viernes, 4 de noviembre de 2011

Los milagros verdaderos

Hace poco, al abrir el periódico o ver los telediarios, podíamos ver una noticia que por lo menos a mí consiguió arrancarme una sensación agradable e incluso de alegría. Y eso en estos tiempos donde todo está patas arriba, con países que se hunden, mercados que se derrumban, familias desahuciadas, niños secuestrados o asesinados, imbéciles que ríen de la justicia, maltratos de todo tipo y un sinfín de calamidades, ocurre sólo en excepcionales ocasiones. Se trataba del éxito de una operación intrauterina a un feto que padecía de "espina bífida" en un hospital de Barcelona. Esta malformación ocasiona a los pacientes un sinfín de síntomas que hacen de la vida un auténtico sufrimiento (algunos no pueden ni caminar, carecen de control de esfínteres, etc).

Por esto, porque a estos pequeños que puedan nacer con esta terrible tara se les abre una puerta a la esperanza, uno se siente agradecido a los progresos que constantemente se hacen en la ciencia y la medicina -pese a las reticencias de las nauseabundas voces ultraconservadoras- para facilitarnos las cosas a los que podamos tener la mala fortuna de padecer según qué mal con el que esta vida tan bromista nos esté aguardando.
Pero es curioso -y descorazonador- el poco reconocimiento que tienen esas personas que hacen lo imposible por sanar nuestros frágiles cuerpos. Apenas se ven agradecimientos a esos médicos, científicos e investigadores que gracias a su enorme talento son capaces de devolver la vida o hacer de ésta algo un poco más digno. Pocas veces se enaltece el trabajo -vale, a muchos se les dan premios, pero no sirven para nada- por ejemplo de un cirujano y su equipo que durante 3 ó 4 horas han tenido la vida de un ser humano en sus manos, con la terrible presión de saber que una persona puede morir si tiene el más mínimo desliz. Una vida, con todo lo que ello implica y pocas veces pensamos lo importante que es eso cuando no se trata de la nuestra. Y los médicos son capaces de devolverla si la medicina actual se lo permite. Y no, no están lo suficientemente reconocidos. Vamos al hospital, nos operan o nos curan una grave enfermedad y nos vamos a casa muy alegres por poder seguir viviendo tan tranquilos, sin pararnos a pensar en el milagro que cierto profesional ha obrado en nosotros (pero esto es lo normal, el ser humano es desagradecido por naturaleza). Un tipo que no hemos visto en nuestra vida, que nunca hemos intercambiado una palabra con él (o ella) y que quizás nunca nos lo hubiéramos cruzado, nos evita la muerte o nos permite una existencia más agradable. Esto, de verdad, es impagable. Un auténtico milagro que es imposible de agradecer en su justa medida.

Y lo que de verdad me indigna de este tema, son las complicaciones y obstáculos que han de superar estos profesionales para poder dar con la cura a una determinada enfermedad o poder ejercer su trabajo, que al fin y al cabo, tiene como fin último algo tan capital como salvar una vida. Y en cambio hay otros colectivos cuyo único mérito es, por ejemplo, jugar con una pelota o conducir un coche más rápido que los demás, y sólo por esto son multimillonarios, enaltecidos, endiosados por unas masas enfervorecidas como si de deidades se tratara. ¿No es para pensar un poco en el porqué de esto? Carece de toda lógica humana el hecho de que unos individuos que sólo hacen deporte-espectáculo ganen millones de euros y los que trabajan para mejorar nuestra existencia tengan sueldos, por decirlo así, normalitos -no digo que vivan en la indigencia, pero sus retribuciones no son ni por asomo proporcionales al servicio que prestan-.

Porque, ¿qué hace un futbolista? Sí, entretiene e incluso hace feliz a mucha gente, vale, pero no es mérito ese, tan simple, tan pueril, como para tener un bolsillo hasta los topes de dinero fácil. Y vale, también es un negocio enorme el que se sustenta gracias a esos peloteros, con miles de euros en publicidad, fichajes, imagen y otras tonterías que a las personas "terrenales" no nos importa lo más mínimo. ¿De verdad a nadie le cabrea todo esto? A mí sí. Y mucho. No me vale escuchar o leer, como leía hace poco a un eminente escritor de este país, que Ronaldo o Messi tienen un enorme mercado detrás. No, porque lo que hacen, su mérito, no es para ser tener unos sueldos con los que se puede sacar de la pobreza a medio país (es un decir).

La medicina, la ciencia, la investigación son dedicaciones muy sacrificadas, esclavizan mucho más de lo que la gente piensa, y estos obradores de verdaderos milagros, en muchas ocasiones se ven con trabas en su empeño, en forma de recortes, falta de subvenciones, de fondos, y más en un país tan asquerosamente atrasado como es España. Y los otros, los del balón y el coche acomodados con sus publicistas y patrocinadores pegados a su culo pagándoles millones por lucir careto y cuerpo en sus anuncios.
¿No es para indignarse?

Votos de pacotilla


Se acercan las elecciones. Ahora toca escuchar a los maleantes políticos de ahora y del futuro exponer sus estériles propuestas para intentar reflotar un país que casi no tiene arreglo (y no sólo económicamente, si fuera sólo eso el problema sería mucho menor). El problema viene de muy atrás, de hace años (¿siglos?), España dejó de lado el camino de la sensatez y el progreso y ahora cuatro imbéciles de corbata y verborrea fácil no nos van a sacar del vertedero, eso debería saberlo todo el mundo.

Pero ahora hay que votar. Ese gesto básico de la democracia que en el fondo es una patomima -no por culpa del que vota, sino porque uno vota unas propuestas que luego no se cumplen nunca- pero que es preferible a lo que tendríamos si este simple acto nos estuviese vedado. Sí, votar es un gran gesto pero sirve de poco. Hace un tiempo, escuché en la tele a un chaval muy cabal y aparentemente inteligente que decía que había un precepto anarquista que rezaba algo así como que "si votar sirviera de algo, no nos dejarían". Creo que es una verdad como un castillo. Los políticos, votemos lo que votemos, van a ostentar sus puestos de privilegios, unos un poco más arriba o unos un poco menos, pero todos ahí, en la cúspide del poder y viviendo de sus privilegios casi ilimitados.

Pero dejemos de lado si la papeleta sirve o no sirve para algo. Centrémonos en el hecho en sí. En el porqué del voto. Me llama poderosamente la atención el motivo de muchísima gente para votar a tal o cual partido. Porque existe gente, aunque parezca una broma, que desde sus más tiernos dieciocho añitos vota única y exclusivamente al partido que papá y mamá le dijeron, a ese que nunca dejará de votar toda la familia por muy lamentable que sea el partido beneficiado. Y vale, un chaval en las puertas de la edad adulta, probablemente poco avezado en cómo le va a un país y con escasos ideales políticos, puede que su primera vez vote al partido que ha mamado, y la segunda hasta es admisible. Pero cuando su vagaje en la vida ya es más amplio, y sigue introduciendo el papelito en la urna con las instrucciones de papi y mami, ya es más preocupante. Si vota con convicciones reales es totalmente lícito e irreprochable, pero cuando lo hace mecánicamente, sin pararse a pensar lo que vota, es un acto de irresponsabilidad absoluta.

Otro aspecto lamentable en las elecciones es el voto por obstinación. Esto es, votar a "tu" partido. Y si "tu" partido de toda la vida es una mierda, da igual, se sigue votando hasta el fin de los días. Este voto es todavía más estúpido e irresponsable que el voto heredado que explicaba antes. Imaginemos, por un momento, que el denostado Zapatero vuelve a presentarse a las elecciones. Pues puedo afirmar a ciencia cierta que los acólitos del PSOE, los más acérrimos y descerebrados, volverían a votar a tan magno inútil. En el otro lado ocurre igual, esa figura atroz y maquiavélica que es Aznar (Ánsar para los amigos) tiene toda una legión de fieles que dan los vientos por su retorno.
Los que volverían a votar a estos dos lamentos con resección encefálica, argüirían que votan a tal o cual porque son de izquierdas o de derechas. No, mire usted, usted es imbécil. Porque si el líder del partido al que votas es un despojo político -que suele ir asociado con ser igualmente un despojo de persona-, tú no eres ni de izquierdas ni de derechas, eres o sociata o pepero.

Lo que va a ocurrir en las próximas elecciones va a ser un ejemplo claro de lo que digo. Rajoy va a obtener mayoría absoluta siendo un patán, un fraile político cuyo programa es nulo. Ojo, no digo esto porque Rajoy sea de derechas (ejem, quería decir de centro), eso me trae sin cuidado. Si una persona de derechas, con conciencia de lo que vota, no es consciente de la inagotable incapacidad de este hombre, es que no tiene una capacidad analítica mínima. Pero el problema de Rajoy no es solo él en sí mismo -dejando a un lado su contrastada inutilidad-, a mí me cae bien y lo veo un tío moderado y alejado de extremismos, sino los que lo rodean, que son gente radical, visceral y abyecta; no hay más que escuchar las barbaridades que escupe el señor Pons, a la señora Mato (sí, esa pija -pijísima- que dice que los niños andaluces son analfabetos) o a ese robot que es Cospedal. Una colección de monstruos muy completa. Es lo que vamos a tener. Es más, el único que se ha manifestado abiertamente alegrándose del fin de la actividad armada de ETA ha sido Rajoy, desmarcándose de las miradas hacia otro lado de sus "subordinados".
Pero igual digo del candidato socialista, ojo. Rubalcaba viene de hacer una política nefasta junto a ZP, y pese a parecer un tipo inteligente e íntegro, si no consiguió enderezar la situación cuando estaba en las altas esferas socialistas ahora no va a ser cuando lo consiga. A su antecesor, el de la ceja, le pasaba algo parecido a lo que le va a pasar a Rajoy, estaba rodeado de gente incapaz. Y si en el caso del partido de la gaviota los satélites son totalmente abstrusos, los de Zapatero eran analfabetos integrales, como José Blanco, un individuo cuyo semblante de bobo es reflejo de su limitadísima competencia, o Leire Pajín, a todas luces una persona que no debería ostentar un cargo tan importante como el de ministra. De los de Rubalcaba, como se sabe nada ni se sabrá, no opino.

Esto es lo que hay. Muchos votarán al partido de sus papás, otros al de su "bando ideológico" aunque su líder sea un bacín, y unos pocos lo harán con cabeza, atendiendo a su convicción política pero también a la razón. Porque, aunque un voto sirva de poco, es un derecho por el que aún hoy se lucha y se muere en muchos países. Así pues, votemos con conciencia.