que más parecen una carta de amor que una canción, es la mayor declaración de admiración por este arte que sólo lo es a veces -en muchísimas ocasiones es maltratado vilmente-. Esa suave guitarra de fondo, ese piano inicial, el recuerdo de aquellas figuras como Michael Jackson, E. Morricone. Vivaldi o Bob Dylan, hacen de esta canción un broche perfecto para un conjunto que es mucho más que un disco, más que poesía, más que música.

A continuación os dejo estas dos canciones, sólo una pequeña muestra de un disco del que por último sólo puedo decir una cosa a su creador: gracias.


'Humano ser':




'El idioma de los dioses':