miércoles, 12 de octubre de 2011

Patanes del lenguaje, maestros de la mentira

Mentiría si dijera que me sorprendí al ver la noticia. Hace ya unas semanas de aquello, pero no me resisto a hablar sobre ello, porque la cosa tiene guasa. El titular de prensa rezaba así: "Esperanza Aguirre envía una carta a 21.000 profesores con faltas de ortografía". Recordemos que esta mujer, muy amiga de "lo privado", es presidenta de la Comunidad Autónoma más importante de España, y una de las cabezas visibles de uno de los dos partidos mayoritarios del país, y que próximamente regentará la Presidencia del Gobierno.
Viendo la misiva, se puede observar cómo esta poetisa prescinde la tilde en adverbios como "más", o en otros casos como "está" cuando actúa como verbo. Lamentable que una política, que es un alto cargo, una presidenta, cometa fallos tan garrafales como estos. Incluso pone mayúsculas a palabras que no deben llevarlas, en un alarde de ignorancia gramatical indigno de alguien al frente de una ciudadanía que ha puesto su confianza en ella -no sé en qué se basarían, la verdad-.

Cabe recordar que esta señora, al ser preguntada por Saramago, contestó que no conocía a ninguna Sara Mago, poniendo de manifiesto sus "enormes" conocimientos culturales y literarios. Pero desafortunadamente, esta política de bajo calado y alta alcurnia, no es la única cuyos conocimientos básicos son escasos.

La mayoría de los dirigentes y mandamases que están al frente de nuestro país -y esto habla muy mal de los que votamos- son poco menos que escolares gramaticales (y digo la mayoría, no se me vayan a enfadar los fans de la señora Aguirre, que son muchos, muchísimos). Tan sólo con fijarse un poco en sus discursos, podemos advertir lo vacíos que están de vocabulario, de manejo del lenguaje y de capacidades lingüísticas. Claro, la mayoría de las personas a veces cometemos faltas, eso es casi inevitable, pero a los políticos estos fallos no se les puede perdonar. Es como si un dentista no supiera esterilizar o un carnicero afilar un cuchillo. No, no dan ejemplo de civismo cultural cuando salen a escena.


Pero es normal, hoy día, cualquiera con un poco de ambición, ansia de poder y claro, falta de escrúpulos puede ser político a nivel nacional -y europeo- (los que verdaderamente valen la pena nunca llegan a nada, y así nos va). La política es un buen negocio para vivir, y vivir bien. Teniendo unos conocimientos básicos de legislación y un poco de derecho, lo mínimo, podemos ascender -trepar- plácidamente hasta un puesto donde podamos vivir a cuerpo de rey diciendo tan sólo mentiras y ambigüedades. Adornando nuestras peroratas con cuatro palabros de corte jurídico que el pueblo llano no entienda, ya tenemos parte del camino listo. El que pueda, que lo haga, y el que sea honrado, que se despida del chollo.

Como hemos visto, no necesitas ni cultura.
Da igual no saber escribir, ni hablar -recordemos: las "miembras" de Bibiana Aído-, ni siquiera tener educación -recordemos: el dedo de Aznar a los universitarios-, sólo reuniendo los requisitos, muy básicos, y siendo idiota, mentiroso, calculador, ambicioso e incluso teniendo mala imagen (¿hay algún político que no de pena verlo?), tienes el futuro solucionado en un puesto de privilegio donde lo único exigible es saber mentir hasta cuando duermes y ser un inoperante absoluto. Y no hace falta más, ni siquiera saber acentuar "más".

2 comentarios:

  1. Es lo de siempre... no hay un solo político que tenga los suficientes estudios. Es algo que siempre hablo con mi padre, ya que el conoció a Pepiño, y te contaré... Pero al final llegamos a la misma conclusión, para ser político, incluso ministro de algo en específico, habría que tener unos estudios mínimos sobre esa materia. Así nos va....

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  2. Sí, no levantamos cabeza por tener a esta gentuza ahí arriba. Y da igual la ideología, todos son basura. Lo peor es que seguimos votándolos...

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