viernes, 4 de noviembre de 2011

Votos de pacotilla


Se acercan las elecciones. Ahora toca escuchar a los maleantes políticos de ahora y del futuro exponer sus estériles propuestas para intentar reflotar un país que casi no tiene arreglo (y no sólo económicamente, si fuera sólo eso el problema sería mucho menor). El problema viene de muy atrás, de hace años (¿siglos?), España dejó de lado el camino de la sensatez y el progreso y ahora cuatro imbéciles de corbata y verborrea fácil no nos van a sacar del vertedero, eso debería saberlo todo el mundo.

Pero ahora hay que votar. Ese gesto básico de la democracia que en el fondo es una patomima -no por culpa del que vota, sino porque uno vota unas propuestas que luego no se cumplen nunca- pero que es preferible a lo que tendríamos si este simple acto nos estuviese vedado. Sí, votar es un gran gesto pero sirve de poco. Hace un tiempo, escuché en la tele a un chaval muy cabal y aparentemente inteligente que decía que había un precepto anarquista que rezaba algo así como que "si votar sirviera de algo, no nos dejarían". Creo que es una verdad como un castillo. Los políticos, votemos lo que votemos, van a ostentar sus puestos de privilegios, unos un poco más arriba o unos un poco menos, pero todos ahí, en la cúspide del poder y viviendo de sus privilegios casi ilimitados.

Pero dejemos de lado si la papeleta sirve o no sirve para algo. Centrémonos en el hecho en sí. En el porqué del voto. Me llama poderosamente la atención el motivo de muchísima gente para votar a tal o cual partido. Porque existe gente, aunque parezca una broma, que desde sus más tiernos dieciocho añitos vota única y exclusivamente al partido que papá y mamá le dijeron, a ese que nunca dejará de votar toda la familia por muy lamentable que sea el partido beneficiado. Y vale, un chaval en las puertas de la edad adulta, probablemente poco avezado en cómo le va a un país y con escasos ideales políticos, puede que su primera vez vote al partido que ha mamado, y la segunda hasta es admisible. Pero cuando su vagaje en la vida ya es más amplio, y sigue introduciendo el papelito en la urna con las instrucciones de papi y mami, ya es más preocupante. Si vota con convicciones reales es totalmente lícito e irreprochable, pero cuando lo hace mecánicamente, sin pararse a pensar lo que vota, es un acto de irresponsabilidad absoluta.

Otro aspecto lamentable en las elecciones es el voto por obstinación. Esto es, votar a "tu" partido. Y si "tu" partido de toda la vida es una mierda, da igual, se sigue votando hasta el fin de los días. Este voto es todavía más estúpido e irresponsable que el voto heredado que explicaba antes. Imaginemos, por un momento, que el denostado Zapatero vuelve a presentarse a las elecciones. Pues puedo afirmar a ciencia cierta que los acólitos del PSOE, los más acérrimos y descerebrados, volverían a votar a tan magno inútil. En el otro lado ocurre igual, esa figura atroz y maquiavélica que es Aznar (Ánsar para los amigos) tiene toda una legión de fieles que dan los vientos por su retorno.
Los que volverían a votar a estos dos lamentos con resección encefálica, argüirían que votan a tal o cual porque son de izquierdas o de derechas. No, mire usted, usted es imbécil. Porque si el líder del partido al que votas es un despojo político -que suele ir asociado con ser igualmente un despojo de persona-, tú no eres ni de izquierdas ni de derechas, eres o sociata o pepero.

Lo que va a ocurrir en las próximas elecciones va a ser un ejemplo claro de lo que digo. Rajoy va a obtener mayoría absoluta siendo un patán, un fraile político cuyo programa es nulo. Ojo, no digo esto porque Rajoy sea de derechas (ejem, quería decir de centro), eso me trae sin cuidado. Si una persona de derechas, con conciencia de lo que vota, no es consciente de la inagotable incapacidad de este hombre, es que no tiene una capacidad analítica mínima. Pero el problema de Rajoy no es solo él en sí mismo -dejando a un lado su contrastada inutilidad-, a mí me cae bien y lo veo un tío moderado y alejado de extremismos, sino los que lo rodean, que son gente radical, visceral y abyecta; no hay más que escuchar las barbaridades que escupe el señor Pons, a la señora Mato (sí, esa pija -pijísima- que dice que los niños andaluces son analfabetos) o a ese robot que es Cospedal. Una colección de monstruos muy completa. Es lo que vamos a tener. Es más, el único que se ha manifestado abiertamente alegrándose del fin de la actividad armada de ETA ha sido Rajoy, desmarcándose de las miradas hacia otro lado de sus "subordinados".
Pero igual digo del candidato socialista, ojo. Rubalcaba viene de hacer una política nefasta junto a ZP, y pese a parecer un tipo inteligente e íntegro, si no consiguió enderezar la situación cuando estaba en las altas esferas socialistas ahora no va a ser cuando lo consiga. A su antecesor, el de la ceja, le pasaba algo parecido a lo que le va a pasar a Rajoy, estaba rodeado de gente incapaz. Y si en el caso del partido de la gaviota los satélites son totalmente abstrusos, los de Zapatero eran analfabetos integrales, como José Blanco, un individuo cuyo semblante de bobo es reflejo de su limitadísima competencia, o Leire Pajín, a todas luces una persona que no debería ostentar un cargo tan importante como el de ministra. De los de Rubalcaba, como se sabe nada ni se sabrá, no opino.

Esto es lo que hay. Muchos votarán al partido de sus papás, otros al de su "bando ideológico" aunque su líder sea un bacín, y unos pocos lo harán con cabeza, atendiendo a su convicción política pero también a la razón. Porque, aunque un voto sirva de poco, es un derecho por el que aún hoy se lucha y se muere en muchos países. Así pues, votemos con conciencia.

1 comentario:

  1. Se veía venir...la falta de objetividad y borreguismo que comentas nos está llevando a la pérdida total de diversidad de ideas y un firme bipartidismo. Triste pero cierto.

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